Fútbol

Insólito: River ganó por 1 a 0

Después de muchos esfuerzos y pocos aciertos, el millonario logró triunfar ante Nacional y sus jugadores supieron festejar el triunfo más que merecido.
viernes, 13 de febrero de 2009 · 00:00
Y cómo cuesta, River. Cuesta tanto, tan cambiada venía la mano, que Fabbiani saluda y lo veneran. Que tira mal un taco y también. Que su pase se transforma en lateral rival y lo aplauden. Que un gol con ayudita doble, con mano del grandote y vista gorda en el final del árbitro, con varias Brahmas encima en su larga carrera, se festeja como si fuese un partido bisagra más allá de que sea en el primer partido de una primera fase. Ahora, ¿habrá sido éste un partido bisagra, de ésos que te dan un empujón hacia arriba? Si tanto descontroló con el gol Buonanotte, anoche enano de fútbol, es porque había necesidad de descarga, de desahogo.

River tuvo a favor justamente lo que cualquier hincha pensó que podía haber sufrido en carne propia por la historia reciente, por los cachetazos del verano, por lo del domingo con Colón: el gol en el descuento y encima mal cobrado, ayuditas que quién sabrá por qué a veces generan más disfrute por una victoria. Una victoria que justamente llegó después de un padecimiento futbolístico, con poco de positivo. Pero al menos por ahora en la Copa, esa Libertadores tan difícil de conquistar, los números dan.

Por antecedentes, imposible pensar en ver una máquina de fútbol, un equipo aceitado. Ni Gorosito, que resignado con la vuelta de Ortega no le encuentra la vuelta con estos jugadores. Sin embargo, más allá de lo poco que generó River en lo futbolístico, hay que rescatar alguna cuestión de este 1-0 angustiante contra un equipo rudo y preparado para el defense, defense: en el PT al menos hubo algunos pases seguidos, un pase de Abelairas en cortada y principalmente la actitud de buscar. Esa actitud que permitió sobreponerse a un juego sin línea, sin ideas, sin lucidez, sin líder... hasta que entró Fabbiani, el referente inventado en medio de tanta escasez. Contra un rival con doble línea de cuatro, Buonanotte nunca encontró (ni se fabricó) el espacio para ganar en el mano a mano con su rapidez, estático y perdido, igual que los volantes (Abelairas, Augusto y Flores); lo mismo los laterales, que chocaron, no hubo ni una de ésas tomá que pico al vacío. River juega a lo que puede, con lo que le da.

Y así, con lo que le da el cuero hoy, sufrió River. Porque sin fútbol, sin Ortega, hay que decir también que le faltaba algo de Ortega, indispensable en momentos críticos, en los que todo cuesta más. Hasta el gol le ganó todo de arriba ¡a un equipo paraguayo! y justo el que tapaba todo era un Don nadie, el arquero que sacó uno, dos, tres y más cabezazos, y todo lo que le patearon. Hasta que apareció esa mano de dos, de Fabbiani para pararla con el brazo y del juez brasileño para no ver el offside de Buonanotte.

Cueste lo que cueste, cantaba la gente, pedía, exigía. Costó, y cuánto, pero ganó. El fútbol, sí, ¿lo dejó para otro día?

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