Por Eduardo Van der Kooy para Clarín

La campaña oculta demasiadas cosas

La inflación, la caída económica, el dengue, están muy condicionados por el tiempo electoral. Kirchner no parece la mejor ayuda para Scioli en Buenos Aires. El despido de Montoya lo demuestra.
domingo, 19 de abril de 2009 · 00:00
La estropeada política va cubriendo la realidad como si fuera una enorme mancha. Esa política, capaz de sorprender sólo en situaciones dolorosas, como fue la muerte de Raúl Alfonsín, campea en el gobierno de Cristina Fernández, domina los planes electorales de Néstor Kirchner, roza también a la oposición y termina intoxicando a la apurada campaña. Es el paisaje que se abre a los ojos de todos, ocho años después de la gran crisis y luego de seis años de vivir con una economía a pleno vapor.

Esa campaña le va sirviendo al Gobierno para encadenar una sucesión de simulaciones y postergar viejísimos problemas. El país parece resignado en este tiempo a aceptar las ficciones del INDEC. La resignación, en muchos casos, no tiene que ver con ninguna indolencia sino con el riesgo de otras acechanzas. En Buenos Aires, por ejemplo, el principal conflicto para el 70% de sus habitantes es la inseguridad. Las encuestas son, en ese aspecto, unánimes. Luego sobresalen la inquietud por la falta de trabajo, la educación, la corrupción y el tráfico de drogas. Recién allí aparece en la memoria colectiva el aumento de los precios.

Kirchner habló la semana pasada sin pudor de un supuesto repunte económico. El INDEC no distribuyó aún los datos de marzo, pero dos consultoras privadas informaron que existiría un proceso recesivo desde octubre del año pasado.

Existen datos oficiales más confiables que contradicen aquel optimismo del ex presidente. Los informes de la ANSeS en el Gran Buenos Aires indican un crecimiento diario vertiginoso de las prestaciones por desempleo. Los planes de asistencia social se triplicaron los últimos tres meses en Santa Fe.

Pero la verdad parece siempre una compañía incómoda para los Kirchner. ¿Cómo se explica, si no, el silencio del Gobierno, con excepción de Graciela Ocaña, por la epidemia del dengue? ¿Cómo se explica que, por un llamado telefónico desde Olivos, el jefe de senadores del PJ, Miguel Pichetto, haya decidido posponer la sanción del alerta epidemiológico que había sido convenido con la oposición?

El episodio sirvió para desnudar varias anomalías a la vez. La ministra de Salud había negociado aquel proyecto con senadores oficialistas y de la oposición. Incluso había viajado con ellos a Charata, Chaco, la zona más afectada por el dengue. El proyecto apuntaba a declarar el alerta epidemiológico y no la emergencia sanitaria. La emergencia ya rige para Chaco, Catamarca, Salta y Jujuy y le permite a la ministra utilizar créditos disponibles del Banco Mundial. El alerta escondía más que nada un sentido político.

¿Por qué razón, entonces, el retroceso? Porque Kirchner está desde hace meses obsesionado con la campaña y las elecciones. Porque en esa obsesión estaría arrastrando a la Presidenta. La gestión cotidiana permanece arrumbada. El matrimonio no tenía cabal conocimiento de aquel proyecto pergeñado en el Senado durante semanas entre el oficialismo y la oposición.

El ex presidente se habría exasperado cuando vio por televisión esa escena de armonía política. No podría haber ninguna armonía con la oposición en tiempos de campaña. Menos todavía cuando algunos opositores ligaron la epidemia con las condiciones de pobreza. El dengue no es una enfermedad de la pobreza pero encuentra allí, antes que en otros lados, terreno fértil para desarrollarse. No es lo mismo una zona con redes claocales y agua corriente que sin ellas. Así de simple.

Kirchner fantaseó, además, con que la declaración del alerta perjudicaría la imagen del país en el exterior, una preocupación desconocida en él. Pichetto informó que Cristina había ordenado aplazar el debate. Puede que así haya sido: pero la llamada telefónica para transmitir la orden fue de Kirchner.

¿Sólo un enojo del matrimonio o también la intención de cargar las responsabilidades políticas sobre Ocaña? De nuevo la campaña: el ex presidente necesita ahora como aliado, más que nunca, a Hugo Moyano. El líder cegetista hace rato que reclama

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