Por Jorge Lanata para Crítica

Las listas testimoniales no son un recurso nuevo en el mundo Kirchner

El copresidente repite un esquema ya probado en Santa Cruz, una tierra de reelección indefinida e instituciones ausentes. Cristina fue candidata diez veces en 20 años. ¿Cómo hará para presentarse en Bs. As.?
domingo, 12 de abril de 2009 · 00:00
“Todos los hombres son iguales. Pero algunos son más iguales que otros.”
Mafalda.


“No hay nada más peligroso que un buen abogado.”
Alphonse “Scarface” Capone, 1946. Miami Beach.


Todo comenzó hace muchos, muchos años. Antes del Diluvio se decidió que los candidatos debían ser “famosos”. Populares, y no buenos, o experimentados, o capaces. La retórica periodística los bautizó “extrapartidarios” y la dirigencia se lanzó a cazarlos con fruición. Los famosos implotaron el sistema de partidos, retrasaron el recambio generacional y modificaron los pocos valores que sostenían, endeble, al sistema. La popularidad –a veces fruto del mérito, otras un simple accidente– se transformó en el nivelador: es famoso, ya corre la mitad de la carrera. En paralelo, el nepotismo comenzó a verse con cierta simpatía:

–Lo nombré porque es mi hermano, es cierto. Pero necesito en ese cargo a alguien de confianza.

–Ok, es mi mujer. ¿Pero sabe usted cuánto hace que milita?

–Mi primo es el más capaz que conozco. ¿Lo tengo que discriminar?

Después se violó la lógica de los distritos:

–Soy santafesino, viví toda mi vida en Córdoba pero ya llevo un año y medio en Buenos Aires. ¿Por qué no puedo representar a los porteños?

–Deberían sumarlo: hice de primero a cuarto año, en 1966, en la provincia. Es cierto, luego me mudé a Yugoslavia por 25 años. Pero volví, ¿no?

Así, la excepción mudó en normalidad: jugamos un partido en el que todo el tiempo, cuando pierden, nos amenazan con llevarse la pelota.

Vaciados de contenido, los partidos se transformaron en sellos que llegan a venderse al mejor postor:
AAA Partido alquilo en Capital. Sin uso.Todo legal y bendecido por Servini de Cubría. Logo incluido. Pero faltaba algo más: que los cargos perdieran todo sentido. Presentarse a un cargo para no ocuparlo luego. O para discutir, por caso, qué conviene. Así, el vicepresidente podrá devenir en concejal, el ministro en gobernador, el senador en diputado. O todo lo contrario. Si la lista sábana oculta a los candidatos indeseables, el cargo “testimonial” transforma el sistema en una broma y la carga de la función pública en un cheque en blanco: ser “electo” es un superpoder, como la kryptonita, no un mandato o parte de una obligación social.

–Tengo el poder, ya veré cómo me conviene usarlo.

Ninguna idea puede volver al poder más discrecional: puedo usarlo en el rol que quiera, el tiempo que desee, en la institución que necesite. Ser elegido por el pueblo para ocupar una función implica llevarla a cabo y rendir cuentas por ello. Ser elegido para no ocupar ninguna o para hacerlo “a la carta”, ¿a qué obliga y cómo se cumple?

¿Cuáles son los planes del gobernador que quiere ser diputado? ¿Qué piensa hacer en la Ciudad la vicejefa que quiere ser legisladora? ¿Que harían en el Congreso la ministra o el jefe de Gabinete? ¿Suena más democrático que los intendentes presidan las legislaturas? Algo tienen todos en común: saben decir que sí. Todos, dóciles, sabrán obedecer. La febril estrategia “testimonial” viola, a la vez, la división de poderes: un funcionario del Ejecutivo puede pasar sin más al Legislativo, o al revés. Es cierto: todavía no pueden ser jueces. Pero démosle tiempo al tiempo. Los tres poderes van camino a convertirse en dos. Y la democracia, en una cáscara.

Esta historia comienza en mayo de 2003. En aquellas semanas, Buenos Aires se llenó de funcionarios pingüinos dispuestos a asumir el 25. Eran hoscos, reservados y se vestían con trajes baratos, aunque ese detalle duró poco. Los cronistas se desesperaban por conocer a las tropas del desembarco.

–Son como nosotros –me dijo un redactor al volver de Casa de Gobierno–. Son la Armada Brancaleone... mucha idea de lo que van a hacer no tienen…

Algunos opositores llegaron desde Río Gallegos para recorrer los medios:

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