Por Eduardo Van der Kooy para Clarín

Kirchner y Scioli ya no tienen retorno

El matrimonio presidencial pone sus baterías electorales en Buenos Aires. El gobernador acompaña, pero hay intendentes que aún dudan.
domingo, 26 de abril de 2009 · 00:00
Declinará finalmente Néstor Kirchner su candidatura en Buenos Aires? ¿O será Daniel Scioli, en vista de las dificultades, el que resuelva dar un paso atrás? Esas dos preguntas, por encima de tantas otras, merodean ahora el teatro electoral. Esas dos preguntas se nutren del sinfín de desvelos que sufre cada día el Gobierno y de una estrategia urdida para las elecciones de junio que nunca termina de encontrar su rumbo.

Las preguntas, salvo algún imponderable, parecen tener respuestas: Kirchner será candidato a diputado y Scioli lo acompañará. El peronismo bonaerense no tiene otra receta. Hay en la decisión de ambos cierta dosis de fatalismo: calculan que la realidad no les está dejando alternativa, excepto que estén dispuestos a enterrar sus destinos políticos.

El ex presidente carece de margen para el retroceso después de que exigió a los intendentes bonaerenses las candidaturas testimoniales. Varios de esos funcionarios están viendo cómo sus imágenes decaen en sus comunidades. Su deserción podría acelerar la indisciplina y el desgranamiento en el peronismo. Será el partido oficialista el soporte de Cristina Fernández en los dos años largos de mandato que le restan.

Si el gobernador de Buenos Aires no atinó a tomar distancia cuando la jugarreta se lanzó, difícilmente pueda hacerlo cuando quedan sólo dos meses para los comicios. Scioli no dispone, igual que Kirchner, de ninguna opción sencilla. Una pelea ahora abriría interrogantes sobre el futuro de su administración. La posibilidad de una derrota condenaría a los dos. Sólo la victoria emerge como una tabla de salvación. Y tampoco, tal vez, cualquier victoria.

Se advierte en estas vísperas, sin embargo, una diferencia en las adyacencias del ex presidente y del gobernador. Nadie se atrevió a sugerirle a Kirchner que quizá debía recapacitar sobre su candidatura. Ni siquiera se animaron aquellos que en los sondeos de opinión pública han comenzado a percibir algo: que la espuma de la dupla Kirchner-Scioli se viene aplastando y que habría variantes que la empiezan a empardar. Por ejemplo, la combinación del gobernador con Sergio Massa, el jefe de Gabinete.

El universo de Scioli es diferente. El gobernador cambia impresiones con sus colaboradores y con amigos fuera del poder. También escucha. Escuchó impactado cuando un asesor bien cercano le dijo la semana pasada mientras ojeaba una encuesta: "Te dije que era mejor que no siguieras con esto".

Pero Scioli está dispuesto a seguir. ¿Cómo pedirle a Kirchner que se apartara?, según le había aconsejado un confidente. ¿Cómo bajarse ahora en medio del río sin desatar un torrente?, según le susurran asesores y ministros. El gobernador decidió anudar su suerte a la de Kirchner y esperar que una buena elección lo coloque quizá como un presidenciable indiscutido para el 2011. Sólo quizá, porque para llegar a la meta habrá un tiempo largo y complicado por delante, con una crisis económica y social, con los imponderables que suele deparar la Argentina y con los misterios que siempre oculta Buenos Aires.

Scioli confía en su propia campaña y en su estrella para salir a flote. Pero la línea electoral que va fijando Kirchner lo desacomoda y no rinde los frutos esperados. El adelantamiento electoral fue pensado como un recurso para entorpecer a la oposición. Pero la oposición, incluido el PJ disidente, muestra un progreso persistente. La postulación de Kirchner se hizo con una evidente sobreestimación

de la imagen actual del ex presidente. La apelación a Scioli fue urdida como un golpe final. Pero la elección en Buenos Aires, que develará si el Gobierno zafa o no, continúa abierta y con demasiados enigmas para el oficialismo.

Los encuestadores están divididos. Tres consultoras vaticinan ahora, con cierta firmeza, la chance de que el PJ oficial sea derrotado en Buenos Aires. Otras cuatro le adjudican todavía la victoria a Kirchner-Scioli. Pero notan que con el paso de los días las diferencias se achican.

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