Por Joaquín Morales Solá para La Nación

El país que dejó atrás el apuro electoral

'Preferimos morir en la ruta antes que en la chacra', los líderes rurales sintieron una ligera vibración física cuando el jueves escucharon esa frase, varias veces repetida, de parte de productores rasos en el interior del país
domingo, 15 de marzo de 2009 · 00:00
Preferimos morir en la ruta antes que en la chacra. Los líderes rurales sintieron una ligera vibración física cuando el jueves escucharon esa frase, varias veces repetida, de parte de productores rasos en el interior del país. Repartan la plata o vamos a salir a la calle todos los días. Hugo Moyano la sorprendió a Graciela Ocaña con esa advertencia. El líder cegetista sabe que el piso se le mueve porque no controla los recursos de las obras sociales, porque la Corte Suprema avanzará sobre la libertad sindical y porque la crisis se está llevando la disciplina de gremios y trabajadores. Policías y civiles inocentes caen también, todos los días, por una delincuencia decidida a matar como quien juega a tirar al blanco.

Todo eso sucedía antes de que Néstor Kirchner (su esposa, la Presidenta, no hizo más que seguirlo luego) decidiera adelantar las elecciones y meter al país en una prematura campaña electoral. Es ya inagotable la capacidad de Kirchner para crear innecesaria tensión. La Argentina vive en un permanente estado de estrés postraumático desde hace casi seis años. Para peor, cuando los Kirchner retozan en tribunas de vida o muerte son potencialmente peligrosos para cualquier noción de la armonía social.

De hecho, y también antes de que se conociera el apuro electoral, Cristina Kirchner intentó prender la mecha de eventuales enfrentamientos sociales. Los maestros no podrán cobrar por culpa de los productores rurales , dijo. La mecha no prendió. No prendió porque este gobierno ya no influye en nadie, pero hace dos años hubiera provocado que los maestros incendiaran los campos , se espantó un dirigente rural.

El Estado vive a pan y agua; a veces, no tiene ni para eso. Cuestiones básicas de la educación, la salud o la seguridad son postergadas porque no hay plata para financiarlas. Los funcionarios susurran, miedosos, esas miserias. El despilfarro kirchnerista de más de cinco años está pasando su inevitable factura. ¿Cómo financiarán todos los anuncios que hacen desde Olivos? , averiguaba, más curioso que crítico, un ministro de Cristina.

Los Kirchner adelantaron las elecciones respaldados en el argumento de que la crisis se cargará la popularidad de los más pintados, incluida la poca que les quedaba a ellos. Sin embargo, no es eso lo que les está pasando a los buenos y prudentes presidentes del propio vecindario. Lula pasea su popularidad al lado de las estrellas (supera el 85 por ciento de aceptación social); Michelle Bachelet tiene ahora las mejores simpatías sociales de toda su gestión, y Tabaré Vázquez cuenta en estos meses con el apoyo de más uruguayos. Cada uno, en fin, arrastra en la vida sus propias cadenas.

La lógica del conflicto se asemeja a un círculo continuo. Kirchner mandó boicotear los acuerdos con los dirigentes rurales y luego, ante la previsible reacción de éstos, se declaró ofendido. Ordenó una ofensiva final contra el campo, a pesar de la formalidad de los diálogos de Florencio Randazzo y Débora Giorgi. Siempre habrá tiempo para que Guillermo Moreno desarme lo que los otros arman. Las cartas de porte que le sacaron a la Federación Agraria, ahora en manos del Gobierno y necesarias para las exportaciones, se han convertido en un rompecabezas para los productores. La resolución que mejoraba la producción de leche se olvidó del dulce de leche, pero incorporó la harina. Extraña confusión.

Las ganas de perder tiempo de parte de los funcionarios son patéticas. En la última reunión de la dirigencia rural con Giorgi y Randazzo, los funcionarios alargaron injustos reproches sobre el artículo de una periodista en un medio independiente. Nadie se explicó nunca las razones de semejante escándalo.

Los dirigentes rurales esperaban pelear en el Congreso una considerable reducción de las retenciones a la soja. Final sin principio. Ni la oposición ni los propios dirigentes rurales aceptarán ahora someterse a una derrota parlamentaria en medio de la desbocada campaña electoral. Previsiblemente, el peronismo k

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