Una refexión sobre la manipulación de índices y los costos políticos que esta estrategia tiene en el contexto nacional.
La inflación de enero ha sido la más alta en ese mes desde 1992 y llegó a superar el 2%. La de febrero ya tendría un piso de 1,5%. En alimentos, fundamental para determinar el nivel de pobreza e indigencia, puede ser el doble. Es claro que la inflación en la Argentina hoy tiene un nivel creciente.
La verdadera inflación es la mencionada y es más del doble de la inflación oficial, que elabora y difunde el Instituto de Estadísticas de la Argentina (Indec).
Pero en economía, las expectativas son relevantes para determinar el futuro y éstas son de una inflación creciente por varias razones. La primera es que el gasto público está aumentando. En 2009 creció 30%. Ello es 22 puntos más que la inflación oficial y 14 más que la real. En el primer bimestre del año continúa incrementándose. La segunda es que hacia fines de 2009 -como en el resto del mundo- la economía comenzó a reactivarse.
La tercera es la incertidumbre que ha generado la crisis desatada por el uso de las reservas para pagar deuda y eventualmente el gasto y la destitución del presidente del Banco Central. Esta crisis ha generado incertidumbre y precipitado decisiones económicas.
La principal responsabilidad en esta situación es del Gobierno, por el mencionado aumento del gasto y por la incertidumbre que generó con la crisis del Banco Central.
Amenaza. En este marco, la inflación es la mayor amenaza para el modelo económico y social del Gobierno y por ende también para el político. Pero el oficialismo no lo ve así y prefiere repetir la receta que le resultó exitosa entre 2003 y 2007: tomar el riesgo de mayor inflación para tener más crecimiento.
Pero la tensión social está aumentando. Los gremios están comenzando a pedir 25% de aumento y un gremio que se alinea con Moyano, como el de la carne ya reclama 30%.
Pero el problema social central son los indigentes, cuya situación se torna crítica si el precio de los alimentos sigue subiendo. El mismo líder piquetero oficialista Luis D?Elía dijo públicamente que si no se distribuye más ayuda mediante dinero, en marzo el Gobierno tendrá entre 70.000 y 80.000 personas en las calles reclamándolo.
Lo dijo denunciando que los puestos de trabajo -subsidios del Plan Argentina Trabaja que implican 1300 pesos mensuales para quien lo recibe- una cuarta parte de los trabajadores formales no llegan a cobrar esa cifra y no llegan a ella más de la mitad de los informales,- están siendo distribuidos por los intendentes justicialistas del Gran Buenos Aires.
Este programa, originalmente incluía 100.000 puestos de trabajo y ahora ya se distribuyen 128.000 y es probable que se sigan incrementando por la triple demanda de piqueteros oficialistas como D´Elía, de piqueteros antikirchneristas y de punteros justicialistas del conurbano.
Hay una fuerte relación entre la inflación y el gasto, sobre todo ahora, que el Gobierno ha perdido el superávit fiscal que tuvo hasta 2008.
El Gobierno debería disminuir el incremento del gasto, pero prefiere aumentarlo a costa de incrementar el déficit y el endeudamiento. Es un camino que en la Argentina ha fracasado más de una vez en las últimas décadas, pero se insiste en transitar por él, aunque la historia contemporánea es elocuente en cuanto a su fracaso.
Pero el mayor riesgo de la inflación es el social. Con un nivel de pobreza por encima del 30% y un desempleo que supera el 10% -cifras reales, no las oficiales-, un brote inflacionario puede generar fuertes tensiones sociales.
Apoyaturas. Es en este marco que el incremento de la inflación tiene una consecuencia política: debilita e incluso puede poner en crisis la alianza del oficialismo con sus dos pilares para mantener la calle bajo control: D´Elía y Moyano.
Mientras el Gobierno estaba redoblando la apuesta contra los medios, el campo, la Iglesia, la industria y la Justicia, la inflación amenazaba lo que parecía ser su apoyatura más importante, los sindicatos y los piqueteros oficialistas.
Fuente: La Nación