Por Joaquín Morales Solá para La Nación

Kirchner ordenó la radicalización de su gobierno

Una visión sobre el rol del ex presidente y sobre la gestión actual de su esposa.
lunes, 19 de octubre de 2009 · 00:00
Un intenso proceso de radicalización del oficialismo está en marcha. Néstor Kirchner es el ideólogo, el promotor y el líder. Es raro que un fundamentalismo de esa naturaleza suceda después de una derrota y, por eso, existen ya serios interrogantes sobre cómo serán los dos años finales del gobierno de su esposa.

Persecución personal de sus adversarios, sean estos políticos, empresarios, periodistas o medios de comunicación. La meta consiste en la devastación de todos ellos. Presión sobre el Congreso para arrancarle leyes lesivas de la Constitución y del sistema político. Cooptación o compra de legisladores que inicialmente formaban parte de la oposición. Coerción para interpretar las leyes y los reglamentos de acuerdo con los escasos tiempos políticos del Gobierno.

Los Kirchner han perdido elecciones, pero también han sido abandonados por la simpatía o la comprensión de una vasta mayoría social. Según tres prestigiosas encuestas recientes, los Kirchner oscilan entre el 70 y el 80 por ciento de imagen negativa entre los consultados; cerca del 70 por ciento desaprueba la gestión de Cristina Kirchner y, de acuerdo con una de esas mediciones, el 66 por ciento de los argentinos es pesimista sobre el futuro próximo del país. Abandonados en la práctica y en teoría por la sociedad, los Kirchner actúan como si ya no tuvieran nada que perder.

Esta última constatación explicaría un enigma: ¿por qué Kirchner, aun entre sus permanentes extravagancias, fue más moderado y racional durante su mandato que en el de su esposa? Funcionarios que acceden al ex presidente suelen explicar también que él cree que Cristina Kirchner no puede darse el lujo de la moderación. Yo no necesitaba demostrar que era fuerte, pero ella puede parecer débil , suele explicar en las restringidas tertulias de Olivos. Durezas sin concesiones, entonces.

Pero quizá se trata solamente del sinceramiento de una manera de ser y de gobernar, de la reproducción de la vieja fotografía de Santa Cruz. Tal vez el Kirchner escasamente moderado de otros tiempos era sólo un político que todavía aspiraba a seducir a los moderados y mayoritarios sectores medios de la sociedad. Prometía todo sin comprometerse a nada. Actuaba, en fin, lo que no era.

Ahora es al revés: quiere forzar otra vez al Congreso para sacarle una reforma política, hecha para que él pueda aspirar a quedarse con la estructura del peronismo. Kirchner se aferra a las estructuras institucionales y políticas cuando se ha quedado sin seguidores. Cree, y probablemente no esté equivocado, que la atomización del peronismo empujará a sus brazos a los intendentes del conurbano bonaerense, en cuyo predicamento confía con una fe propia de las religiones. Los intendentes también lo dejan solo, a veces. Planifica, además, un sistema de cooperativas de trabajo en la provincia de Buenos Aires, que la oposición (incluida la izquierda) ha calificado de sistema de acopio de seguidores.

Según estimaciones de políticos bonaerenses, esas cooperativas de trabajo podrían absorber entre 300 y 400.000 personas. La reforma política kirchnerista persigue la instauración inmediata de internas abiertas en los partidos políticos para elegir candidatos. Aquel número de eventuales votantes lo haría imbatible a Kirchner , asegura un intendente. Eso podría ser así si el resto de los candidatos le aceptara sus particulares reglas del juego. Los otros candidatos irán por fuera del partido , retrucó un viejo político del peronismo.

Falta menos de dos meses para el 10 de diciembre. Sin embargo, no es seguro que el ecosistema político vaya a cambiar para entonces. Los Kirchner acaban de conseguir la mejor aprobación de un presupuesto que tuvieron desde que están en el gobierno; el presupuesto es tramposo, saltarín y embustero. Con todo, el oficialismo logró votos de dos diputados de Pro (Julio Ledesma, actual y electo para el próximo período, y Patricia Gardella, con mandato hasta 2011); de diputados que responden a los gobernadores radicales

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