Fútbol

Argentina perdió por 2-0 contra Brasil

El DT del seleccionado argentino le echó la culpa de la derrota al arbitraje uruguayo. "Gol anulado, amonestaciones y el penal para Brasil", se quejó.
martes, 3 de febrero de 2009 · 00:00
Alan Kardec, espiritual delantero de nacimiento, representa al Vasco da Gama. Giuliano, volante ofensivo y revelación de la Serie B brasileña, representa a Paraná Clube. Liber Tabaré Prudente González, viejo stopper en Rocha, representa a la AUDAF, la Asociación Uruguaya de Arbitros de Fútbol... Flaquito, 191 centímetros de extensión, 37 años, casado, dos hijos, semicalvo, puntilloso, alumno de primer y segundo grado en Buenos Aires, ex basquetbolista, médico fisiatra, antiguo juez de futsal, admirador de Collina y Castrilli, fervoroso consecuente del foul de ataque, de la mancha venenosa... Sí, Prudente también lo hizo. En el mejor partido de Argentina en el Sudamericano, lo condicionó. Lo echó hacia atrás. Lo encendió. Lo calentó hasta hartarlo. Hasta la protesta fácil. Hasta la irritabilidad. Hasta empantanarlo en los charcos de Maturín, en la clasificación hacia la tierra de las pirámides. Lo hizo. "Nos arruinó el partido.
Hicimos muy bien las cosas pero, enfrente, tuvimos un árbitro que, para mí, fue mala persona...", estalló el Checho Batista. Catarsis pura. La primera pregunta en la rueda de prensa terminó en monólogo que subió de tono hasta terminar a los gritos. Notoria indignación pocas veces vista en un tipo calmo. Como si se hubiese arrancado la barba a los manotazos, a pura bronca e impotencia...

Arrancó mal. Compró baratito un error fiero de Wilson Berrio (¿BerRio de Janeiro?), el árbitro asistente n°2 y transformó un cabezazo bombeado de Neira y un pseudo offside de Meza (quien acompañaba la trayectoria de la bola pero sin intervenir en juego entre tres brasileños saltarines sobre la raya) en el comienzo de una crisis sin retorno. "Este referí hizo lo imposible para que Argentina perdiese. Y los líneas, también, hicieron lo suyo. Además, no nos pueden poner a un árbitro uruguayo en la previa al partido contra Uruguay... Espero que la Conmebol haga algo. Estoy muy caliente. No te pueden venir a robar así", la siguió Batista. "Nos hizo de todo: el gol anulado, las faltas, las amonestaciones y el penal que le dio a Brasil: la pelota buscó la mano (de Marcelo Benítez) y no al revés...", escupió lava Sergio, el DT, quien -tal como dijo- no se jugaba el prestigio acá en Venezuela aunque la medalla de oro pekinesa, para algunos, empezaba a perder varios kilates olímpicos...

No pifió una. Aunque el muñecazo del pibe de Lanús dentro del área ante el tirito sin recorrido de Maylson, al menos, hace discutible esta única cuestión. "La pelota me rebotó en la mano, pero estaba mojada y no tuve intención de jugarla", fue el sencillo argumento del volante central. Por suerte para su futuro en el torneo, su bronca fue disimulada en ese fatídico minuto 19 del complemento. Hubiese sido su segunda tarjeta amarilla. La primera fue por patear lejos la bocha, como protesta, tras un foul indiscutible, postrero, sobre Walter. Fue el inicio de una serie nefasta y provocadora: tres de cuatro amonestaciones fueron por chillarle al charrúa...

Claro, deberá incluirse en el historial las expulsiones a Raúl Lamas, kinesiólogo de la Selección y, sobre el final, en la previa a un tole tole propio de un clásico, a Franco Zuculini. El de Racing, junto con Patrick, cayeron en la volteada tras un largo debate entre Prudente y su compañero Berrío, observador de la secuencia de manotazos a escasos 70 metros... A esa altura del diluvio, en tiempo de descuento (seis minutos antes de que Giuliano bajase la persiana) la historia ya estaba escrita. Los suplentes se metían a la cancha del Monagas para separar. Y repartir...

"Son malas personas. Los pibes jugaron como nunca en el torneo, se mataron dentro del campo. Brasil no nos inquietó nunca. No supe qué cobraba. Hizo lo imposible para que ganasen. Hechos así, a cualquier técnico, no sólo a mí, le pueden costar el puesto. La Comisión de Arbitros o quien fuere, debería intervenir. Hubo intención de algo...", taladró Batista intentando perforar tímpanos dirigenciales. En vano, seguramente. Nada quedaba en pie. Sólo el conformismo

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