Por Nelson Castro para Perfil

Los Monarkas

“Después de mí, el diluvio.” Esta fue la famosa frase atribuida a Luis XV, el bien amado, rey de Francia de triste historia, que vivió entre 1710 y 1774.
domingo, 3 de mayo de 2009 · 00:00
“Después de mí, el diluvio.” Esta fue la famosa frase atribuida a Luis XV, el bien amado, rey de Francia de triste historia, que vivió entre 1710 y 1774. Se lo consideró un monarca egoísta y absolutista a quien poco le importó lo que vendría luego de él.

El tono que tanto Néstor Kirchner como su esposa, la Presidenta, le están imponiendo a la campaña electoral tiene reminiscencias propias de aquella actitud monárquica. Los pronósticos de hecatombe del matrimonio presidencial terminaron provocando inquietud en las mismas huestes del oficialismo.

No obstante, aquellos que aún están en el Gobierno optaron, como siempre, por callar. Saben que de no haberlo hecho así la consecuencia inmediata habría sido el aislamiento y, al poco tiempo, la posterior eyección del Gobierno.

Alguno de los que ya están afuera, en cambio, se animaron a señalar su discrepancia con lo tremebundo de la prédica del ex presidente en funciones.

Fue el caso del ex jefe de Gabinete Alberto Fernández, quien aportó un toque de sensatez cuando expresó textualmente que “si volvemos a 2001 quiere decir que todo lo que hicimos fue un fracaso”.

En público, desde el kirchnerismo puro, lo criticaron con severidad, y en privado, lo lapidaron.
Se viven horas febriles en las que la cuestión de las candidaturas agobia las mentes del oficialismo y de la oposición.

La asfixia

En el oficialismo la presión del ex presidente en funciones sobre los intendentes para que acepten las candidaturas testimoniales es permanente, y para los que las sufren, asfixiante. En las primeras horas del atardecer del viernes 1° de mayo se conoció el fallo de la jueza federal con competencia electoral María Romilda Servini de Cubría, en el que rechazó un amparo presentado por el Dr. Eduardo Barcesat para que se prohibieran aquellas bochornosas candidaturas. “Fue un fallo a lo Poncio Pilatos”, confesaba un hombre del oficialismo para agregar que “no teníamos la más mínima duda de que la jueza se iba a expedir de la manera que lo hizo”.

La burla al electorado y al sistema que ello conlleva es muy mala para el concepto de democracia.

“En las encuestas sale que a la gente las candidaturas testimoniales no le gustan, aunque eso no significa necesariamente que no las vayan a votar”, explica un encuestador cercano al oficialismo. Alentado por esto, el proyecto del Gobierno en este contexto se festejó con la aceptación de Nacha Guevara a integrar la lista de candidatos a diputados por el justicialismo kirchnerista en la provincia de Buenos Aires. “¿Hacia qué sector del electorado apunta Nacha?
La verdad es que no lo sé”, se sinceraba un funcionario kirchnerista.

La participación en política de artistas y deportistas es siempre fuente de polémica.
A los partidos siempre les resulta útil contar en sus filas con figuras que gozan del beneficio de la popularidad y del afecto del público.

El tema es qué pasa con ellos una vez que termina el acto comicial.
De un lado, están aquellos que, junto con sus carreras profesionales, han tenido una vocación permanente de la militancia política. Irma Roy, Luis Brandoni y Pino Solanas son ejemplo de
ello.

Del otro lado, están los que, sin ningún antecedente de participación política, han recibido la propuesta de la postulación a cargos. Los casos más emblemáticos son los de Palito Ortega, Carlos Reutemann y Daniel Scioli. Esta última modalidad tiene un aire indiscutiblemente menemista, aire del cual hay abundancia en este gobierno.

La participación en política de caras nuevas es siempre bienvenida cuando es el producto de una real intención de compromiso. Nacha Guevara habrá de ser elegida diputada. ¿Se abocará a la tarea legislativa con la misma dedicación con que lo hace a su exitosa carrera artística?

Además, lo insólito de la situación planteada por las candidaturas testimoniales puede

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