Por Jorge Lanata para Crítica

Sin control, el Ejército Argentino planta soja en Campo de Mayo

Es la principal instalación militar: tiene 8.000 hectáreas y está a 30 km de Buenos Aires. El arrendamiento, las condiciones y el descontrol de los ingresos por la plantación resultan claramente irregulares.
domingo, 22 de febrero de 2009 · 00:00
En su instalación militar más importante –tiene ocho mil hectáreas y está a treinta kilómetros de Buenos Aires– el Ejército Argentino cultiva soja. El arrendamiento, las condiciones y el control –mejor dicho, descontrol– de los ingresos por ese rubro resultan, como se verá, claramente irregulares. La decisión política de llevarlo a cabo pertenece al Ministerio de las Paradojas: Cristina Kirchner, su Comandante en Jefe, ha fustigado en diversas ocasiones al yuyo maldito, presentándolo como el Primer Predador.

La batalla entre el General Yuyo y la Generala Fernández deja un saldo que no debe contarse en bajas: la suma del rinde de unos 40 quintales a un valor de 85 pesos el quintal promete una facturación de $ 1.496.000 y el arrendamiento de las 425 hectáreas sembradas le deja a la institución que se presumía anterior a la Nación unos $541.875 al año. Lo que se dice “una quintita”. Si en efecto se tratara de una guerra, bien podría decirse que la tropa propia mantiene tratos con el enemigo: los subordinados de la Generala Fernández convocaron a la licitación a uno de sus peores adversarios en la batalla de la soja, la Federación Agraria. En estas páginas puede verse el facsímil de dicha convocatoria, producida luego de que el campo se quejara públicamente por la incidencia de los pools de siembra en los arrendamientos del Ejército.

Si ya llevó a sus hijos a Temaiken, el paseo por el ejército sojero puede ser un buen programa: tome la ruta 202 y desvíese en el camino que atraviesa el predio militar, es público durante el día y de noche permanece cerrado.

TODO LO QUIETO SE PINTARÁ DE VERDE. No fue el marxismo internacional, no fue el sionismo, no fueron los apátridas, ni siquiera fue Alfonsín, tibio, tibio, rojo rosado, rosado blanco hasta las felices pascuas. Quien destruyó las Fuerzas Armadas fue Menem. Y lo hizo del modo más contundente: las desarmó, desguace de por medio, y las dejó con el presupuesto de una cooperadora escolar. Les dio la impunidad, el perdón, el feriado nacional, la medalla y el beso, pero vendió al mejor postor sus pocos secretos, abolió el servicio militar y nunca las profesionalizó. Nadie lo hubiera esperado, pero Menem lo hizo. Disolvió a los tiros el único amotinamiento militar ante el que Alfonsín ya hubiera firmado diez acuerdos y les permitió que –si compartían, claro– mantuvieran algunos negocios productivos. Como en la vieja casona de una familia venida a menos, los habitantes empezaron a vender los restos. Así, por ejemplo, el fallido Bendini conoció a De Vido: alquilándole maquinaria del Batallón de Ingeniería al entonces ministro de Obra Pública de Santa Cruz. Ahora es una práctica común: en Campo de Mayo, por ejemplo, se alquila para fiestas El Colonial, una especie de club house del Centro de Equitación. Lo mismo sucede en los regimientos de Patricios o de Infantería. ¿Alguien busca un granadero que anime su fiestita? (con strip hay un plus, reservar con tiempo).

Si bien los datos del arrendamiento sojero de Campo de Mayo eran conocidos, hasta hoy, por muy poca gente, en junio del año pasado el periódico Perfil consignó otra práctica similar: la explotación de las tierras libres del arma. Campo de Mayo es negociado por la inmobiliaria Comando de Ingenieros, en tanto que los otros predios corresponden al Comando de Remonta y Veterinaria, que promociona sus servicios comerciales en una página web: producen avena a granel, alfalfa para fardos, rollos y pellets, e intercambia o produce soja, girasol, maíz, arroz, pinos, trigo, duraznos, peras, ciruelas, álamos, nueces, membrillos, uva, eucaliptus y madera aserrada. El Comando de Real State se encarga de los campos del Ejército en Monte Caseros, Santo Tomé, Córdoba, Mendoza y el Haras General Lavalle en Tandil y Pringles. Licitan cada vez para un tipo de cosecha por un período determinado y cobran con granos o en efectivo.

–Este tipo de mecanismos para generar partidas extrapresupuestarias –le dijo a Crítica de la Argentina un ex ministro de Defensa– ya se usó en

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