Por Horacio Verbitsky para Página12

Ataques a la prensa

Irak es el país más peligroso del mundo para los periodistas. En América latina los principales problemas se dan en México, Colombia, Brasil, Centroamérica, Cuba y Venezuela.
domingo, 08 de marzo de 2009 · 00:00
El Comité de Nueva York para la Protección de Periodistas (CPJ) sostiene que los traficantes de drogas en México, las organizaciones criminales en las favelas brasileñas, los paramilitares en Colombia y las pandillas callejeras violentas en El Salvador y Guatemala están aterrorizando a la prensa, que ante la falta de garantías de los gobiernos y los sistemas judiciales elige autocensurarse. En la Argentina, en cambio, CPJ sólo registró un ataque a un periodista, durante una riña callejera en la provincia del Chaco, mientras dos fallos judiciales expandieron la protección a la prensa. Brasil y Colombia están entre los países más peligrosos del mundo para la prensa, dice el CPJ, organización creada por los más prestigiosos periodistas estadounidenses en 1981, para ayudar a los colegas perseguidos por las dictaduras de la seguridad nacional. Su actual presidente es Carl Bernstein, uno de los autores de la investigación sobre el caso Watergate.

Periodistas asesinados y encarcelados

Su director ejecutivo es el periodista Joel Simon, que en este reportaje analiza el “desastroso impacto” que la denominada guerra contra el terrorismo tuvo sobre la prensa. El principal indicador que maneja es la cantidad de periodistas muertos y encarcelados cada año, cuyo número creció de modo vertical en los últimos ocho años. El país más peligroso para ejercer el periodismo desde la creación de CPJ es Irak y “tal vez nunca hubo en el mundo una situación igual”. Ciento cincuenta periodistas y más de medio centenar de auxiliares perdieron la vida allí desde la invasión estadounidense. La principal fuente de inseguridad para los periodistas son las organizaciones insurgentes, que acusan a los periodistas de complicidad con los invasores, pero Simon tampoco desdeña el riesgo que implica para el periodismo la actuación de las fuerzas estadounidenses. “Dieciséis periodistas fueron muertos por su acción y si bien no puede decirse que hayan sido ataques intencionales, lo cierto es que esos casos no se han investigado. Esto muestra el nivel de violencia que enfrentan los periodistas, que no pueden acercarse a un retén militar sin correr peligro de muerte”, dice. En cuanto a los periodistas encarcelados, fueron 81 en 2000 y saltaron a 125 en 2001, una cantidad que se mantuvo estable en los años siguientes. China y Cuba son los países que encabezan ese ranking, sostiene. Aunque Estados Unidos sólo es responsable de un arresto por año en promedio, de periodistas que son confinados en Guantánamo, Bagran u otros sitios, su influencia en esta situación es indirecta. “Países como Eritrea o Cuba aprovecharon el clima internacional creado por la guerra contra el terrorismo. En términos morales, Estados Unidos perdió legitimidad para abogar por la libertad de expresión”, dice Simon, cuya crítica al rol de los medios de su país se concentra en los primeros años posteriores al 11 de septiembre de 2001. Después, dice, recuperaron su rol independiente y publicaron investigaciones responsables sobre abusos de poder del gobierno de George W. Bush, tanto en casos de corrupción como de espionaje interno sobre sus propios ciudadanos. Simon aclara que no es experto en medios. Aquí hay organizaciones que supervisan la tarea de los medios y otras, como CPJ, que defienden la libertad de expresión, una distinción que para las costumbres argentinas suena artificiosa. Simon está casado con Ingrid Abramovitch, también periodista, especializada en temas de diseño y costumbres, con quien tiene dos hijas de 8 y 6 años, Ruby y Lola, cuya curiosidad hace temer que alguna de ellas siga los pasos de papá y mamá.

El desastre mexicano

Al hablar sobre Latinoamérica, Simon sostiene que un caso especial es México, país donde residió varios años como corresponsal y donde escribió un libro sobre ecología. “La cantidad de periodistas muertos en México es menor que en los países en guerra, pero claramente superior a la de cualquier otro país que no está en guerra, y sin dudas el más peligroso de la

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