Miércoles 23 de Julio de 2014
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Editoriales
Publicado: 28-05-2012

El cuco

Sobre el tema del dólar y las versiones que corren en los medios que vaticinan un caos financiero.
La cotización del dólar es el tema mediático predominante, por momentos excluyente, con una carga de angustia (?) cotidiana y prospectiva que no se veía hace rato. La sensación es que asistimos a un doble chantaje: el de los operadores del “mercado” y, sobre todo, la presión de las corporaciones periodísticas opositoras.

El fallo de la Corte sobre la aplicación de la ley de medios y el quite de la concesión a TBA aplacaron por no más que unas horas esa supremacía ya propagandística de cuánto sube el paralelo. Es probable que tenga más efecto el discurso de Cristina en Bariloche. Al margen de su brillantez para encuadrar el 25 de Mayo y de poner en caja las críticas por algunos episodios del viaje a Angola, rechazó toda posibilidad de volver a sucederse en la Presidencia aunque no lo dijo en forma explícita. Y para despreocupar sobre los verdes vaivenes, manifestó desconocer dónde se habrá metido los billetes un amigo de su hijo que en 2002 especuló con el dólar a diez pesos. Pero fue la propia Cristina quien dijo que “todo se repite”.
 
De acuerdo con su carácter de elemento folklórico nacional y obsesivo (mientras le demos a “nacional” el rótulo de “opinión pública”, en su acepción de suma de opiniones que se publican), el futuro del dólar no sólo conllevará lo que ocurra debido a aspectos técnicos locales e internacionales.

La cotización de la moneda norteamericana es en Argentina, histórica e invariablemente, el ariete que se reserva la clase dominante como recurso de ataque extremo, contundente, ejemplificador, cuando ve afectados ciertos o muchos de sus intereses. No viene a cuento el debate de si este Gobierno perjudica a los ricos tanto como los ricos creen o sienten. Al contrario: podría opinarse y certificarse que nunca, o pocas veces, ganaron tanta plata. Lo que importa es aquello que sus facciones, o algunas de ellas, están dispuestas a hacer. Y lo están haciendo.

Hablar de devaluación, meter miedo o incertidumbre, señalar que la economía anda a la deriva en cuanto a las certezas cambiarias, trasuntar que todo el país está preso de los controles de la AFIP hasta el punto de ya no poder siquiera salir al exterior, e incluso volver a jugar con que se lo extraña a Kirchner como piloto de tormentas, es un conjunto de tácticas de desgaste cuya previsibilidad no va en perjuicio de su eventual eficacia.

No interesa cuántos son los realmente afectados. No interesa que el dichoso mercado paralelo sea el dos por ciento del movimiento formal. No interesan las herramientas oficiales que de la noche a la mañana hacen bajar al “blue”. Muchísimo menos interesa que suban las acciones de YPF, Siderar, Molinos y Aluar (uno de los mejores combos para medir el ánimo sobre la producción industrial). Tampoco interesa que “la gente” vuelva a volcarse a la compra de autos, pesificadas, frente a las restricciones para ahorrar en dólares. Hasta hace un par de semanas, la tragedia era que las automotrices entraron en dificultades.

Son muy contradictoriamente berretas esta muchachada de la City y la vocería mediática que les hace el coro, en sus pronósticos elisacarriotísticos. Sin embargo, la cantidad de frívolos avala que procedan de esa manera. Lo único que les interesa es que un faltante de medicamentos, o que la empleada doméstica, imposibilitada de mandar dólares a sus familiares de países limítrofes, o que lo imperioso de salir del país por cuestiones laborales y no poder hacerlo gracias a la restricción cambiaria, sirvan para tomar el todo por la parte. Por esas pequeñísimas partes, apreciadas a escala económica determinante.

Es en verdad condenable que los casos particulares no tengan una buena atención de las autoridades, como si fuesen lo mismo aquellos que se vuelcan a grandes cantidades de ahorro en dólares o quienes operan en una cueva financiera, a cuenta de grandes jugadores especulativos, y los necesitados de divisa por razones atendibles. No vengan con que esos errores, injustificables, justifican convertir
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