Por Nelson Castro para Perfil

La única verdad

La forzada renuncia de Santiago Montoya a su cargo de titular de la Agencia Recaudación provincia de Buenos Aires (ARBA) es un duro golpe al corazón de la administración de Scioli.
domingo, 19 de abril de 2009 · 00:00
“Montoya no pasó la prueba de la fidelidad. Así que se tenía que ir”, confiesa una fuente del kirchnerismo.

Santiago Montoya reconoce que nunca recibió ningún llamado concreto para sumarse a las listas testimoniales. Sin embargo, al ver que su nombre comenzaba a agitarse en los mentideros políticos y a reflejarse en los medios, tomó la decisión, a modo de prevención, de fijar su posición personal para no exponerse a ningún tipo de presión o especulación. Lo hizo a través de un documento personal.

En ese documento, además, señaló que el Gobierno “había perdido la capacidad de escuchar a la gente”. La consecuencia de esto fue letal. Así fue pues que, en la tarde de ayer, Montoya recibió la comunicación informándole que Daniel Scioli había tomado la decisión de echarlo.
La forzada renuncia de Santiago Montoya a su cargo de titular de la Agencia Recaudación provincia de Buenos Aires (ARBA) es un duro golpe al corazón de la administración de Scioli, quien no tuvo una buena semana entre este hecho y el asesinato brutal de Daniel Capristo que indignó a los vecinos de Lanús.

En su nota de renuncia, Montoya deja expresado claramente que fue obligado a dimitir aun cuando no había reproche en relación con la eficacia de su trabajo y, en una alusión directa al meneado asunto de la gobernabilidad con el que se quiere justificar lo disparatado de las candidaturas testimoniales, expresa que era esa eficacia, y no una candidatura testimonial, su aporte a la gobernabilidad.

El hecho de que el reemplazante de Montoya sea quien hasta ayer era ministro de Economía, de la provincia, Rafael Peremilter, da una clara idea del peso político del cargo que ocupaba el funcionario renunciado.

Desde el mismísimo momento de conocerse su renuncia, el teléfono de Montoya no para de sonar.

Ha tenido llamados de dirigentes de todo el arco político y hasta de empresarios que fueron víctimas de su accionar implacable y muchas veces controvertido. Uno de esos llamados fue el de José “Pepe” Scioli, hermano del gobernador de la provincia de Buenos Aires, quien se deshizo en elogios hacia el ex titular de ARBA. También han habido ofertas para que Montoya integre distintas listas de candidato a diputado; las rechazó a todas. Su decisión es la de no aceptar ninguna postulación. “Hay que manejar los tiempos con prudencia. Además, a él le gustan más los cargos ejecutivos” confiesa alguien de su cercanía.

La decisión de Scioli es una muestra más de su actitud de extrema sumisión al kirchnerismo. Sumisión extrema que puede demandarle aún más.

En la semana que pasó las encuestas que le llegaron a Néstor Kirchner le mostraron un mejor posicionamiento del gobernador con respecto a él. Por lo tanto, el ex presidente en funciones podría decidir bajarse de su anunciada candidatura y forzarlo a Scioli a encabezar la lista de candidatos a diputados bonaerenses del Frente para la Victoria.

El mundillo electoral, sacudido por lo de Montoya, registra también otras alternativas y disputas.

“No es un matrimonio feliz” expresan mutuamente fuentes cercanas a Solá y a Macri, en medio de la enorme tensión que sigue vigente respecto del armado de las listas a diputados en la provincia de Buenos Aires. “Si va Michetti en la Capital no podemos ir en la provincia con los impresentables de siempre” se quejan en el macrismo. “Sin esos impresentables, no tenemos control de los comicios en esas zonas clave del conurbano y nos roban la elección” es el retruécano de quienes conocen el PJ bonaerense.

A propósito, la situación de Michetti es delicada. En un reportaje habló del mal momento que está pasando. Sin embargo, en una carta a sus partidarios que reprodujeron varios medios expresó que prefería postergar sus principios vinculados con la institucionalidad en pos del crecimiento de su partido. Para la nueva política, tantas veces declamada por el PRO, esta claudicación a los principios la coloca a Michetti en l

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