Por Mariano Grondona para La Nación

La madre de todas las batallas es ideológica

La principal noticia política de la semana no ocurrió el martes, cuando la ministra Giorgi y otros funcionarios recibieron a la Comisión de Enlace, sino el miércoles, cuando los miembros de la Comisión se reunieron con casi todo el arco opositor en el Senado.
domingo, 01 de marzo de 2009 · 00:00
La principal noticia política de la semana no ocurrió el martes, cuando la ministra Débora Giorgi y otros funcionarios recibieron a la Comisión de Enlace, sino el miércoles, cuando los miembros de la Comisión se reunieron con casi todo el arco opositor en el Senado. Sin embargo, las expectativas de los observadores habían corrido en sentido contrario. La noticia de que el Gobierno recibiría a los dirigentes del campo después de meses de silencio ganó por novedosa los titulares periodísticos, pero algo después, cuando se supo lo poco que se había conversado, volvió el pesimismo que los interlocutores tendrán que remontar como una cuesta empinada en su segunda reunión, prevista en un principio para el martes próximo.

Después de un leve respiro, el pesimismo ha vuelto con tal fuerza que ya no se sabe incluso si
la segunda reunión, finalmente, se celebrará. Una razón que alimenta el pesimismo es que tanto el campo como el Gobierno han estado jugando otra partida simultánea en un segundo tablero. Del lado del Gobierno, ahora se sabe que, al mismo tiempo que se gestionaban las reuniones con el campo, el ex presidente Kirchner había dado instrucciones a uno de sus más entusiastas soldados, Ricardo Echegaray, para que sigilosamente proyectara la estatización del comercio exterior de granos. Pero fue en el segundo tablero del campo donde estalló otra novedad cuya importancia no podría subestimarse: el acercamiento decisivo entre la Comisión de Enlace y casi todo el arco opositor, que se manifestó en la reunión del último miércoles en el Senado. La importancia de esta reunión no podría subestimarse porque en ella se alumbraron dos acontecimientos políticamente trascendentes. El primero, el paso puro y simple del campo a la oposición. El segundo, el renovado protagonismo del Congreso.

Hacía tiempo que algunos dirigentes políticos como Elisa Carrió habían aconsejado a los miembros de la Comisión de Enlace que, en lugar de seguir intentando dialogar con el Poder Ejecutivo, cuya mala voluntad para con el sector rural ya está fuera de toda discusión, se encaminaran al Congreso porque fue en él, después de todo, donde el campo logró su primera victoria contra Néstor Kirchner mediante el famoso desempate del vicepresidente Cobos. Pero no hace falta ser memorioso para recordar que ese histórico desempate no habría sido posible sin el empate que lo precedió, al cual concurrieron precisamente los mismos legisladores que ahora están abandonando las menguadas huestes del ex presidente.

¿Antes de octubre?

Antes de la semana que hoy termina, las mayores esperanzas de la oposición apuntaban a octubre porque recién entonces, se suponía, el kirchnerismo podría perder el control del Congreso si era derrotado en las elecciones legislativas. La última semana, sin embargo, acaba de iluminar otro posible escenario: que si la diáspora del kirchnerismo y la asociación entre el campo y los opositores se acentúan y, por lo tanto, si la votación que desempató Cobos pudiera repetirse de ahora en adelante, la declinación política del matrimonio presidencial no llegaría después sino antes de octubre. He aquí un escenario que parecía impensable pocos días atrás: el giro copernicano del Congreso.

Quizá pocos describieron la situación tan brevemente como lo hizo nuestro lector Oscar Bravo en la edición del viernes de LA NACION: "Mientras los funcionarios del actual gobierno y, especialmente, el ex presidente consultan encuestas, modifican índices de la economía y se quejan por el comienzo de la estampida entre sus tropas? si Bill Clinton fuera candidato diría "Es el campo, estúpido". Es difícil desconocer en este sentido que la batalla entre Kirchner y el campo se ha convertido en la madre de todas las batallas.

El costo para el campo ha sido, por lo pronto, la caída vertical de sus exportaciones, sus inversiones y su producción, pero esta caída, que afecta además la demanda del campo sobre los bienes industriales -por ejemplo, sobre las maquin

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