Por Mariano Grondona para La Nación

La deformación plebiscitaria de la democracia

Los mismos principios rigen para las competencias electorales de la democracia, en las que los "jugadores" son los candidatos que aspiran a obtener el favor de la ciudadanía también bajo la vigilancia de jueces imparciales.
domingo, 12 de abril de 2009 · 00:00
Toda competencia deportiva incluye, además de los jugadores, un árbitro independiente cuya misión es asegurar el cumplimiento de las reglas del juego establecidas antes de que los jugadores salgan a la cancha. Estos mismos principios rigen para las competencias electorales de la democracia, en las que los "jugadores" son los candidatos que aspiran a obtener el favor de la ciudadanía también bajo la vigilancia de jueces imparciales cuyo cometido es garantizar el cumplimiento de las reglas de este otro "juego", escritas en la Constitución y en las leyes antes de que esos "jugadores" se internen en la campaña electoral. Cuando estos principios no se aplican en el deporte, decimos que hay "trampa". Cuando no se aplican en las elecciones, decimos que hay "fraude". El fraude desnaturaliza a la democracia porque anula su fundamento filosófico: la soberanía popular .

Estas consideraciones generales nos llevan a una pregunta inquietante: al manipular reiteradamentes las reglas destinadas a presidir el pronunciamiento popular del 28 de junio, el ex presidente "en ejercicio" Néstor Kirchner, ¿no está cometiendo fraude? Su "fraude", si lo hay, se da en todo caso en frenéticas etapas. Empezó por adelantar en cuatro meses la fecha de las elecciones originalmente previstas para el último domingo de octubre mediante una ley, que acaba de ser alterada por el oficialismo sin procurar siquiera el consenso de los demás "jugadores". Los voceros oficiales pretendieron ampararse en el argumento de que este adelantamiento que los adeptos de Kirchner votaron en el Congreso pese al rechazo de la oposición es una nueva norma en cierto modo "neutra" porque podría beneficiar a todos los que sepan aprovecharla, aunque también podría decirse que, al sorprender a sus rivales con esta súbita "innovación", el kirchnerismo los ha privado del tiempo necesario para prepararse.

Si alguna duda quedaba sobre la intención de Kirchner, fue disipada cuando el ex presidente "en ejercicio" decidió, esta vez ya no por ley sino por un decreto de necesidad y urgencia, completar el despojo que ya sufre el campo con las retenciones a la soja no sólo negándoselas a los productores, sino también atribuyéndoles el 30 por ciento de ellas a los intendentes y los gobernadores, que se vieron ante la necesidad de aceptar este inesperado "regalo" so pena de quedar desfinanciados.

Si esta segunda decisión daba curso a la sospecha de que Kirchner quiere inclinar la cancha en su favor el 28 de junio, cuando produjo la tercera, que es la propuesta de sumar a los gobernadores e intendentes que todavía son leales a sus propias listas de candidatos a senadores y diputados, dejando saber además que esos candidatos no ocuparán las bancas para las que sean posiblemente elegidos y se quedarán al contrario en las posiciones ejecutivas que ya poseen, el afán electoralista del oficialismo asumió para los opositores e incluso para algunos kirchneristas la forma de una verdadera "burla" a la ciudadanía, a la que se pretende convocar a votar por candidatos ilusorios.

Todo vale

¿Ha cesado aquí, en cualquier caso, la ofensiva "innovadora" del oficialismo o, para el caso de que el temor de perder en junio lo siga acosando, Kirchner prepara en silencio nuevas violaciones de las reglas electorales que tratará de gestar cuando las crea necesarias para imponer su voluntad, como sea, en los comicios venideros? Esta es la pregunta que acaba de hacerse el analista Rosendo Fraga al notar que no estamos simplemente ante una, dos o tres violaciones del espíritu democrático sino más bien ante una "seguidilla" potencial de futuras violaciones que el presidente en ejercicio aún esconde en su galera. "Todo vale." Si uno de los jugadores de la competencia estuviera dispuesto, en una campaña signada por su desesperación de ganar o ganar de cualquier forma con tal de persistir en su obsesiva búsqueda de un poder sin límites y sin plazos, esta búsqueda estaría reñida con el juego limpio de la democracia. ¿Adónde podría d

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