Por Joaquín Morales Solá para La Nación

El gobierno es el problema del Gobierno

Un muro es siempre una metáfora de distancias e impotencias. Un inconcebible muro físico cayó en San Isidro. Otro muro, menos visible y más definitivo, se está levantando entre los dirigentes que gobiernan y la sociedad gobernada.
domingo, 12 de abril de 2009 · 00:00
Un muro es siempre una metáfora de distancias e impotencias. Un inconcebible muro físico cayó en San Isidro. Otro muro, menos visible y más definitivo, se está levantando entre los dirigentes que gobiernan y la sociedad gobernada. Funcionarios que serán candidatos. Candidatos a legisladores que nunca serán legisladores. Puras maniobras de hombres y de estructuras, todos muy lejanos de las impaciencias colectivas.

Sólo un notable aislamiento puede explicar que el poder haya concebido a los candidatos como el problema y la solución de una elección virtualmente perdida. Eso puede suceder cuando la derrota le es anunciada a la oposición. El gobierno tiene, en cambio, políticas y gestión, que son las que la sociedad evalúa cuando usa las urnas.

El kirchnerismo planteó las elecciones de junio como un plebiscito, y esa palabra la han adoptado hasta los propios y pocos parroquianos de Olivos. Hugo Chávez ha sido, hay que reconocerlo, más claro y honesto. Siempre propuso un plebiscito en los términos de un plebiscito: sólo se lo gana con el 50 por ciento de los votos. Perdió una vez, cuando sacó el 48 por ciento de los sufragios y reconoció la derrota.

En cambio, la campaña kirchnerista se hará, según todo lo indica, con el discurso de un plebiscito. Discurso y campaña, nada más. ¿O en la noche del 28 de junio no volverá a ser lo que es, una simple elección de mitad de mandato? ¿Kirchner no se declarará vencedor, acaso, con sólo un 35 por ciento de los votos, si es que llegara a ese porcentaje? Plebiscito o elección. Cualquier cosa da lo mismo.

La última noción de institucionalidad ha quedado sepultada por una retórica de crisis, según la cual todo estaría permitido por la excepcionalidad de una dramática situación nacional e internacional. Un gobierno sin gobernabilidad es un peso muerto , se encrespó Daniel Scioli, después de empaparse en la tormenta de críticas que recibió. Scioli ratificó el viernes que será candidato a diputado.

Mucho menos lírico, Néstor Kirchner comprobó antes dos peligrosas situaciones prácticas. Una de ellas es que los intendentes del estratégico conurbano estaban colocando candidatos en las dos listas peronistas: la de Kirchner y la de De Narváez y Felipe Solá. La otra es que el nombre del ex presidente sólo arrastraba entre un 32 y un 35 por ciento de voluntades en el segundo cordón, donde habitan los bonaerenses más pobres. Hasta sus más cercanos encuestadores le habían advertido de que ahí, en el segundo y más poblado cordón, Kirchner debía alcanzar al 50 por ciento de los votos. Es la única manera de compensar una derrota limpia en el primer cordón y un fracaso estrepitoso en el interior bonaerense.

Otro bloque de votos tan importantes como el conurbano ya está perdido. Es el que integran los distritos de la Capital, Santa Fe y Córdoba. El congreso peronista de Santa Fe decidirá el próximo viernes su estrategia electoral. ¿Resultado? Aquí todo lo que huele a kirchnerismo espanta a la gente , dijo uno de sus principales dirigentes. El jefe político de ese peronismo, Carlos Reutemann, ya ha tomado distancias insalvables de Kirchner.

El peronismo de Córdoba se le sublevó a Kirchner con la elección de Eduardo Mondino, viejo antikirchnerista, como candidato a senador nacional. Mendoza ha caído en manos del adversario, y Entre Ríos vacila entre el peronismo gobernante y la oposición del radicalismo y la Coalición Cívica. En ese puñado de seis distritos vive el 75 por ciento del electorado argentino. ¿Qué es todo eso, sino la definición de una derrota?

El problema de Kirchner es que su última orden no está siendo obedecida. El gobernador salteño Juan Manuel Urtubey se hizo a un lado en el acto; el chaqueño Jorge Capitanich está pensando si acatará o no, y el sanjuanino José Luis Gioja se abrazó a las instituciones y al cumplimiento de su mandato. Todos ellos estaban al lado de Kirchner hasta hace pocos meses. Otros gobernadores, menos comprometidos con el kirchnerismo, ya han deci

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