Por Joaquín Morales Solá para La Nación

En el PJ ya se aprontan para suceder a Kirchner

Quería huir del empate bonaerense que le vaticinaban. Entonces, Néstor Kirchner giró hacia las candidaturas testimoniales, que incluyen a Daniel Scioli, a intendentes y a ministros.
domingo, 26 de abril de 2009 · 00:00
Quería huir del empate bonaerense que le vaticinaban. Entonces, Néstor Kirchner giró hacia las candidaturas testimoniales, que incluyen a Daniel Scioli, a intendentes y a ministros. Pero terminó aterrizando de nuevo en el empate. El actual empate con sus opositores en Buenos Aires es virtual, según prestigiosas encuestas, porque el oficialismo cuenta con una ventaja de un puñado de puntos demasiado módico. La diferencia está inscripta, incluso, en el margen de error de cualquier medición de opinión pública.

Con todo, el dato más alarmante para el kirchnerismo es el amplio rechazo de la sociedad bonaerense (un 70 por ciento) a las candidaturas testimoniales. No le gustan los candidatos que han confesado de antemano que nunca ocuparán los cargos por los que competirán. Tales mediciones están haciendo trastabillar el inicial acuerdo de algunos intendentes para sumar sus candidaturas testimoniales. Los municipios bonaerenses están renovando el 50 por ciento de los Concejos Deliberantes, cuerpos que son luego los dueños de la estabilidad de los intendentes.

El caso del intendente de Esteban Echeverría, Fernando Grey, es emblemático de lo que les sucede a gran parte de los barones del conurbano. La gestión de Grey tiene un 70 por ciento de aceptación social, pero la imagen positiva de Néstor Kirchner es en ese distrito de sólo el 22 por ciento; la de Cristina apenas roza el 20 por ciento. Una probable candidatura testimonial de Grey cosecharía el voto de sólo el 30 por ciento del electorado, según las mediciones en manos del propio jefe comunal.

Grey no está solo; muchos intendentes podrían sufrir el mismo desgaste si siguieran la estrategia de Kirchner. No son los intendentes los que hacen populares a los Kirchner; es el matrimonio presidencial el que hace impopulares a los intendentes. La contradicción que atenaza a éstos consiste en que los recursos los da o los quita Kirchner de acuerdo con las lealtades, verdaderas o fingidas. Por mucho menos, Kirchner lo llamó mafioso a Duhalde , ironiza un conocido kirchnerista.

Carlos Reutemann ha hecho popular la advertencia de que luego del 28 de junio habrá una mesa peronista para debatir la futura conducción del partido gobernante y la candidatura presidencial del justicialismo. Reutemann ha deslumbrado a los peronistas con su última jugada política: se definió como un hombre de centroizquierda después de un entrevero verbal con Pro. Fue una hábil maniobra electoral, porque en Santa Fe debe sacarle votos a la clientela socialista. Los peronistas pronostican la condición inevitable de la candidatura presidencial de Reutemann si ganara su provincia por una amplia diferencia.

Reutemann es un hombre de pasiones definitivas; nada hay que lo crispe más que el uso indebido de su nombre en las parrandas de la política. Kirchner cometió el error de nombrarlo en vano cuando a principios de año deslizó que el actual senador podría ser su candidato presidencial en 2011. Hasta hizo trascender que podría haber un acuerdo entre ellos para financiar la campaña presidencial de Reutemann. Se trató sólo de un manotazo de ahogado del ex presidente. Reutemann había deslizado públicamente su proyecto presidencial y Kirchner se abrazó a él para no aparecer ausente del futuro.

Reutemann nunca se lo perdonó. Kirchner tiene el 80 por ciento de rechazo en Santa Fe. Esa operación intentó fulminarme , denunció Reutemann. Nunca haré acuerdos con Kirchner , repitió ayer.

La mesa peronista es la del día después. Después de las elecciones. Kirchner podrá ganar un tercio aquí o allá, si es que gana, pero todos los líderes peronistas son conscientes de que se avecina el final irremediable de un ciclo político. Kirchner nos está dejando una derrota , explica un gobernador. Desesperado, el Gobierno pensó hasta en la candidatura de Alberto Fernández en la Capital, que éste rechazó, buscando una derrota menos catastrófica. Pensó en él por el solo hecho de que es un crítico moderado del Gobierno. Hay que ser cr

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