Por Eduardo Van der Kooy para Clarin

La fórmula de los Kirchner no convence

La Presidenta se desgasta con una catarata de anuncios. El ex presidente madura decisiones de gestión, se ocupa del peronismo y planea las elecciones.
domingo, 1 de febrero de 2009 · 00:00
Hace muchas semanas, casi desde el último trimestre del año pasado, que la fotografía del poder parece repetirse. Cristina formulando anuncios por televisión, a veces afable, otras veces con la vegetación de la arrogancia. Néstor Kirchner dialogando en Olivos con dirigentes y gobernadores peronistas, subido a una tarima en mitines partidarios y metido muy temprano en la campaña electoral.

¿Qué tendría de malo la reiteración de aquella foto? Varias cosas. Quizá los Kirchner estén convencidos de que esa imagen puede satisfacer el cambio que demandó la sociedad después del tremendo conflicto con el campo. Es cierto que existe el intento de exhibir a un Gobierno activo frente a las aguas de la crisis internacional que ya penetran las orillas argentinas. Pero ese intento asomaría insuficiente.

La imagen va consumiendo también, de modo inexorable, las últimas oportunidades que le quedan a Cristina para rehacer su identidad y su autoridad presidencial. Para colmo, Kirchner suele hacer ostentación de sus labores políticas. Es difícil admitirlo como un simple y privilegiado consejero de la Presidenta. No habría distancia entre su quehacer político y las decisiones que se van enhebrando en el Poder Ejecutivo.

Esa realidad aflora en el conflicto con el campo. Aflora, para ser sinceros, en todas partes. Pero Kirchner bendice las medidas para el sector agropecuario -la semana pasada fue la emergencia por la sequía- sólo por grageas. Y en la última decisión influyó de modo determinante la presión de los gobernadores e intendentes del PJ de provincias maltratadas por la ausencia de lluvias.

Definitivamente el campo ha pasado a ser para el ex presidente el enemigo político de este tiempo. Más, tal vez, de lo que fue durante el conflicto del año pasado. Los dirigentes del agro también se encargaron de empastar el pleito: hablan sobre sus demandas con el mismo entusiasmo con que rosquean paras las elecciones legislativas.

Los Kirchner no se han dado cuenta de algo. El gradualismo con que tratan las supuestas soluciones para el campo atentaría contra la fortaleza de la economía y las expectativas sociales y políticas. La comunidad está harta del problema en medio de una crisis mundial que sólo siembra incertidumbre y miedo.

Esta situación divide a las entidades rurales. La Sociedad Rural y CRA, por ejemplo, piensan en un plan de acción que no crispe aún más los ánimos sociales. De la Federación Agraria de Eduardo Buzzi y Alfredo De Angeli surge una ecuación menos contemplativa: "Si no hay respuesta oficial, habrá protesta", alertan.

Todas coinciden, sin embargo, en lo mismo. El problema no se circunscribe ya a las retenciones y la sequía. Exhiben datos: cuando arrancó el conflicto la previsión exportadora rozaba los 90 millones de toneladas; cuando concluyó, Carlos Cheppi -el nuevo secretario de Agricultura- dijo que con las nuevas medidas se podrían alcanzar las 150 millones de toneladas. El ciclo concluirá con exportaciones que no superarán los 75 millones.

Un golpe de timón sorpresivo, al estilo Kirchner, podría debilitar la actitud política de la dirigencia agraria. ¿Qué golpe? Los gobernadores Hermes Binner, de Santa Fe, y Juan Schiaretti, de Córdoba, promueven la suspensión temporaria (tres meses) de las retenciones. Al menos tres ministros y un secretario del Gabinete de Cristina insisten con nuevas bajas. En especial para la soja. "Si no se sacude la modorra no cambiará ninguna expectativa. Y si las expectativas no cambian la economía se seguirá adormeciendo", explica el mandatario socialista.

Tiene sus pruebas. Cristina anunció hace algunas semanas una línea de créditos blandos para facilitar la compra de maquinaria agrícola. Esa línea está muerta en toda Santa Fe.

Las expectativas no están demolidas en otras áreas aunque sus oscilaciones trasuntan la desconfianza que impera en la sociedad. El plan sobre autos económicos registró hasta ahora en Buenos Aires un resultado pob

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