Por Joaquín Morales Solá para La Nación

Un país otra vez en el borde de la cornisa

Un grupo de funcionarios y legisladores aguardaba ayer que la Presidenta anuncie hoy ante el pleno del Congreso la estatización del comercio de granos. La dirigencia rural lo creía probable.
domingo, 01 de marzo de 2009 · 00:00
Un grupo de funcionarios y legisladores aguardaba ayer que la Presidenta anuncie hoy ante el pleno del Congreso la estatización del comercio de granos. La dirigencia rural lo creía probable.
Otro conjunto de funcionarios confiaba en que las versiones sobre esa eventual medida formen parte sólo de los tradicionales y gastados métodos del kirchnerismo para presionar sobre distintos sectores de la sociedad. Un daño ya está hecho con la exclusiva circulación de versiones que nunca fueron desmentidas. Pero un daño mayor, y tal vez irremediable, se produciría si Cristina Kirchner le pegara hoy al campo el empellón final hacia un nuevo y más duro combate. La Argentina parece vacilar, otra vez, en el borde de la cornisa.

¡Si supieran que estamos preparando la estatización del comercio de granos! Carlos Garetto, presidente de Coninagro, les aseguró a sus pares en la Comisión de Enlace que oyó esa expresión de boca de la ministra de la Producción, Débora Giorgi. Se la deslizó al oído del secretario de Agricultura, Carlos Cheppi, mientras Eduardo Buzzi hablaba sobre los problemas de la comercialización de granos durante la reunión de todos ellos el martes pasado. Pero el tema nunca fue expuesto de manera formal en ese encuentro. Garetto había quedado casualmente sentado, alrededor de una mesa oval, más cerca de Georgi y de Cheppi que los otros presidentes.

En la noche del jueves último, Néstor Kirchner, Julio De Vido, Carlos Zannini y Ricardo Echegaray trabajaron juntos hasta muy tarde en Olivos. Nadie sabe qué urdían. Pero la presencia de Echegaray, el hombre que le propinó la venganza al campo estorbando las exportaciones agropecuarias, sembró la suspicacia sobre la posibilidad de que hayan estado dándole forma a la estatización del comercio de granos.

Kirchner venía voraz, como siempre, por unos 1500 millones de dólares de soja guardados en silos. El Gobierno estima, para peor, que serían 3000 millones de dólares. El ex presidente no puede dormir pensando que unos 1000 millones de dólares caerían en el acto dentro de sus alforjas. Los productores guardan esas cosechas porque les confían poco a los bancos y porque, en última instancia, esperan un nuevo nivel de retenciones.

La voracidad se juntó con la bronca cuando vio a los principales líderes agropecuarios en el Congreso, rodeados por toda la oposición al kirchnerismo. Era una audiencia abierta a la que el oficialismo no fue porque no quiso. Pero Kirchner es así: no hace ni deja hacer, salvo cuando se trata de su voluntad. Fue entonces cuando ordenó la ofensiva, mediática por ahora, para manotearle al campo el comercio de sus productos. La versión por sí sola ya es rupturista. ¿Cómo se continúa con el diálogo cuando los productores sienten que tienen un revólver en la cabeza? ¿Cómo, cuando se ha destruido el clima de la negociación? Kirchner es un caso extraño: seguramente ve la fosa que se cava él mismo, pero sigue trabajando en ella de sol a sol. ¿Por qué? Alguien que posó de malo durante seis años tiene que ser más malo en la caída, porque, si no, cualquiera se le animará , teoriza un conocedor de Kirchner.

Detrás de la escena, ninguno se regodea con la idea de un acuerdo. Gobierno y ruralistas sólo están jugando con tiempos distintos. Los líderes del campo esperan a que transcurra marzo.

Entonces, los chacareros se habrán quedado sin un peso, muchos empleados del comercio y la industria del interior podrían ser despedidos (ya se habrán agotado las actuales instancias de vacaciones y suspensiones) y los ánimos estarán predispuestos para otra sublevación. Es probable que los propios centros urbanos hayan recibido entonces los primeros síntomas palpables de la recesión que ya está en el interior. Los líderes rurales van al diálogo, pero esperan a marzo. ¿Por qué no imaginan un espacio de acuerdos? Porque el G obierno tendría que aceptar que debe poner patas para arriba su actual política agropecuaria. Imposible, dijo uno de ellos.

El Gobierno conoce la canch

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