Por Joaquín Morales Solá para La Nación

El Gobierno aísla cada vez más al país del mundo

Obama no llama. La Argentina de los Kirchner no figura entre sus prioridades. La visita que Cristina está haciendo a Madrid tendrá todo el boato de un matrimonio sin amor.
domingo, 8 de febrero de 2009 · 00:00
Obama no llama. La Argentina de los Kirchner no figura entre sus prioridades latinoamericanas. La visita que Cristina Kirchner está haciendo a Madrid tendrá todo el boato de un matrimonio sin amor. Macerado en el inclemente clima de la Patagonia, el matrimonio presidencial ha optado, ante las primeras desventuras de su vida política, por el encierro y el aislamiento, dentro y fuera del país. La Argentina está, en efecto, tan aislada como pocas veces estuvo desde la restauración democrática, aunque esta vez por la acción del propio gobierno argentino.

Tres veces Cristina Kirchner quiso postergar la actual visita de Estado a Madrid, que ya había sido suspendida dos veces. Sólo una advertencia desesperada del embajador argentino en España, Carlos Bettini, pudo resucitar el viaje. No habrá otra visita a Madrid si ésta se posterga, anunció. Los españoles se limitaron a una respuesta obvia: la decisión es de los argentinos.

¿Por qué la Presidenta, tan predispuesta antes a codearse con reyes y líderes extranjeros, era tan renuente a este viaje? Dicen algunos que su marido le insistió en la observación de que sería maltratada en Madrid por empresarios, periodistas y gobierno. Otros agregan que fue la propia Cristina la que intuyó un clima adverso, frío y distante por parte de los españoles. Fue uno de los viajes más difíciles de preparar y de concretar, aceptó una alta fuente diplomática argentina. Argentinos y españoles coinciden en describir el actual estado de la relación bilateral como el de más baja intensidad en los últimos años . ¿Más baja que cuándo? Más baja que cuando estaba muy baja, en medio de la gran crisis, porque entonces había esperanzas para el momento de la recuperación argentina; ahora, no , dijeron en Madrid y en Buenos Aires.

Ni siquiera agregó mejores condiciones la reciente y satelital suba en el precio de los servicios públicos. En Madrid no se confunden. Esa suba estuvo espoleada por la imposibilidad de los Kirchner de seguir distribuyendo casi 10.000 millones de dólares anuales, como sucedió en 2008, para subsidiar los servicios públicos. No fue una concesión a las innumerables gestiones del gobierno español sobre la situación de sus empresas en la Argentina, que siempre recibieron buenas promesas de los Kirchner, todas incumplidas.

Los últimos tiempos fueron peores aún: la reciente estatización de las AFJP sacudió fuertemente al sistema financiero español. El gobierno de Madrid nunca recibió ningún anticipo de esa decisión. No hablan, no dialogan, se quejaron siempre los españoles. El caso más largo, corrosivo y contradictorio fue el de Aerolíneas Argentinas, propiedad de dos líderes de la corporación empresaria española. Cristina Kirchner no se verá con la central empresaria hispana, porque su presidente, Gerardo Díaz Ferrán, es uno de los dueños de la compañía aérea. El gobierno argentino eliminó a última hora un día de la visita de Cristina Kirchner sin dar muchas explicaciones en Madrid, aunque allí provocó un descomunal problema de agendas y programas. Tampoco en Buenos Aires se conocen las razones.

Sólo la insistencia del presidente del Congreso español, José Bono, posibilitó que la presidenta argentina pueda hablar ante el pleno de los legisladores hispanos, como lo hicieron los principales presidentes latinoamericanos. Funcionarios argentinos habían insinuado que preferían un discurso de Cristina ante la comisión de Relaciones Exteriores. Bono les recordó que Lula, el mexicano Felipe Calderón y Michelle Bachelet habían hablado en el estrado del mayor recinto parlamentario de España. Cristina sospecha que en ese ámbito no tiene muchos amigos. Quizá no se equivoca. Pero no habrá desplantes ni réplicas a una presidenta en visita de Estado.

A Cristina la rodeará la fastuosidad de una visita de esa jerarquía a un país gobernado por una monarquía constitucional. Pero carecerá del contenido político y afectivo que tuvo la de Calderón, considerada en Madrid como un modelo de relación con América latina. De

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