Viernes 25 de Julio de 2014
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Editoriales
Publicado: 02-07-2012

Mirar más lejos

Sobre el paro de Moyano y las repercusiones a nivel socio-político que trae aparejado este divorcio estratégico.
Tras Moyano en la Plaza, y luego de un paro que no se notó en absoluto, con excepción del reparto de diarios, cabe decir en primer término que sucedió lo que tenía suceder, que no hubo sorpresa alguna y que todo sigue exactamente como antes del miércoles pasado. Sin embargo, queda mucho lugar, no tanto en volumen como en calidad temática, para extender conceptos sobre la caracterización de esta etapa. Y sobre todo, de la que puede o debe venir.

Una mirada rápida y válida, pero corta, sugiere que el único logro del todavía jefe formal de la CGT fue la demostración de fuerza hacia la interna sindical. Su interna. Hay una relación inversamente proporcional entre eso y la trascendencia nula que tuvieron el paro y el acto, esto último por fuera de la adhesión de los camioneros y algunos agrupamientos de izquierda.

Moyano no tiene potencia política más allá de su gremio. Pero a la vez es cierto que ninguno de sus adversarios cuenta con la capacidad de convocatoria mostrada por él. Si eso significa que logrará mantenerse al frente cegetista es una incógnita, porque esos porotos se contabilizan mediante roscas en las que no interviene, de manera excluyente, quién gana la calle con mejor o mayor barullo. Valgámonos de este dato para intentar una primera observación más profunda.

¿Cuál es la importancia de si Moyano conservará el mando burocrático de la central obrera? Si la respuesta es “mucha”, por carácter transitivo implica que lo es porque de lo contrario se partiría la CGT. Lo cual es un disparate, porque no sólo la CGT sino el conjunto de la dirigencia sindical están despedazados hace rato. Moyanistas, gordos, independientes; tránsfugas de todos los costados que se moyanizan o antimoyanizan según sean las urgencias que les convengan, invariablemente circunstanciales, al solo efecto del reparto de poder burocrático.

También está partida la CTA aunque, por lo menos, su división responde a identificaciones políticas diferentes y no a la repartija de ganancias entre gremios que, antes que representantes, tienen propietarios. Además, hay experiencias de base como la de los metrodelegados y agrupaciones que ya meten baza entre los conductores de negocios (bancarios, alimenticias, ferroviarios). Son sectores con influencia sostenida que no responden ni a los unos ni a los otros. En consecuencia, no de qué sino de cuál probable segmentación hablan, quienes mentan al rompimiento de la CGT como hito que trazaría un antes y un después.

¿Dónde viven los que pronostican eso? Hasta ahí, lo que al firmante le parece la mirada corta. La larga, en esta sección, tendría tres aspectos esencialmente complementarios. Uno, a quién le conviene semejante fragmentación en la representatividad de los trabajadores. Dos, ¿el Gobierno apuesta a eso y se conforma con hacer pelota la torta de Moyano, más dejar que se disparen a los pies los amiguitos impresentables del camionero y más creer que ese espanto es decisivo para seguir construyendo relato? (No está dicho en sentido de denuesto: construir relato es clave para hacer política y es uno de los pilares que permitió la edificación del kirchnerismo; el interrogante apunta a si acaso no se descansa excesivamente en esa estratagema valiosa.)

Tres, ¿destruir o diluir a Moyano debe conllevar el apoyo a personajes que emblematizan lo peor de lo peor de la corrupción sindical? ¿Hay que mirar con cariño a Barrionuevo y Cavalieri? Y en todo caso, ¿cuál sería la estrategia de esa táctica? Carlos Raimundi, diputado nacional por el Frente Nuevo Encuentro, decía hace poco que –sin perjuicio del valor de las consideraciones psicológicas o de enconos personales– se hace necesario revolver más hondo en cuanto al enfrentamiento del Gobierno con Moyano.

Su hipótesis, bien atendible, es que si Cristina se acentúa hacia (digamos) izquierda, en términos de una construcción político-social capaz de prescindir de las estructuras tradicionales del peronismo, el choque con éstas es inevitable y dramático gracias a
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