El Calafate, entrada al Parque Nacional Los Glaciares, propone salidas en 4x4, paseos en barco y excursiones entre los témpanos. Fotos.
El fruto, redondo, pequeño y de un intenso color violeta, no parece a simple vista muy apetecible. Se lo encuentra a la vera de las rutas, colgando de un arbusto seco y espinoso. El jugo ácido al principio agrede el paladar, aunque al rato un sabor dulzón lo hace placentero.
Más allá de ser anfitriones de una de las maravillas naturales del mundo –como el glaciar Perito Moreno–, en El Calafate, provincia de Santa Cruz, los pobladores originarios de la zona –descendientes de tehuelches y araucanos– basan el desarrollo económico y turístico de la ciudad en el fruto calafate. Según la tradición, todo aquél que lo prueba regresa a esta tierra, para encontrar la felicidad eterna.
Y, al parecer, tenían razón. Mientras en casi todos los comercios de la ciudad se puede saborear el fruto en forma de dulces frescos, helados, mermeladas, jaleas y licores, crece la cifra de turistas argentinos y también extranjeros: las autoridades locales esperan para este año un récord de 420 mil visitantes.
Estrenos invernales
Entre los estrenos de este invierno ya avanzado, está la nueva (y muy pituca) pasarela de cuatro kilómetros del Parque Nacional Los Glaciares.
Está hecha de acero galvanizado, es muy brillante y tiene barandas de madera barnizada. También hay un ascensor para que la gente mayor o con problemas de movilidad pueda acceder a los balcones.
Recorrer el circuito bordeando el majestuoso glaciar, junto al Canal de los Témpanos, lleva al menos dos horas de caminata, que bien valen la pena.
El viaje desde la ciudad de Calafate hasta el glaciar Perito Moreno en combi demora como mínimo una hora y media, aunque depende de la escarcha que se encuentre sobre la ruta.
Una opción menos promocionada es el paseo en un barco que navega desde Puerto Bandera –a 45 kilómetros del casco urbano–, a través de los brazos del lago Argentino –con 1.600 kilómetros cuadrados de superficie, es el lago más grande del país y el tercero en Sudamérica detrás del Maracaibo y el Titicaca– y permite disfrutar de la imponente vista de los glaciares Upsala y Spegazzini. Una excursión imperdible entre deslumbrantes paisajes.
Los que buscan adrenalina también tienen su desafío. La propuesta consiste en calzarse los grampones y hacer equilibrio en la azotea del glaciar Perito Moreno, a unos 120 metros de altura, entre desprendimientos y derrumbes.
Más opciones
En cambio, para los más mesurados está el patinaje sobre el lago congelado de la Bahía Redonda. “Sobre patines de hielo o caminando dos kilómetros sobre el agua congelada, se puede llegar hasta una zona poblada de flamencos rosados, cisnes de cuello negro, patos y cauquenes –parecidos a los gansos–”, cuenta el guía Mariano Romani, oriundo del barrio porteño de Floresta y residente en El Calafate desde hace ocho años.
Las montañas son otra interesante alternativa para disfrutar de la zona. Hay varios recorridos entre los cerros, que se realizan en vehículos 4x4. Se puede ascender hasta casi mil metros y disfrutar de paisajes increíbles.
Arriba, en antiguas estancias que se encuentran muy bien mantenidas ofrecen comidas típicas, como bife de lomito con aros de cebolla y morrón, macerado en licor de calafate, o el típico cordero patagónico.
Muy divertido, sobre todo para los más chicos, es montarse en culipatín y deslizarse en la nieve. También hay gomones y triciclos que en vez de ruedas usan esquíes. Algunas de las tantas opciones para disfrutar de un paisaje majestuoso.
Un paseo por las bellezas naturales y los atractivos de una de las provincias más hermosas del país, donde todo es posible cuando se quiere disfrutar.