Joaquín Morales Solá para La Nación

Acuerdos para gobernar cuando Kirchner no esté

Un análisis profundo de los movimientos políticos que se realizan en estos días de cara a los comicios legislativos de octubre próximo.
domingo, 15 de febrero de 2009 · 00:00
Miedo y estupor. Esas sensaciones colectivas, tan comunes en el trastornado mundo actual, no han tocado aún, con todas sus fuerzas al menos, la Argentina. Pero los primeros datos ya son tan severos o más que los que agobian al norte de América, Europa y la propia Asia. Néstor Kirchner se topó con otra crisis monumental cuando ya venía palpando, sin reconocerlo, la decadencia política.

No debería extrañar, por lo tanto, que sus opositores peronistas y no peronistas hayan decidido acelerar alianzas y acuerdos. Peronistas y no peronistas urden no sólo elecciones legislativas para octubre, sino también una alternativa presidencial a los Kirchner. Una porción importante del peronismo se le va de las manos al ex presidente. Esa es ahora su calamidad más importante.

La producción de acero de la Argentina está entre el 30 y el 40 por ciento de lo que era en octubre. Ese es un pronóstico casi infalible de la economía por venir. En Alemania, la producción de acero cayó un 48 por ciento en el último trimestre. En los Estados Unidos hay 39 altos hornos productores de acero; están funcionando sólo nueve.

Hay más noticias de la Argentina. La producción automotriz, que crecía a un ritmo anual del 20 por ciento, se derrumbó un 55 por ciento en los últimos tres meses. La construcción se paralizó (su crecimiento está en menos 1), la producción de hierro cayó un 45 por ciento y las importaciones de diciembre fueron un 30 por ciento menos que las de octubre. Exportaciones de sectores de la pesca han caído a cero.

La sociedad local no se contagió tan profundamente de la primera ola internacional porque esa crisis estuvo marcada por la abrupta desaparición del crédito y por la falta de confianza. Al revés del resto del mundo, la sociedad argentina ya no tenía crédito, porque nunca se reconstruyó el sistema financiero que implosionó en diciembre de 2001. Por lo demás, los argentinos sólo depositan la confianza en la plata que tienen en el bolsillo. La segunda ola de la crisis, que estará determinada por la caída vertical del consumo en los países más consumistas del mundo, llegará aquí con mucho más impulso.

Los Kirchner nunca superaron el descalabro político que les provocó la innecesaria crisis con el campo. Sin embargo, Néstor Kirchner no ha cambiado. Un ministro de indiscutible lealtad kirchnerista y el diputado Díaz Bancalari, también expresión casi fanática del ex presidente, le hicieron saber a la empresa Siderar, productora de acero de la multinacional Techint, que el gobierno expropiaría la compañía si se producían despidos de personal. Siderar sólo había suspendido personal para la ampliación de su planta, inversión que reprogramó por el vendaval de la crisis internacional.

Luego, Kirchner deslizó que se había tratado sólo de un "apriete" para que la empresa llegara a un acuerdo con los trabajadores. Que arreglen y se terminó el problema, ordenó. Nunca hubiera podido expropiar Siderar sin un escándalo político mucho mayor que el que debió soportar por la estatización de los fondos de pensión. Obnubilado sólo por las próximas 12 horas, el ex presidente nunca pensó lo cerca que aquella amenaza lo ponía de Hugo Chávez y lo lejos que lo situaba de cualquier solución a la crisis. Kirchner sólo se detiene en las partículas aisladas de los problemas.

El ex presidente ha profundizado, en cambio, su viejo sesgo autoritario. Políticos que no le son afines (como Jorge Maiorano, Javier González Fraga y Eduardo Amadeo) perdieron sus trabajos en empresas privadas, presionadas por el Gobierno para que los pusieran en la calle. Funcionarios subalternos de la administración fueron despedidos porque se arrimaron al redil político del vicepresidente Julio Cobos. El propio Cobos fue casi humillado cuando, como presidente en ejercicio, debió esperar en el aeropuerto durante una hora y media un avión oficial, que nunca llegó, para ir a la devastada Tartagal. Cristina estaba en Madrid. Néstor Kirchner mandaba desde Olivos.

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