Hugo Cañón Copresidente de la Comisión Provincial por la Memoria

Miserias del oportunismo político

No siempre quienes tienen los medios de comunicación habilitan el libre juego participativo. Más bien las empresas de comunicación dan o quitan lugares, para brindar una visión sesgada de la realidad.
jueves, 11 de agosto de 2011 · 00:00
Después de 28 años de recuperada la democracia, vivimos una época de formidable libertad de expresión. Se opina, se analiza, se discute, se indaga, se investiga. Y esto posibilita que las miradas sean amplias, se extiendan a terrenos que antes estaban vedados y que se supere la inhibición que puede conducir a la denominada autocensura. Sin duda el resultado es altamente positivo. Pero también es cierto que esta libertad de expresión tiene aún sus limitaciones. No siempre todas las voces se pueden expresar dentro de la pluralidad democrática por carecer de medios. Y no siempre quienes tienen los medios de comunicación habilitan el libre juego participativo. Más bien las empresas de comunicación dan o quitan lugares, para brindar una visión sesgada de la realidad conforme a los intereses que representan. Esto es así, aunque no definitivamente, ya que la denominada “Ley de Medios”, vigente aunque de aplicación aún limitada, posibilitará una mayor democratización y participación plural de la ciudadanía.

En el contexto actual advertimos cómo algunos temas pueden omitirse y pasar desapercibidos y, por el contrario, otros temas saltan a la visibilidad pública con la fuerza de verdad revelada con los que hay que despertar, comer, trabajar, estudiar, dormir y alucinar. Poco importa si es verdad o es mentira, todo será según el cristal con que se lo hace mirar para que se instale en el imaginario colectivo. La muerte de una beba en Ayacucho fulminó el firmamento informativo.
El país tembló por la inseguridad y se organizaron marchas de repudio contra los inexistentes ladrones y asesinos que una madre fabuló. Figuras públicas están procesadas, con resoluciones confirmadas por los tribunales superiores, sin merecer una línea de información.

Si desmenuzamos las noticias referidas al ministro de la Corte Suprema de Justicia, doctor Eugenio Zaffaroni, advertiremos que no se hace referencia alguna a su desempeño como juez, tampoco se hace imputación penal concreta. Hilando más fino, tampoco se le atribuye puntualmente que realizara contrataciones irregulares. Por otra parte el propio juez aclaró que el manejo patrimonial no lo realizaba directamente; que tenía la documentación que ofrecía exhibir ante el Congreso, y que accionaría civilmente por el perjuicio que se le pudiere haber ocasionado. Sin embargo, todo esto no es suficiente. Ni la verdad alcanza cuando se instala en el imaginario una pérfida asociación que ata un nombre a lo maléfico.

Esto va de la mano con la tendencia imperante donde tenemos detenidos sin condena, y condenados sin prueba y sin proceso. La presunción de inocencia queda arrumbada en el rincón de los trastos viejos y se nos coloca en la situación de demostrar lo indemostrable.

¿Tendríamos que acudir a la prueba diabólica para contrarrestar el prejuicio?

Muchas veces los argentinos emulamos comportamientos ajenos. Se destacan los logros de países vecinos, como Chile, Brasil, Uruguay. Se sostiene que en esos países se dan envidiables continuidades institucionales y económicas más allá de los gobiernos, sean civiles o militares.

En este sentido se pone como ejemplo la supuesta continuidad defendiendo políticas de estado, como en el caso de Brasil tanto durante la dictadura instalada en 1964 como con los gobiernos civiles que la sucedieron, o en Chile con la continuidad de políticas públicas desde Pinochet a los gobiernos de la concertación o el actual. Se habla de un empresariado que mira por encima de la coyuntura y de una clase política que actúa con grandeza. No sé si esto es tan así, pero me lleva a preguntar ¿cómo puede ser que hacia adentro de nuestras fronteras, cuando se acuerda de que la actual Corte Suprema es un tribunal de excelencia, se pueda poner en riesgo o tornar vulnerable a la misma diciendo que el ministro Zaffaroni debe dar un paso al costado?

El pedido de renuncia formulado por el diputado Ricardo Alfonsín, vicepresidente de la Cámara de Diputados y candidato presidencial, es

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