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En Rosario Boca venció a Newell’s con gol de Mouche

Al fin. Luego de tres años, Boca volvió a ser líder gracias a un gol de su tercer punta, que ingresó al final por Cvitanich con una promesa del DT: “Me dijo que si metía el del triunfo, me regalaba una caja de champagne”.
lunes, 22 de agosto de 2011 · 00:00

Hace algo menos de un año, Pablo Mouche sentía que la ansiedad era como un enorme fantasma que latía dentro de él. No lo dejaba tranquilo: era algo que se le escurría de entre los dedos. Por recomendación de un compañero, llamó a una terapeuta, empezó a trabajarlo y, con la llegada de Julio César Falcioni al banco de suplentes, logró domar esa fuerza interna que le hacía insultarse cada vez que no soportaba que su cabeza intentara adelantársele al tiempo. Cuentan que su relación con el técnico es muy especial, que Falcioni le habla como si fuera un hijo. De esa misma forma fue que ayer, antes del partido, el entrenador se dispuso a entablar este diálogo, tras relojear durante largos ratos que el joven delantero caminaba con la frente señalando el piso, como si el gorrito negro que llevaba puesto en la cabeza le hiciera duplicar la aplicación de la gravedad sobre su cuello:

–Pablo, si hoy metés un gol, te prometo que te compro una caja de champagne.

–¿Es una apuesta?

–Claro. Pero eso sí, no me compres una caja berreta.

–No la compres vos. Porque voy a meter un gol, seguro.

Dicen algunos proverbios de la pelota que la fe en el fútbol logra ser determinante. Y así debe ser, pensará internamente el técnico, porque a Mouche, que hacía días que no tenía buenos días, que andaba deprimido porque su pase a Europa se había frustrado y porque en Boca no tenía mucho lugar ya que Darío Cvitanich le había ganado el puesto, le alcanzaron apenas 21 minutos para cruzarse con la redonda tras un pase de bastón y galera de Lucas Viatri, para mordisquearla con el tobillo derecho y darle una victoria a los de azul y oro que no fue cualquiera: con este 1-0 agónico a Newell’s, el conjunto de Julio César Falcioni llegó a la punta, luego de 77 fechas sin poder lograrlo, y consiguió sostener el invicto de 13 partidos que viene construyendo desde el torneo pasado (con siete empates y seis victorias).

“Fue una cuestión de fe”, pensará, entonces, más de uno que quisiera explicar por qué es que los de la Ribera lograron robarle de forma tan despiadada estos tres puntos a los colores rojos y negros que latían en un Parque de la Independencia que sorprendió al invierno tedioso con un sol constante. “Fue virtud de la suerte”, analizará otro, que detendrá su tesis en las manos salvadoras de Agustín Orion que lograron tapar todo tipo de pelota que quisiera adentrarse por las redes del visitante. “Fue ser Boca”, dirán muchos conocedores de leyendas y, quizás, esa sea la respuesta para entender por qué Boca es puntero sin mostrar ningún lujo.

Y no. No es un detalle. Y hay que repetirlo: Boca es puntero después de mucho tiempo.
Por eso la alegría de los tipos que abandonaron el Día del Niño con su familia y vinieron a Rosario a bancarse hasta el final estos colores. Por eso el festejo del equipo que cantaba en el vestuario. Por eso la risa cómplice de Falcioni que sabe que la mano viene dura pero que tiene tiempo de torcerla. Por eso la sonrisa inacabable de Mouche por dormir en esa definición a cinco minutos del final la ansiedad que tanto intentaba demolerlo.

Por eso la ilusión. Que no es poca.

los hinchas de boca y newell’s ovacionaron a schiavi y cargaron a river y a central
Los une el amor y también el morbo

No hubo coincidencia en las sensaciones que cada uno se llevó a su casa. Porque uno se quedó sin nada sobre el final, y se fue con la amargura de la derrota, y el otro se llevó todo con ese zapatazo de Mouche. Pero, antes y durante un buen tramo del partido, los hinchas de Newell’s y Boca sí tuvieron varias. Dos, más precisamente. Una fue cuando unieron voces y aplausos para homenajear a Rolando Schiavi, el defensor que ganó todo en azul y oro y también dejó su huella en Rosario, donde jugó los últimos cuatro años hasta que regresó a Boca. Por eso, cuando el Flaco asomó la nariz al césped de ese Coloso que tan bien conoce, inmediatamente, sonó la ovación desde los cuatr

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