Por Joaquín Morales Solá para La Nación

Sólo Néstor Kirchner podría ponerle fin al Gobierno

La sombra de un relevo inevitable es ahora lo más parecido a la catástrofe de 2001. El peronismo, baqueano en el vertiginoso serpenteo del poder, entrevé que un liderazgo se extingue.
domingo, 3 de mayo de 2009 · 00:00
La sombra de un relevo inevitable es ahora lo más parecido a la catástrofe de 2001. El peronismo, baqueano en el vertiginoso serpenteo del poder, entrevé que un liderazgo se extingue. Es sólo el problema de un partido, que no debería extenderse al conjunto de la sociedad argentina. Néstor Kirchner es el que quiere ampliar y socializar su drama personal; en los últimos días, ha mostrado todos los fantasmas y ha escondido todas las diferencias con la gran crisis. De él depende, no obstante, que la ejecución de aquel relevo respete los mandatos actuales sin colmar la paciencia social.

¿Qué tragedia podría ocurrir el 28 de junio? Lo peor que le puede pasar a Kirchner en las próximas elecciones legislativas es la derrota o que deba digerir la pérdida, casi inexorable ya, de las mayorías en las dos cámaras del Congreso. Nada que cualquier democracia no haya vivido. Dos encuestas bonaerenses recientes le han llevado malas noticias a Olivos. Los lanzamientos de candidatos podrían hacerse en los próximos días para adelantar los tiempos. Pero ¿qué es la derrota si no lo único ineludible de la política?

El problema consiste en que Kirchner no está acostumbrado a negociar, a tal punto que declaró la inexistencia de sus gabinetes, incluido el actual. ¿Dónde está el gobierno de Cristina Kirchner? ¿Dónde están sus ministros? ¿Qué se sabe del jefe de Gabinete, Sergio Massa, salvo que anda rumiando sus broncas contra Kirchner y sus políticas?

El poder de un solo hombre es incompatible con la democracia. Hace poco, en Washington, el flamante presidente Barack Obama debió vérselas con el Congreso: negoció, concedió y cambió su paquete de medidas para enfrentar la más grave crisis económica desde 1929. Era la condición para que los congresistas le aprobaran el trazo grueso de su propuesta. El simpático presidente se rindió ante esa relación de fuerzas parlamentaria. Nadie esperaba otra cosa de él.

Es probable que Kirchner no quiera vivir una vida que nunca ha vivido. Sólo imaginar que deberá aceptar las decisiones contrarias del Parlamento, mientras vea crecer, impotente, los liderazgos que lo sucederán, es para él mucho peor que una larga pesadilla. Por eso se aferra desesperadamente a las garras del poder.

No hace mucho, en una de esas tertulias interminables de Olivos, rodeado de amigotes que lo adulaban, uno de éstos le preguntó por qué pensaba en Daniel Scioli como eventual presidente si él no pudiera volver a la Casa Rosada. ¿Y qué te parece si yo fuera entonces el gobernador de Buenos Aires? Los intendentes me apoyarán. ¿Quién tendría el poder? ¿Scioli o yo? , dijo, y provocó el silencio de la sorpresa. Más de 150 años después, algún sector de la dirigencia argentina supone que se puede resucitar a Juan Manuel de Rosas.

Las desmesuras económicas de 2001 no son probables ahora. Por eso, si se llegara a una crisis de esa magnitud, habrá que reivindicar a Fernando de la Rúa. El ex presidente radical cometió muchísimos errores, pero debió enfrentarse con condiciones políticas y económicas peores que las de Kirchner.

El marido presidencial tiene problemas fiscales y de compromisos externos, producto de su mala administración. Pero ahora el país no viene, como venía entonces, de una larga recesión que había comenzado en julio de 1998; viene de cinco años de crecimiento con tasas chinas.

Ahora no existe una ley de convertibilidad, como existía entonces, que impedía la emisión de moneda nacional. Ningún corralito sería necesario ahora; en caso de duda social sobre los bancos, Martín Redrado podría emitir y devolver los depósitos que se hacen sólo en pesos argentinos. Con un buen nivel de reservas y con los depósitos bancarios asegurados, ¿dónde estaría la semejanza con los tumultos sociales de 2001?

Kirchner va de la ideología a la especulación cuando regresa ocho años en el tiempo. Hay ideología cuando Kirchner entrevé que después de él se derrumbará su confuso proyecto "nacional y popular", un adef

Otras Noticias