Joaquín Morales Solá para La Nación

Inquietante clima de odio

La violencia es, a veces, una construcción lenta de palabras y de gestos. La Argentina camina hacia ella.
domingo, 22 de marzo de 2009 · 00:00
La violencia es, a veces, una construcción lenta de palabras y de gestos. La Argentina camina hacia ella. El campo estalló, como era previsible, tras la nueva embestida del Gobierno contra los productores agropecuarios, debidamente informados de que la administración los odia. El odio es siempre un prefacio de la violencia, como lo son las medidas inconsultas, las sorpresas que afectan a millones de argentinos o los discursos iracundos. Hay un perceptible e inquietante clima de odio de parte de los que gobiernan hacia el ruralismo y del ruralismo hacia los que gobiernan. Así, la paz social sólo existe como una ausencia.

Y la política es impracticable cuando prevalecen las pasiones. Si fuera cierto que el Gobierno aceptó entregar el 30 por ciento de las retenciones a la soja, nadie se explica por qué no les dio ese dinero a los productores agropecuarios. Una reducción de ese tamaño en el nivel de las retenciones habría serenado a los productores en el acto. Estos son, guste o no, los que siembran y cosechan en el campo. De paso, esa decisión hubiera dejado tranquilos a gobernadores, a intendentes y al propio sector rural, todos protagonistas de una excesiva crispación. No busquemos soluciones racionales. Hay muchos que están enfermos de odio , deslizó un confidente de la cima.

Los dirigentes agropecuarios convocaron a un paro rural cuando no tenían otra alternativa que convocar a un paro. El paro fue también un saco a medida para los propios líderes del campo, furiosos desde el anuncio de la coparticipación de las retenciones. Se asustaron, además, cuando entrevieron que el adelantamiento electoral será convertido en ley por el Senado en los próximos días. Gobierno y legisladores se dedicarán a partir de entonces a la campaña electoral y nosotros habremos desaparecido , presagió uno de los máximos dirigentes rurales.

Los gobernadores y los intendentes no vivirán en paz. Los Kirchner intentaron enlazarlos con la promesa de mayores recursos provenientes del sector rural. Recursos fiscales a cambio de simpatías electorales. La vieja fórmula de Kirchner. En su método no existen la seducción ni la sugerencia.

A su vez, los dirigentes del campo sacaron a los ruralistas a las rutas y al paro para hacerles imposible la existencia a los mismos gobernadores e intendentes. Los funcionarios de las regiones sojeras no alcanzaron a alegrarse de la novedad oficial cuando ya les llegó la noticia de la sublevación frente a sus narices. Ese es el forcejeo esencial que todos ellos libran en estas horas. La violencia no está lejos.

Kirchner aspira a derivar fondos de la soja a los intendentes del conurbano. La sola presunción de esa supuesta intención exaspera a los productores. Estamos muy mal y estaremos mucho peor sólo porque el Gobierno decidió alimentar el clientelismo electoral con nuestro esfuerzo , repiten en la cresta agropecuaria tanto como en los costados de las rutas.

El gobernador de Córdoba, Juan Schiaretti, es el segundo en el ranking de la bronca rural; el mandatario provincial sólo se manifestó, tibiamente, de acuerdo con la decisión de coparticipar las retenciones. Córdoba sentirá nuestro fastidio , advirtió un dirigente rural. La frontera entre amigos y enemigos es cada vez más inflexible en medio del combate.

Un político argentino, ex funcionario kirchnerista, que pasó por Washington y escuchó pronósticos de catástrofe sobre la crisis internacional, no podía el viernes descifrar las claves de la discordia vernácula. Un día nos levantaremos en la Argentina y descubriremos que estamos colgados sólo de una palmera. Entonces lamentaremos el tiempo que hemos perdido , suspiró. Una alta funcionaria del Departamento del Tesoro de Washington lo había recibido, desolada, con estas palabras: Váyase de Washington si está buscando buenas noticias. Aquí nadie sabe hasta dónde llegará la crisis ni cuánto tiempo durará. Todos los pronósticos son inciertos e infundados. Esa es la verdad . El político argentino que la escuchaba

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