Por Joaquín Morales Solá para La Nación

Entre el error y el bochorno

Sobre las idas y vueltas de la oposición de cara a conformar una alianza conjunta para tratar de hacer fuerza contra el gobierno K.
miércoles, 20 de abril de 2011 · 00:00

Dando saltos entre el error y el bochorno, la oposición ha llegado, tal vez, al nivel más profundo de su impotencia. Ayer se agregó la posibilidad de que Mauricio Macri termine no compitiendo por la presidencia en octubre, sino por la jefatura del gobierno capitalino en julio. En el último fin de semana, lo poco que quedaba del peronismo disidente implosionó; se disolvió en el aire. El radicalismo oscila entre una variante ideológica de centroizquierda, la de Ricardo Alfonsín, y otra más débil y más aperturista, la de Ernesto Sanz. Alfonsín parece contar, sin embargo, con derecho de veto.

Macri no avanzará más allá con su candidatura presidencial si no tiene antes asegurados los recursos para financiar una complicada, larga y cara campaña. "El Gobierno tiene todos los recursos del Estado y nosotros tenemos recursos para lanzarnos y llegar sólo hasta Rosario", metaforizaron cerca de Macri. Según fuentes seguras, el macrismo habría intercedido ante importantes empresarios para obtener apoyos más concretos, pero no consiguió nada hasta ahora. "Nos dicen que somos la última esperanza y después nos dejan solos", contaron, decepcionados.

Otra condición de Macri para perseverar en su candidatura presidencial consiste en lograr un acercamiento, aunque fuere sobre coincidencias políticas más que electorales, con el resto de los dirigentes opositores. "Con muchos no podrá haber acuerdos sobre política económica o política exterior, pero sí podremos coincidir sobre qué queremos hacer con la democracia argentina y el sistema de libertades", dijo el propio Macri ante sus colaboradores más inmediatos, a los que les encomendó una nueva ronda de negociaciones.

En rigor, detrás de ese arrebato acuerdista de Macri se esconde también un propósito electoral. Las últimas encuestas que le llegaron señalan que la Presidenta estaría ganando ahora en primera vuelta, pero podría ser forzada a un ballottage si la oposición estuviera mínimamente organizada. El problema es que también hay obstáculos en la segunda vuelta. La mitad del radicalismo votaría por Cristina Kirchner si el otro candidato del ballottage fuera Macri. En cambio, el 60% de los votantes de Macri votarían increíblemente por la Presidenta en la segunda vuelta si su contrincante fuera Alfonsín. El antídoto que creyó encontrar Macri para esas fuerzas sociales dentro de la propia oposición es la creación de una imagen de concordancia entre los líderes opositores. El acercamiento de los líderes, supone, aproximaría a la gente común con ideas muy distintas.

El interlocutor

El único interlocutor confiable que Macri encontró hasta ahora es Eduardo Duhalde, pero Duhalde perdió mucho capital político desde el escándalo con Alberto Rodríguez Saá. Nunca explicó demasiado bien para qué se metió en una interna que, en el mejor de los casos, no lo hubiera llevado a ninguna parte. ¿Qué le hubiera agregado, por ejemplo, una victoria frente al gobernador puntano, que tiene muy escasos adherentes en el electorado nacional?

El PJ disidente apareció como una fuerza política importante cuando tenía como líderes a Carlos Reutemann, Francisco de Narváez, Felipe Solá y el propio Duhalde. Reutemann ya no está ahí ni en ninguna parte desde que se sintió maltratado por algunos dirigentes de ese espacio peronista. De Narváez negocia con Alfonsín una alianza bonaerense, cansado de esperar una decisión de su aliado histórico, Macri, sobre la candidatura presidencial de éste. Solá no acordó con ninguno de ellos y su nombre figura ahora entre los proyectos del radicalismo y de la Coalición Cívica; Elisa Carrió siente un especial aprecio por el ex gobernador bonaerense. Duhalde está reflotando en estas horas un viejo partido de origen peronista, la Unión Popular, para evitar una discusión eterna dentro del peronismo disidente.

Sin fuerza

El peronismo disidente es ahora una alianza de dirigentes sin fuerza ni territorios; prácticamente fue colonizado por los hermanos Rodríguez Saá, los únicos

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