DEPORTE

Boca pierde, Ischia sufre

Recibió un cachetazo, 2-0, frente a un Central. Todavía tiene una carta en la manga, que es la Copa. El entrenador, mirado de reojos.
lunes, 27 de abril de 2009 · 00:00
"Ni de casualidad vamos a salir últimos", dijo, hace dos meses, Carlos Ischia, con desdén y una pizca de sorna. En ese momento, la triste y rezagada posición final de River en el Apertura 2008 todavía estaba fresca y caer en una trampa similar parecía algo realmente absurdo para Boca. Sin embargo, poco tiempo después, la realidad es distinta, alarmante, y no por factores externos, sino por propias fallas de un entrenador que empieza a ser observado de reojo por muchos -incluso, por algunas autoridades- y desajustes de futbolistas que, salvo en excepciones en la Copa Libertadores, parecen desalentados, reincidiendo en acciones improductivas.
 
En un poblado Gigante de Arroyito que por momentos fue una suerte de caldera, la versión alternativa de Boca -aunque reforzada por los veteranos Abbondanzieri e Ibarra- cayó presa de sus temores y recibió un cachetazo, 2-0, frente a un Central que supo administrar la energía, apoyado en el fondo por un siempre atento Burdisso y un picante Equi González en la gestación de los ataques.

"¿Gracián va al banco? ¿Y el equipo se va a defender con cinco atrás?", se preguntaron antes del partido, entre sorprendidos e indignados, algunos hinchas y allegados a la delegación mientras estudiaban la planilla oficial. Ocurre que más allá de que el único objetivo boquense es conquistar el máximo certamen continental, el descuido que hizo del Clausura fue apresurado y hasta hiriente. Con el mezquino propósito de no perder, Boca intentó cimentarse en el terreno con mayoría de jugadores defensivos, pero no lo logró. Careció de creación y se repitió con inofensivos centros frontales para Noir y Viatri, éste último constantemente bien custodiado por el hermano menor de Nicolás Burdisso, el zaguero de Internazionale.

Revitalizado por la asunción de Miguel Russo, el conjunto canalla luchó cada pelota con más fiereza que lucidez, insistió avanzando por su banda derecha, donde el juvenil Battaglia y Krupoviesa dieron permanentes ventajas, y con la chispa del Equi González, le alcanzó para poner a Boca contra las cuerdas. Un corner mal ejecutado de Chávez derivó a los pies del N° 10 rosarino, que le ganó la posición a un aletargado Ibarra, hizo correr la pelota hacia la izquierda para Zelaya y éste, con precisión, asistió a Danelón, que ingresó en el área xeneize como un tren y superó el esfuerzo de Abbondanzieri.

Los empellones de Caraglio -un tanque, tiene una manera de jugar muy similar a la mejor versión de Cristian Fabbiani- y la diferencia de experiencia entre los mediocampistas locales y los visitantes, se encargaron de hacer el resto. El joven y livianito Battaglia le cometió un penal infantil al Equi González, que Moreno y Fabianesi, con un remate bajo y fuerte, se encargó de concretar.

El grave error inicial de Ischia en el armado de la formación quedó en evidencia en la segunda parte. Porque el técnico, ahora sí apremiado desde el resultado, movió pieza por pieza, utilizando a Gracián y Gaitán, dos hombres ofensivos, por Muñoz y Battaglia (sobre el final del primer tiempo ya había ingresado el desaprovechado Mouche por Noir, lesionado). ¿Pero no hubiera sido más saludable que Boca presentará una alineación con variantes creativas desde el arranque? Seguramente sí. Con el transcurrir de los minutos, Central perdió el vigor de los primeros tramos, pero siempre tuvo el partido bajo su control y encontró oxígeno en el aliento de sus hinchas. Restando 15 minutos, Méndez ingresó para seguir de cerca a Gracián y ya nada se modificó. Boca terminó chocando, impotente, ante Burdisso, uno central con enorme proyección.

En definitiva, la excursión boquense por esta ciudad resultó sumamente negativa, porque además de padecer lesionados de gravedad (ver aparte), dejó otras tres unidades en el camino y quedó con sólo tres por encima de Argentinos?, el último del Clausura. ¿Quién lo diría? Ni los más pesimistas. Aunque las últimas producciones hacían sospechar que los vientos que soplaban en la Ribera no eran los má

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