Por Ernesto Tenembaum para Veintitrés

La cifra maldita

Una fecha que se cumple, la reseña que llega y la economía como la gran victoria. La pobreza como algo "de siempre" y otros detalles menores...
jueves, 28 de abril de 2011 · 00:00
En los próximos días se cumplen ocho años desde la asunción de Néstor Kirchner, en medio de una fiesta de optimismo en la Casa Rosada. La economía crece y con ella las reservas, el desendeudamiento y, sobre todo, los votos y el consenso. Como ocurría en el 2007, las elecciones que se avecinan parecen, más que el inicio de un período presidencial, el de una era política. Casi todo el poder político está de un solo lado. No hay amenaza militar, ni amenaza económica seria, ni oposición estructurada, ni liderazgo interno desafiante al poder oficial. Todo este fenómeno –que transforma al sector político hegemónico en el más poderoso que tuvo la historia de la democracia argentina– se ancla en un proceso macroeconómico realmente espectacular y su contundencia tiende a ocultar un elemento que echa una sombra muy importante sobre él. No hay ninguna consultora independiente, ni siquiera las cercanas al oficialismo, que calcule el porcentaje de pobres de este modelo en menos de una cuarta parte de la población. Cercanos o lejanos al Gobierno, todos los análisis coinciden en que el 25 por ciento de los argentinos, por lo menos, está por debajo de la línea de pobreza. A ocho años de iniciado el nuevo “modelo”, esa ya es una característica dura que su propia lógica no sólo no ha modificado sino que ha consolidado.

Fuera de todo fanatismo y propaganda, tan habituales en las lógicas de construcción política, lejos de los discursos encendidos y las banderas en alto, ocho años después ese número se ha transformado en el punto más débil del así llamado modelo de inclusión. Desde la década del setenta, la cantidad de pobres en la Argentina viene aumentando en un movimiento de serrucho ascendente. Sube mucho en los picos de las crisis económicas, baja en los momentos de bonanza, vuelve a subir en las crisis y luego baja, pero siempre consolida niveles superiores que el piso anterior. Esto vale para la comparación con la década del noventa donde había una cantidad de pobres menor –en los buenos años, previos a la recesión que se acentúa en 1998– y también un PBI menor que el actual, es decir, ahora hay más riqueza y más pobres que entonces. Es obvio que hay más trabajo, que el país no se encamina hacia una crisis, que los trabajadores tienen más poder para negociar y que existen montones de virtudes en comparación, muchas de las cuales se deben adjudicar al Gobierno. Pero nada de eso amortigua los efectos de esa comparación, de ese contraste, de esa distancia infinita entre el discurso y la realidad, que se manifiesta realmente dura de modificar. Hay más riqueza que en la década del noventa. Y, al mismo tiempo, hay más pobres que en los años de expansión e igual cantidad que en los años de crisis de aquel decenio.

La convivencia entre esos procesos en apariencia contradictorios –la inédita creación de riqueza con los niveles históricos más altos de pobreza, si se exceptúa la crisis del 2001/2002– se percibe muy bien en dos trabajos que acaba de difundir la Facultad de Economía y Ciencias Sociales de la Universidad Católica Argentina. Naturalmente, cualquier militante oficialista tiene derecho a descreer de la fuente. Salvo por un detalle. Uno de esos informes revela la potencia impresionante que tiene el actual proceso económico. Se titula: “La expectativas económicas de los argentinos alcanzan su máximo histórico”.

Y luego desarrolla: “El 33% de los argentinos considera que la situación económica actual del país es muy o bastante buena, mientras que el 42% piensa que no es buena ni mala y el 23% opina que es bastante mala o muy mala. Las opiniones positivas tienen mayor incidencia en los hombres (36% vs. 30% en las mujeres), en los entrevistados con educación primaria (35% vs. 29% en los universitarios) y en la clase baja (40% vs. 23% en la clase alta). Al analizar la tendencia, las opiniones positivas sobre la situación actual crecen 8 puntos (del 25% al 33%). En cuanto a las perspectivas para los próximos seis meses, el 34% de los entrevistados considera que la situación económica mejorará,

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