Una reflexión sobre el traspié político de la oposición en el Senado. La convivencia con el oficialismo se resquebraja.
El problema de Néstor y Cristina Kirchner ya no consiste en ganar o perder. El verdadero problema son los jirones que van dejando detrás de cada derrota o, también, de algún triunfo político circunstancial.
¿Ganaron o perdieron ayer cuando el ex presidente ordenó desde Olivos que los senadores kirchneristas se retiraran del Senado para evitar que la oposición formalizara la toma del poder en esa Cámara? Quizás el matrimonio haya celebrado el golpe político propinado al arco opositor. Pero días más o días menos, esa oposición terminará controlando el Senado con una sed de desquite, quizás, superior a la que incubó desde el 28 de junio, cuando las elecciones legislativas cambiaron la perspectiva del Congreso.
Los Kirchner, por lo visto, prefieren digerir en dosis las malas noticias. La Sala IV en lo Contencioso administrativo derrumbó ayer mismo las esperanzas de la pareja sobre la posibilidad de utilizar las reservas del Banco Central. Era una esperanza apuntalada, mas que nada, en el voluntarismo. El encumbramiento opositor en el Senado, como en diciembre sucedió en Diputados, representaba para ellos un colofón aterrador.
La postergación de esa realidad no solucionaría absolutamente nada. El Gobierno está notificado de que deberá gobernar los casi dos años que le restan con Diputados y el Senado en contra. Muy temprano, a raíz de la crisis con el Fondo del Bicentenario y el Banco Central, comprobó otra cosa: la inviabilidad de la estrategia urdida luego de la derrota, sustentada en los DNU y el veto para impulsar la gestión. El DNU del Bicentenario habría comenzado a recorrer el inevitable camino de la transformación en un proyecto de ley. Habrá que aguardar, en tal sentido, qué dice Cristina cuando el lunes inaugure las sesiones del Congreso.
Los Kirchner ya comprobaron que de las dilaciones casi nunca sacan rédito. Kirchner quiso evitar en diciembre el cambio de rumbo en Diputados. El cambio ocurrió y el matrimonio y su tropa pagaron un elevadísimo precio político. Aquel mismo mes se negaron a que el Senado distribuyera las comisiones porque la oposición pretendía imponer su criterio. Durante el verano las fuerzas oficiales se desgranaron y ayer, antes de romper el quórum, la oposición se encaminaba a tener mayoría en las 25 comisiones. En el medio el kirchnerismo perdió a los senadores pampeanos Carlos Verna y María Higonet. Y fue incapaz de añadir un sólo aliado. Quizás eso no sea lo peor: se extiende el malestar entre los senadores kirchneristas y fue inocultable el enojo de uno de sus socios, el neuquino Carlos Lores. El kirchnerismo reclama ahora a la oposición mayoría sólo en cuatro comisiones (Asuntos Constitucionales, Presupuesto, Acuerdos y Relaciones Exteriores). Una modesta pretensión que, con tranquilidad, pudo haber obtenido en diciembre sin tanto desgaste.
Los Kirchner tuvieron a Carlos Menem como un aliado impensado para aplazar la derrota en el Senado. No habría que buscar explicaciones bajo del agua: el ex presidente rechazó una oferta kirchnerista de acercamiento pero se habría cobrado una factura con sus pares del peronismo federal. ¿Por qué razón?. Hace tiempo que Menem disiente con el modo de conducción de Adolfo Rodríguez Saa, de Carlos Reutemann y del salteño Juan Carlos Romero. Hace tiempo que reclama un lugar en ese espacio que no le concederían.
Menem desairó a Rodriguez Saa porque fue el senador de San Luis quien hizo de nexo con los radicales y el resto del conglomerado opositor. A las 11 de la mañana de ayer Rodriguez Saá informó que el ex presidente se presentaría en el Senado. A las 13.30 el senador kirchnerista Ramón Saadi le dijo a Miguel Pichetto, el jefe de los senadores oficiales, que Menem permanecía en La Rioja y no tenía pensado trasladarse a Buenos Aires.
Desde ese momento se impuso el rigor de Kirchner. El ex presidente había amanecido arengando a los suyos a no bajar al recinto. Pichetto le comunicó que los senadores no estaban dispuestos a repetir la pésima experiencia de los diputados. Pero el faltazo de Menem les dio, al final, la posibilidad de arbitrar el quórum.
Al kirchnerismo no le faltó picardía para embretar a la oposición. Permitió el juramento como senadora de Norma Morandini y abrió la votación para la vicepresidencia primera que, por unanimidad, retuvo el oficialista José Pampuro. Después se retiró del recinto en forma de bandada.
La picardía que tuvo el kirchnerismo, tal vez, escaseó en la oposición. ¿Qué hubiera ocurrido si los opositores, como pasó en Diputados, hubieran condicionado el aval a Pampuro a que el kichnerismo aceptara previamente las condiciones de distribución de poder en el Senado?
Los reproches circularon anoche en torno a los radicales, comandados por Gerardo Morales. Los peronistas federales intercambiaron mensajes poco tranquilizadores con el kirchnerismo. Hay quienes deslizaron la posibilidad de un boicot a la sesión plenaria del lunes que inaugurará la Presidenta. Mas allá de esas diferencias, la oposición convino en asistir la semana que viene al recinto y para dejar en evidencia la deserción kirchnerista. ¿Con Menem o sin él?. El futuro del ex presidente era anoche un enigma.
Una de las dos Cámara del Congreso ha quedado virtualmente paralizada. La posibilidad de una convivencia razonable entre el oficialismo y la oposición se aleja. Son sólo alguno de los nubarrones que ensombrecen ahora la gobernabilidad.
Fuente: Clarín 2502/10