Por Eduardo Van der Kooy para Clarín

Errores que auguran días aún peores

Néstor y Cristina Kirchner sólo piensan en las elecciones. No asoman previsiones para el día después. El tono que imprimen a la campaña acentúa la incertidumbre política y económica.
domingo, 03 de mayo de 2009 · 00:00
Sólo la terquedad o el ensimismamiento podrían explicar tantos errores. Néstor y Cristina Kirchner parecen convertir la campaña electoral en un callejón sin salida para ellos. Han repetido que la Argentina volará por los aires si el último domingo de junio una derrota golpea al Gobierno. Han repetido que necesitan de la mayoría parlamentaria para garantizar la gobernabilidad

Ninguna de aquellas afirmaciones resulta a priori creíble, más allá del dramatismo con que el matrimonio suele propalarlas. Pero el estado de ánimo que traslucen para encarar el desafío electoral podría darles con el tiempo alguna verosimilitud. ¿Cómo reaccionarían frente a un eventual traspié? ¿Cómo se las ingeniarían para gobernar si no cuentan en los próximos años con la supremacía legislativa que tuvieron hasta ahora? No debería haber razones objetivas para temer por una crisis política después de la votación, aunque los Kirchner se encarguen de atizar la llama de la duda.

Los ojos y el pensamiento del matrimonio están encallados en el 28 de junio. Esa mirada y ese desarrollo intelectual breve parece erigirse en un condicionante serio del futuro. Si los Kirchner están empeñados en sembrar tanta incertidumbre política, ¿qué destino podría aguardarle a una economía que desde hace meses viene castigada?

Los Kirchner siguen lidiando, al fin, con un problema que no lograron resolver desde que Cristina desembarcó en el poder: la ausencia de confianza. Abunda el escepticismo en la sociedad y aumenta la perplejidad en el extranjero por el sendero de inestabilidad que ha resuelto transitar de nuevo la Argentina.

La incertidumbre y la inestabilidad se van nutriendo de grandes y de pequeñas cosas. La elección de junio, planteada como una cuestión de vida o muerte, es una de ellas. Pero también la constante disfunción del propio Gobierno.

Cristina intentó en sus últimos viajes al exterior -la reunión del G-20 y la Cumbre de las Américas- alisar la escarolada imagen de nuestro país. Sobre todo pensando en las dificultades financieras que se avecinan. Las dificultades poseen un volumen: son 5.700 millones de dólares de vencimientos que el Gobierno deberá afrontar en el segundo semestre. También Martín Redrado, el titular del Banco Central, y Carlos Fernández, el ministro de Economía abordaron el problema en Washington.

Aquellos intentos, sin embargo, parecerían vanos. Estaría circulando en medios financieros internacionales un emisario de Kirchner a modo de negociador paralelo. Se trata de un hombre ligado al mundo del cine, de Hollywood, que frecuentó en una época los negocios y la arquitectura. Vivió en Los Angeles pero ahora tiene residencia en Francia. Se sabe que habría establecido contacto con miembros del Club de París, donde la Argentina mantiene una deuda de 6 mil millones de dólares.

Dos funcionarios de organismos económicos internacionales que habían dialogado con Redrado y Carlos Fernández se enteraron de la misión discreta de aquel hombre enigmático. Sorprendidos, rastrearon alguna corroboración en el Gobierno. Dieron con un ministro que apenas atinó a balbucear: "No lo sé, no lo sé. Quizás pueda ser...".

Esos despropósitos acostumbran a tener un precio que nunca resulta módico si la impericia política se filtra en el medio de una crisis económica. Veamos los costos conocidos: el Banco Central informó que de enero a marzo hubo más de 5.500 millones de dólares de salida de capitales. Más del doble de la fuga ocurrida en el mismo período del año pasado. Entre octubre y enero ya se habían ido 23 mil millones.

La Argentina figura en el penúltimo escalón de las naciones de América que están recibiendo inversión directa. Más abajo sólo está Costa Rica. La inversión que llega tiene casi exclusivamente que ver con la sociedad política y comercial con Brasil. Los empresarios brasileños llevan destinados en diferentes proyectos entre 3 y 4 mil millones de dólares.

Las buenas noticias que son posibles

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