Por Mariano Grondona para La Nación

¿Comenzó la diáspora del kirchnerismo?

Por las novedades que venimos viviendo, algunos observadores se han preguntado en estos días si no nos hallaremos frente a la diáspora del kirchnerismo.
domingo, 22 de febrero de 2009 · 00:00
Si tradujéramos el dicho inglés "Una vez es casualidad; dos veces es coincidencia, tres veces es acción enemiga" a nuestra realidad política, podríamos decir que el alejamiento del diputado Felipe Solá preocupó a los Kirchner, que la deserción casi simultánea del vicepresidente Cobos los alteró, y que deben haber recibido con alarma, ahora, la renuncia de Carlos Reutemann al bloque oficialista de senadores. Desde el momento en que hay que sumar a estas tres deserciones centrales -y una cuarta, que incorporamos a último momento: la renuncia del senador Juan Carlos Romero- las numerosas deserciones periféricas que las han acompañado, ¿nos hallamos entonces ante el comienzo de una diáspora potencialmente peligrosa para el kirchnerismo?

Kirchner se alteró en forma indirecta frente a Solá cuando su vocero más consecuente, el diputado Kunkel, lo insultó a gritos en la Cámara de Diputados. La alteración de ambos Kirchner contra Cobos se ha traducido en una serie de desconsideraciones dirigidas contra el vicepresidente de la Nación, las últimas de las cuales han sido negarle el avión oficial al que tenía derecho cuando era presidente en ejercicio y dejarlo sin granaderos en el homenaje a San Martín en Yapeyú. Si bien debe de haberse sentido afectado por estos gestos lesivos de su alta investidura, quizás al calmo Cobos lo haya aliviado advertir el saludable impacto que estas y otras andanadas del mismo porte han tenido en su envidiable nivel de popularidad.

Es llamativo, sin embargo, que la renuncia de Reutemann haya sido seguida, en lo inmediato, por el silencio bipresidencial. ¿Esperanzas residuales de tentar otra vez al senador con viajes o privilegios que éste ya ha rechazado? ¿Desconcierto sobre cómo proceder frente a su inmutable personalidad? El hecho es que, habiendo desdoblado el gobernador Binner las elecciones locales en Santa Fe, que ya no serán en octubre sino en agosto para evitar que queden "pegadas" a la elección nacional, a los Kirchner ya no les queda en esta estratégica provincia más que la modesta posibilidad de lograr que sus representantes en ella, sean Bielsa o Rossi, ocupen un distante tercer lugar frente a Reutemann y Binner.

Ni las groserías frente a unos ni el silencio frente al otro pueden arrojar en todo caso alguna luz al sombrío cuadro electoral que se le presenta a la pareja presidencial con miras a octubre en nuestros cuatro distritos principales, no sólo porque sus candidatos ya figuran terceros frente a Reutemann y Binner en Santa Fe, sino también porque ocupan el mismo lugar en la Capital Federal detrás del duelo eventual entre Carrió y Micheti, porque figurarán segundos en Córdoba frente a Juez a menos que el gobernador Schiaretti, para salvarse, se vuelque él mismo a la oposición y finalmente porque, habiendo perdido el interior de la provincia de Buenos Aires, no les queda otro recurso en ella que aferrarse al voto clientelista del conurbano y al discreto apoyo que todavía les brinda el gobernador Scioli, uno de los pocos kirchneristas que conserva una imagen recuperable. Si a los Kirchner les va a quedar este sombrío panorama en octubre, difícilmente lo podrán contrarrestar con el voto decididamente clientelista de algunas provincias menores en el Norte y en el Sur de nuestra extensa pero escasamente poblada geografía.
 
La madre de las batallas

Por las novedades que venimos comentando, algunos observadores se han preguntado en estos días si no nos hallaremos frente a la diáspora del kirchnerismo. La palabra "diáspora", ligada al antiguo inglés sper , "esparcirse" (como en spray ), y vecina a esperma (que se esparce), podría aplicarse correctamente a lo que le estaría ocurriendo hoy al kirchnerismo, que amenaza esparcirse, dispersarse, diseminarse, por las crecientes disidencias que lo afectan.

La aplicación de "diáspora" no sería tan precisa, en cambio, si no la tomáramos en su versión etimológica sino en su versión histórica, tal como lo hace el Diccionario de la Lengua Esp

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