Sábado 30 de Agosto de 2014
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Espectáculos
Publicado: 14-02-2009

La televisión en tiempo de crisis: bendita seas...

Las razones son múltiples y variadas, el tema es que programadores han tenido que mantener con repeticiones y enlatados el grueso de sus pantallas. ¿Cómo se vive en la tele?
La crisis es global. Lo que sucede en una latitud se reproduce, como si fuera un espejo, en la otra punta del planeta. En Estados Unidos los canales de televisión sudan frío al descubrir que las empresas automotrices –principales inversoras de publicidad en la pantalla chica– han recortado sus gastos de marketing. En Argentina, el verano ha dado cuenta de la caída en picada de la pauta publicitaria televisiva –si bien en verano es inferior al resto del año, lo ineludible es que este solsticio presentó operaciones muy por debajo de la temporada estival 2008–. Para lo que resta del año, los pronósticos de los especialistas son más negros que los grises que, optimistas, asomaban cuando se desató la crisis financiera.

Dado este panorama, el objetivo de los programadores de cada canal parece haberse convertido en “sobrevivir al menor costo posible”. En Telefe ya comenzaron con los recortes: no sólo hubo a fin de año una estimable cantidad de retiros voluntarios –que siempre resulta casi imposible estimar cuán “voluntarios” son–, sino que desde entonces han reducido gastos que parecerían afectar muy poco a los grandes números: la movilidad y los viáticos de los empleados sobrevivientes. Y así podrían darse ejemplos en el resto de las emisoras. En una de ellas, cuando llegó la hora del brindis de fin de año 2008 –para la oportunidad hasta suspendieron la fiesta–, el mandamás, en vez de desear un 2009 venturoso, se dedicó a enumerar las estrategias por medio de las cuales se iban a “ajustar el cinturón”.

Los elementos que hicieron temblar las cuentas en los canales –además de la percepción generalizada del avecinamiento de la crisis (percepción generalizada que, en algunos casos, puede provocar a la crisis)– fueron dos: la ausencia de spots publicitarios destinados al sector ABC1 –es decir, los más costosos– salvo en el formato de PNT –publicidad no tradicional, también llamada “chivo”– y las caídas en las ventas en el mercado externo.

Existe un dato inevitable: de cada hora emitida al aire, tradicionalmente se destinan 48 minutos a la artística –léase el programa en cuestión– y 12 a publicidad tradicional –de los cuales 4 se suelen utilizar para la promoción de productos de la misma emisora y 8 a los avisos pagos–. Es decir: 8 minutos solventan cada hora que emite la televisión abierta. Y esos minutos se han repartido entre los canales y las productoras de cada programa de una forma que hoy resulta contraproducente para las emisoras.

Desde la institución formal de los PNT, se produjeron dos fenómenos: las productoras obtuvieron una tajada superior a la de los canales y las empresas comenzaron a preferirlos ya que evitan el riesgo del zapping. Cuando un personaje de una tira indica que llama a un determinado número de su celular para obtener información, hay dinero que corre –ya sea en contante o en forma de canje–; el problema radica en que el canal cobra menos y, además, los actores que prestan su imagen a esa publicidad –cuando en verdad fueron contratados para, por ejemplo, protagonizar una ficción– no reciben un centavo o, en el mejor de los casos, sumas modestas. Una de las batallas de 2009 será, justamente, la de los actores que, por medio de su sindicato, solicitan que se instituya cuánto les corresponde por prestarse a los PNT.

Eso, claro, en un contexto crítico para los canales.

Verano que me hiciste mal. A contramano de la sensación térmica, en la temporada estival las pantallas suelen ser más frías que el resto del año. Por lo general, se opta por pocos lanzamientos de ficción –a la espera de los “platos fuertes” para abril, mayo o junio– y se permiten algunos experimentos baratos para saber si podrían funcionar el resto del año, programas muletto que reemplazan –con la esperanza de sobrevivir– a los que se toman un receso para volver en marzo.

Este verano fue inusual en cuanto a lo que se vio en la pantalla. Durante 2008 fue común escuchar –en especial, en la entrega de los Martín Fierro–
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