Por Joaquín Morales Solá para La Nación

El campo y la derrota de la política

Algo se echa de menos y tal vez sea la ausencia de la política. Todos los manuales parecen extraviados. Resulta indescifrable ya, que el matrimonio presidencial insista todavía en librar batallas en nombre de causas perdidas.
domingo, 22 de febrero de 2009 · 00:00
Algo se echa de menos y tal vez sea la ausencia de la política. Todos los manuales parecen extraviados. Resulta indescifrable ya, por ejemplo, que el matrimonio presidencial insista todavía en librar batallas en nombre de causas perdidas. El perpetuo conflicto con el campo le propinó la primera derrota política en el Senado; lo convirtió al vicepresidente Julio Cobos en un extraño enemigo político; empujó a la oposición a tres ex gobernadores peronistas (Carlos Reutemann, Felipe Solá y Juan Carlos Romero); amenaza con dejar al oficialismo sin mayoría propia en el Senado, y está a punto de rodear a los productores rurales, otra vez, de una amplia simpatía urbana.

El kirchnerismo avanza hacia elecciones cruciales con pasos políticos torpes y cuando todavía no llegó aquí, aunque comienza a perfilarse, el maremoto de la crisis financiera y económica internacional.

Ningún problema del campo se ha resuelto y todos se han agravado. El conflicto del año pasado era todavía una disputa por la abundancia de gobernantes y campesinos; el de ahora se cifra en la escasez de todos ellos. Ese es el problema. Sin embargo, el Gobierno trata el asunto como si fuera una interna partidaria. Llamó a los dirigentes rurales a una reunión con la ministra Débora Giorgi apenas 15 minutos antes de que se anunciara el paro que está vigente y 24 horas antes de un acto en Córdoba largamente anunciado. ¿Podían los dirigentes rurales levantar por segunda vez un paro por ese gesto casi forzado del Gobierno?

Rebotaba entre la dirigencia rural, además, el caso Biolcati. El presidente de la Sociedad Rural había sido formalmente delatado por el Gobierno como ocasional interlocutor reservado de Julio De Vido. De ahora en más, los dirigentes de la administración sólo podrán dialogar delante de los periodistas. Nadie, bueno o malo, querrá exponerse de nuevo a la traición de los acuerdos que ha cometido el oficialismo. El propio Biolcati debió exponerse a un análisis de lo que hizo delante de los otros dirigentes rurales. Yo no lo hubiera hecho , escuchó de los otros varias veces.

Biolcati cerró la negociación con el desautorizado ministro en un tenso cara a cara. Todavía el Gobierno no había hecho públicos los encuentros entre el ministro y el dirigente rural, pero ya se habían producido fidedignas filtraciones periodísticas. Biolcati le dijo a De Vido que era mejor terminar con todo, porque la propuesta oficial era pobre y porque los encuentros comenzaban a conocerse.

Sólo después de esa última reunión, el martes último, el presidente de la Sociedad Rural se sinceró ante la Comisión de Enlace. Fue un error, pero no hubo nada malo de parte de Biolcati , sentenció luego un importante dirigente de otra entidad. ¿Y la unidad de las organizaciones? La unidad ya está por encima, por debajo y más allá de los presidentes , respondió.

Aquí hay muchas líneas internas , trató de justificarse De Vido ante Biolcati. Yo también tengo líneas internas , le respondió Biolcati, ciertamente crispado. Sí... pero lo mío es muy difícil , concluyó el ministro. No obstante, De Vido lo dejó a Biolcati y corrió a redactar, junto con la propia Cristina Kirchner, el documento que dio cuenta públicamente de todos sus encuentros con el líder rural, supuestamente protegidos por la reserva que pidió el funcionario mismo. Nadie, y mucho menos De Vido, está ya en condiciones de decirles que no a los Kirchner.

Si Alberto Fernández y De Vido, los ministros más importantes que tuvo el matrimonio presidencial, fueron desautorizados en sus gestiones con los productores rurales, ¿qué se puede esperar de una intermediación de Giorgi, una ministra que nunca llegó a escalar la difícil confianza de los Kirchner? Nada. Esa es la conclusión a la que llegaron los productores rurales y por eso decidieron continuar con el paro.

Néstor Kirchner no acepta encuestas que les den a él y a su esposa menos del 60 por ciento de aceptación popular. Echó hace unos días a un encuestador que le

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