Por Eduardo Van der Kooy para Clarín

La pequeña guerra fría de Kirchner

El rumor intenso sobre las nuevas reglas para comercializar granos agregó otra dosis de tensión al conflicto con el campo. El Gobierno matiza su estrategia con mensajes blandos y aprietes.
domingo, 1 de marzo de 2009 · 00:00
Néstor Kirchner está siempre a un tris de dinamitar las negociaciones con el campo. Se tentó el miércoles pasado. Maquinaría ahora una modificación para la futura comercialización de granos. Nunca pareció, en verdad, demasiado convencido con reanudar esas negociaciones. Pero a veces escucha a Cristina, sabe de la incomodidad de ministros involucrados directamente en el conflicto y presta atención a nuevos síntomas de la adversidad.

¿Por qué razón se tentó con la ruptura? El ex presidente no toleró ver a los dirigentes del campo en el mismo escenario que la oposición. Se juntaron en el Congreso y amontonaron palos contra el Gobierno. "¿Ven lo que consiguieron?", reprochó a varios de los hombres que dialogaron con él y que aconsejaron buscarle una salida armónica al pleito. "Estamos como el año pasado", rezongó.

El episodio, de todas formas, podría estar marcando la posibilidad de un matiz en los hábitos tradicionales de los Kirchner. ¿Es así? Sería temerario asegurarlo. Existe en todo caso una zona incierta, de tonos grises, que estaría atravesando el matrimonio en este tiempo preelectoral.

Esa duda los hace todavía navegar entre ciertos gestos de conciliación para acercarse a una sociedad tensa y desconfiada o la dureza para intentar blindar la tropa que todavía responde en el peronismo. La alusión que ambos hicieron la semana pasada a los supuestos traidores del partido completaría la conducta ambivalente.

Quizás haya pasado para Kirchner la hora del látigo. Ese látigo asoma desflecado. La invocación a los traidores que antes podía provocar miedo genera ahora reacciones impensadas. Cuando habló de traidores y de aquellos que ganaron "colgados de las faldas de Cristina" apuntó a Felipe Solá. El diputado prefirió guardar silencio pero irrumpió Carlos Reutemann. El senador no participó en la batalla electoral del 2007, porque arribó a su banca en el 2003 con un mandato de seis años que recién expira en diciembre. Pero no parece existir mejor negocio político, en especial en Santa Fe, que confrontar hoy con Kirchner.

Aquel látigo surte efecto en los peronistas que todavía lo frecuentan, en los que tienen por él un respeto reverencial, en los que no pueden evitar aún la cercanía geográfica y política o en los que lo necesitan para seguir administrando. En el resto del enorme tronco peronista se va registrando un desgajamiento irremediable.

Los que lo necesitan son, en especial, gobernadores e intendentes. Daniel Scioli tiembla cuando escucha las cifras de aumentos salariales que se discuten para los docentes porque ese aumento, antes o después, se trasladará al grueso de la administración pública bonaerense.

Los intendentes del conurbano necesitan los dineros oficiales más que nadie. Pero algunos de esos dirigentes, incluso en el segundo cordón --la hipotética fortaleza kirchnerista-- se enfrentan a un dilema. Los pone allí aquel soporte económico indispensable y, a la vez, el desencanto que impera con los Kirchner en vastos sectores de esas comunidades.

Los mismos intendentes observan octubre con mucha prevención. Ignoran qué candidato en Buenos Aires podría asegurarles la victoria. Aunque dentro de esa incertidumbre logran siempre una constatación: no hay nadie en el PJ del distrito que todavía supere la declinante ponderación que tiene Kirchner. Por ese motivo se explica el deseo de varios de ellos: "Que sea Néstor. Si gana se acabarán las discusiones. Si pierde podremos pensar en otro liderazgo y en el 2011", confiesan con una dosis de crueldad y fatalismo.

Kirchner está por primera vez pensando con seriedad la chance de ser al final el candidato. Es el jefe intratable que, como en el conflicto con el campo, creería ser protagonista de alguna gesta épica. Una gesta quizás en tiempo equivocado.

Pese a todo no avanza en penumbras. Revisa los números de las encuestas que, casi siempre, se circunscriben a Buenos Aires. En ese campo se dirimirá la elección de octubre y

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