Por Horacio Verbitsky para Página 12

La única verdad

La negación del Holocausto es coherente con la negación de cualquier verdad fuera de la Iglesia Católica, que el papa Ratzinger viene practicando en forma sistemática
domingo, 1 de febrero de 2009 · 00:00
La negación del Holocausto por parte del obispo Richard Williamson es sólo el aspecto estridente de un episodio cuyo alcance va mucho más allá de ese ex sacerdote anglicano, convertido al catolicismo en 1972. El mismo papa Benedicto XVI autorizó que volviera a leerse el Viernes Santo la plegaria por la conversión de los judíos, para que reconocieran la luz de la Verdad de Cristo y pudieran salir “de sus tinieblas”. El levantamiento de la excomunión de Williamson y de otros tres obispos consagrados por el arzobispo Marcel Lefebvre en 1988 (Bernard Fellay, el español naturalizado argentino Alfonso de Galarreta y Bernard Tissier de Mallarais), acentúa el golpe de timón impreso por el pontífice alemán desde su coronación en 2005. Cuesta creer que esta decisión se haya anunciado al cumplirse medio siglo de la convocatoria al Concilio y en vísperas de conmemorarse el Holocausto por mero azar o error de cálculo. El bote de salvamento

El Superior de la Fraternidad, Bernard Fellay, la definió como “un pequeño bote de salvamento en un mar en tempestad” y expresó su satisfacción de que ahora también “la voluntad del Santo Padre vaya en esta dirección”. El principal gestor del acercamiento fue el cardenal colombiano Darío Castrillón, presidente de la Comisión Pontificia Ecclesia Dei, que consiguió que Benedicto XVI recibiera a Fellay en 2005 y 2007. Durante la última, Fellay mencionó entre los logros de la Fraternidad la denuncia que condujo a la prohibición en Córdoba de la píldora del día después por la jueza Cristina Garzón de Lescano y la “increíble actitud” del obispo de Córdoba, Carlos Ñañez, que “nos llamó terroristas”. El Papa le dijo que la forma de pertenecer a la Iglesia Católica era “interpretar el espíritu del Concilio Vaticano II a la luz de la Tradición”, que es lo que él mismo está haciendo.
La Sociedad San Pío X sólo oficia la misa en latín, de espaldas al pueblo, tal como describe el poeta latino Horacio el acto litúrgico del pontífice romano, que asciende la escalera hacia la divinidad y le habla de lo que ocurre abajo. Pero éste es apenas el símbolo de una discrepancia mayor. El teólogo y filósofo José Pablo Martín explica la novedad:
–¿Vuelven a ser obispos, como Bergoglio o Laguna, o sólo son readmitidos en las bases del pueblo de Dios?
–El levantamiento de la excomunión de cuatro obispos no es un acto religioso para aliviar la situación espiritual de los interesados. En este caso es un acto jurídico entre personas y estructuras eclesiásticas, para anular los efectos de graves desobediencias anteriores y recomponer la “comunión” entre el Papado y los obispos, que regresan con todos sus atributos institucionales. Fueron ordenados obispos por Lefebvre, en desobediencia hacia el Papa, pero la Iglesia reconoce la validez de esta ordenación, y con el levantamiento de la excomunión ella pasa a tener todo su vigor sacramental e institucional. Se convierten en obispos como Bergoglio y Laguna. Aunque yo diría un poquito más que Laguna y Bergoglio, porque pasan a gozar de la comunión con el Vaticano sin haber abandonado sus posiciones. Estas posiciones acentuaban la convicción de que ellos son la “verdadera Iglesia”. La Iglesia de Bergoglio y Laguna permanece así la católica de siempre, pero un poquito “menos verdadera”. Un paso adelante

Williamson lo interpreta del mismo modo. En una declaración firmada el 24 de enero en La Reja sostuvo que la remisión del decreto que el 1 de julio de 1988 lo excomulgó era un paso adelante para la Iglesia, cuyas autoridades se acercaban a la verdad, sin ser una traición por parte de la Sociedad San Pío X, que no se comprometió a “aceptar las decisiones del Concilio”, sino sólo a sostener “conversaciones”, que son una oportunidad de acudir “al rescate de la Iglesia” en la propia Roma. Sus opiniones no son tímidas. Según Williamson, el gobierno demócrata estadounidense recurre a “una solución comunista para salvar al capitalismo”. En otro comentario sostuvo que, contra la versión de “nuestros asquerosos medios”, los del 11 de setiemb

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