"La mirada incandescente", la imagen del presente según Sirvén

El periodista Pablo Sirvén toma algunos fenómenos del mundo del espectáculo como indicios para reflexionar sobre la condición argentina.

Las columnas semanales de opinión o de reflexión que publican habitualmente los principales diarios -tanto en la Argentina como en el resto del mundo-responden a criterios y estilos diferentes y persiguen finalidades no siempre fáciles de definir o encasillar. Algunas de esas columnas, las más tradicionales, tienden a ofrecer un resumen o repaso valorativo y ordenado de los hechos registrados semanalmente por la crónica periodística en un determinado ámbito o sector de la vida nacional o internacional.

Pero las cosas no siempre son tan simples. Hay columnistas que van mucho más allá de ese simple registro directo y objetivo de las informaciones periódicas suministradas por los medios y prefieren construir panoramas y escenarios que reflejan aspectos mucho más profundos e integrales de la realidad. En esos casos, las columnas periódicas adquieren la dimensión o el carácter de pequeños ensayos descriptivos y esclarecedores de la vida contemporánea, e incluyen aproximaciones de sorprendente y estimuladora riqueza al pensamiento literario, filosófico o humanístico.

A esa estirpe de columnistas sensibles e imaginativos pertenece, fuera de toda duda, Pablo Sirvén, el autor de los textos periodísticos agrupados en el libro La mirada incandescente. Entrelíneas argentinas sobre espectáculos y virtualidades del siglo XXI .

Sirvén utiliza alternativamente la imaginación, el rigor analítico, la paradoja y el humor como instrumentos sustanciales que contribuyen a iluminar e investigar la realidad cotidiana por dentro y a vivirla y comprenderla en sus pliegues más íntimos y sutiles.

La mirada incandescente contiene una selección de ochenta artículos publicados por Pablo Sirvén en La Nación entre 2002 y 2009, casi todas ellos en el marco de la columna "Entrelíneas" de la sección Espectáculos. Son textos en los que se analizan y comentan los hechos más destacados que el periodismo fue registrando a través del tiempo en el ámbito teatral, cinematográfico, televisivo o radiofónico y, en general, en las diversas variantes de la industria del entretenimiento y el espectáculo.

Los temas abordados por Sirvén son en algunos casos de significativa importancia cultural o social y en otros de relevancia aparentemente menor. Pero la visión profunda y creativa que el autor tiene de los problemas de la cultura argentina y de los múltiples factores que contribuyen a potenciarlos o a entrelazarlos permite que las diferentes columnas que hoy nos llegan en forma de libro desemboquen, en todos los casos, en un análisis interpretativo tan lúcido como apasionante. Aun aquellos artículos dedicados a cuestiones aparentemente triviales o supuestamente dominadas por la frivolidad, como son los que se refieren a figuras como Susana Giménez o a Marcelo Tinelli, logran arribar a conclusiones sin duda valiosas para la comprensión de los inocultables dilemas y claroscuros de la cultura popular argentina.

Entre los temas que son motivo de análisis en las diferentes columnas reunidas en el libro, figuran interesantes reflexiones sobre la visión que los argentinos tinen de sí mismos a partir de la influencia arrolladora de la moderna cultura mediática y de las siempre perturbadoras relaciones que el hombre construye entre la ficción y la realidad, entre lo "verosímil" y lo "virtual", entre las emanaciones de la "cultura reality " y aquello que consideramos o percibimos como "el curso natural de las cosas".

Sirvén no se limita a describir los mitos y los fenómenos que se construyen en los escenarios teatrales o en las pantallas cinematográficas y televisivas sino que registra y analiza también, en muchas de sus columnas, los comportamientos y las reacciones singularísimas del público que asiste a esos espectáculos, ya sea en el despersonalizado ámbito de las actuales salas de cine, donde el pochoclo y las bebidas se convierten muchas veces en presencias molestas y ruidosas para algunos espectadores, ya sea en la intimidad del refugio hogareño en el que nadie sabe con precisión dónde empiezan o terminan la soledad o el desamparo.

En las columnas recopiladas en La mirada incandescente se cuentan también iluminadoras reflexiones sobre los criterios y principios a los que deberían ajustarse las políticas gubernamentales de apoyo a la industria del cine nacional, así como sobre otras cuestiones estructurales no menos conflictivas, como las que se refieren al lugar que ocupa actualmente el sexo en el imaginario de los jóvenes y en el marco de la cultura mediática que nos envuelve y nos abruma.

También el destino de la música ocupa un lugar destacado entre las preocupaciones que registra Sirvén. Ello se observa en las oscilaciones de un arco dilatado y cambiante que va desde el escenario del Teatro Colón hasta los devaneos en que se debate el tango y que cubre también divagaciones acerca de lo que ha significado el surgimiento del llamado "teatro-disco" o sobre el curioso embrujo de cierto artista popular que sólo se cantaba a sí mismo y sólo se reconocía en sus propias canciones. No revelemos, por ahora, su identidad.

Por supuesto, desfilan por el libro muchísimos temas polémicos y controvertibles, relacionados por ejemplo con el futuro de la discutida ley de medios o referidos a otras desconcertantes propuestas culturales emanadas de la arena política oficial, cada vez más movediza y engañosa.

Las entrelíneas de Pablo Sirvén no son reflexiones escritas al calor de la improvisación ni el fruto de especulaciones extraídas del barril sin fondo de un tiempo que no termina de armarse ni de conocerse a sí mismo. Son, simplemente, el testimonio de un periodista de excepción, maduro y profundo, que absorbe las imágenes y las voces del mundo de hoy con la sabiduría, el talento y el buen gusto de un auténtico escritor de diarios, forjado en ese "día a día" que enseña a mirar la vida como una escuela de dignidad que vale la pena examinar con atención.

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