Por Mariano Grondona para La Nación

Los dos triángulos y la pirámide

La alianza que acaban de anunciar Mauricio Macri, Francisco de Narváez y Felipe Solá completa el esquema de la oposición. El camino hacia octubre.
domingo, 15 de febrero de 2009 · 00:00
La alianza que acaban de anunciar Mauricio Macri, Francisco de Narváez y Felipe Solá completa el esquema de la oposición. Si se tiene en cuenta que también se consolida la alianza entre la Coalición Cívica de Elisa Carrió, el radicalismo probablemente sumado a Julio Cobos y el socialismo de Hermes Binner, podría decirse que la oposición que enfrentará al kirchnerismo en las elecciones de octubre próximo tiende a concentrarse en torno de dos ejes principales, uno de ellos (Carrió, radicales y socialistas) de centroizquierda y el otro (Pro y peronistas disidentes) corrido más hacia el centro de nuestra geografía política.

Los dos frentes opositores que se están formando, empero, son territorialmente heterogéneos. Podría decirse en este sentido que, en tanto que la coalición de centroizquierda aspira a tener un alcance nacional, la coalición de centro se concentra por ahora en la Capital Federal y la provincia de Buenos Aires, pero nada obsta para que el peronismo disidente del interior se sume finalmente a ella, también con la intención de cubrir el territorio nacional.

Estas son las dos coaliciones que procurarán encerrar al kirchnerismo en un movimiento de pinzas, para derrotarlo en octubre. Si calculamos el probable caudal electoral de cada una de estas formaciones, podría estimarse a vuelo de pájaro que el país político se dividirá en octubre en tres tercios: un tercio de centroizquierda, un tercio de centro y un tercio oficialista.

Pero, así como las dos formaciones opositoras son doctrinariamente vecinas, ya que ambas sostienen los principios de la república democrática, la formación oficialista es centralista y vertical porque sólo obedece a la voluntad de un hombre. Si tuviéramos que ilustrar con ayuda de la geometría lo que pasa hoy en nuestro país, pues, diríamos que dos triángulos desafían a una pirámide. En ambos triángulos ningún líder, ningún partido, pretende dominar a los demás; los triángulos tienden a ser en tal sentido "equiláteros" porque sus "lados" son de magnitud comparable. En la pirámide, al contrario, Néstor Kirchner manda solitario sobre los demás.

Computar por ello a las fuerzas políticas que se enfrentarán en las elecciones de octubre como si fueran doctrinariamente compatibles sería tan absurdo como sumar peras y manzanas.

Dos países posibles

Las democracias avanzadas de nuestro tiempo presentan una estructura bipartidaria en virtud de la cual compiten dos fuerzas políticas principales de alcance equivalente, ambas doctrinariamente republicanas y democráticas, turnándose en el poder según oscile el humor de los votantes. Esto es válido no sólo para los demócratas y los republicanos norteamericanos, los populares y los socialistas españoles, los laboristas y los conservadores británicos, la Concertación Democrática y la derecha chilena, los continuadores de Lula y de Cardoso en Brasil y los nacionales o blancos y el Frente Amplio uruguayos, sino también prácticamente para todas las democracias republicanas de nuestro tiempo. En ninguno de estos sistemas políticos militan con alguna posibilidad de éxito los unicatos sometidos a un líder pretencioso de reelecciones sin término. Para encontrar regímenes políticos similares al kirchnerismo, habría que incluir entonces al populismo autoritario de Chávez en Venezuela, de Correa en Ecuador y de Morales en Bolivia.

Lo cual quiere decir que, en octubre, no competirán entre nosotros simplemente tres formaciones políticas doctrinariamente equivalentes, sino dos opuestos sistemas de vida política . Esto confiere especial dramatismo a nuestra próxima contienda electoral. Si ganan los triángulos de centro y de centroizquierda, la Argentina empezará a encolumnarse en dirección de las democracias "normales" de nuestro tiempo. Si en cambio prevalece la pirámide kirchnerista, el país oscilará en dirección del desvío antidemocrático que hoy impera en una subregión latinoamericana. Lo que estará en juego en octubre, por lo tanto, no ser

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