Jorge Lanata para Crítica

Otelo en la cruzada contra Clarín

Punto por punto, el proyecto de Ley de Radiodifusión y la estrategia del Gobierno en la nueva pelea con el multimedios.
domingo, 15 de marzo de 2009 · 00:00
Yago: –El moro se altera ya bajo el influjo de mi veneno. Las ideas funestas son, por su naturaleza, venenos que en principio apenas hacen sentir su mal gusto; pero, poco a poco, que obran sobre la sangre, abrasan como minas de azufre… ¡Tenía yo razón! ¡Mirad, aquí viene! ¡Ni adormidera ni mandrágora ni todas las drogas soporíferas del mundo te devolverán jamás el dulce sueño que poseías ayer!

Del acto III, escena III, de “Otelo, el moro de Venecia”, de William Shakespeare.
Emilia le acaba de entregar a Yago el pañuelo que Desdémona perdió en su cuarto.

Este miércoles , en el Teatro Argentino de La Plata, Cristina anunciará el “Proyecto de Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual”. ¿El copresidente estará en un palco, entre el público de la primera fila o estirado en la mesa central del escenario, como el viernes en Chubut? En la herradura de cinco niveles del Teatro Argentino, fundado en 1890, se anunció la candidatura presidencial de CFK, y ahora, en medio del vendaval, el Gobierno abrirá otro frente: el de la pelea con Clarín. A nadie debería extrañarle, entonces, la casualidad: el Argentino levantó por primera vez su telón con el estreno de Otello, la ópera en cuatro actos de Giuseppe Verdi basada en la tragedia de Shakespeare. La del moro de Venecia es la historia de una fiebre desatada por el amor que bien puede confundirse con el poder: el pañuelo perdido de Desdémona “plantado” por Yago convierte en sangre los celos de Otelo, que asesina a su mujer por la traición que sólo ocurrió en su delirio.

–¡Ésta es la causa, ésta es la causa, alma mía! ¡No la diré ante vosotras, castas estrellas! ¡Ésta es la causa!

¡Cuando hayas muerto, sigue así, que yo te mataré y te querré por siempre! Me hace llorar, pero es llanto cruel. Este dolor es celestial, pues hiere aquello que ama –le dice Otelo a su amada clavándole un puñal.

En aquel momento todo es cierto: el complot, el pañuelo, la traición. Después, sólo será verdadera la sangre. Muerta, Desdémona será finalmente controlada. Así, el amor de Otelo será perfecto.

–Néstor se va a suicidar pero, probablemente, antes logre sacarle algunos negocios a Clarín –le dijo a este diario un ex miembro del entorno íntimo del copresidente.

–Esto es La guerra de los Roses –agregó–, se van a matar entre ellos.

Los exégetas del kirchnerismo, aquellos que, como los monjes medievales, se dedican a interpretar las entrelíneas de los textos, sostienen que el copresidente fuga hacia delante, tapando un escándalo con otro mayor. En esa lógica, la embestida contra Clarín sirvió para olvidar la derrota de Catamarca.

–¿Qué te pasa, Clarín, eh? –dijo Néstor el lunes en Caseros y todo comenzó otra vez.

–Estás equivocado; así todo es pérdida –le dijo ese mismo día, por teléfono, Alberto Fernández–. Estás victimizando al Grupo.

–Son unos hijos de puta –sentenció el copresidente y dio por terminada la discusión.

La opinión de Desdémona –perdón, Cristina– sobre el Grupo no es mejor: nunca los quiso y su exabrupto sobre la caricatura de Sábat fue lanzado sin consultar a nadie. Cristina cree, para colmo, que a Néstor lo trataban mejor. La relación entre el copresidente y Héctor Magnetto ha tenido sus altibajos y sus hitos: recuérdese que fue el gobierno K el que extendió las licencias o permitió la aprobación de la Ley Clarín de Bienes Culturales, el mismo que también presenció sin chistar la fusión de CableVisión y Multicanal que ahora cuestiona. Magnetto y Néstor planeaban brindar junto al arbolito pero la tapa del 23 de diciembre hizo que la cita estallara en pedazos: Cristina había anunciado bajas en las retenciones del maíz y el trigo, y Clarín tituló: “Kirchner se opuso y al final no baja la retención a la soja”. Para Néstor, aquella tapa fue una nueva declaración de guerra. –Desde que Alberto se fue, Magnetto y Kirchner hablan directamente –comentó a Crítica de la Argentina un funcionario de la Rosad

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