Por Ricardo Forster para el Argentino

El hecho maldito del país burgués y la actualidad

Una reflexión del motivo de la instauración histórica del peronismo en el poder y el por qué de la inquebrantabilidad por parte de otros sectores políticos.
sábado, 24 de septiembre de 2011 · 00:00
John William Cooke estampó una frase que dejó su impronta enigmática en la vida política e intelectual argentina al caracterizar al “peronismo como el hecho maldito del país burgués”. Frase explosiva, contundente y cargada de posibles y diversas interpretaciones que no han agotado, pasados los años y las vicisitudes nacionales, sus posibilidades y su dramatismo. Frase que dividió aguas no sólo en el interior, siempre tumultuoso y contradictorio, del movimiento creado por Juan Perón, sino que también conmovió a las izquierdas y a su relación difícil y laberíntica con ese corpus político decisivo de la vida argentina que, desde la lejana década del ’40 hasta nuestros días, ha sido y sigue siendo el eje vertebrador de los acontecimientos centrales y de las encrucijadas por las que ha seguido atravesando nuestro país.

Una frase que disparada por la sagacidad de Cooke intentaba conmover la tendencia, siempre presente en el peronismo, a su cooptación por el sistema, a ese proceso que parecía cristalizar en la transformación de su caudal popular y provocador en una fuerza capturada por las exigencias y las necesidades del propio mundo burgués contra el que se había rebelado, según la interpretación nada inocente de Cooke. Después del ’55 y en medio de la década del sesenta signada, entre nosotros, por el impacto de la revolución cubana y las fragilidades de democracias cada vez más condicionadas por la política de Estados Unidos hacia América latina, Cooke, hombre de ideas radicalizadas que intentaba convencer a Perón de acercarse al influjo para él fascinante de Fidel Castro y del Che, buscó dramatizar lo que para él constituía el núcleo duro y perturbador del peronismo: su condición plebeya –la figura de Evita como centro de esa condición jacobina y como norte de una permanente insubordinación–, su capacidad de cuestionar de modo directo y sin falsos ideologismos ni purismos teóricos el centro del poder real de nuestro país. Para Cooke el peronismo, su condición de “hecho maldito”, persistió allí incluso donde se lo quiso condicionar y adaptar a la partidocracia burguesa destacando, como no dejó de hacerlo en su extraordinaria y ardua correspondencia con Perón, que más allá de esos posibles giros adaptacionistas lo propio, lo original y lo intransferible de la experiencia del peronismo tenía que ver directamente con su carácter de “hecho maldito”, de transgresor de las formas y, sobre todo, de haber sido responsable de la aparición tumultuosa de las masas populares en la escena política. El peronismo como flujo de nuevas intensidades y de nuevas demandas, pero también como una tradición que le dio forma al autorreconocimiento de aquellos que habían permanecido olvidados e invisibilizados por el relato dominante. Pero también como catalizador de nuevas y viejas formas del prejuicio y el racismo emanados de las clases dominantes e irradiado sobre amplios sectores medios capturados por esa gramática de la exclusión que vieron en la irrupción de las masas (el famoso “aluvión zoológico”) lo insoportable y lo inaceptable, aquello que venía a cuestionar su poder y su visión del mundo.

Incomodidad, plebeyismo, irreverencia popular, cuestionamiento del poder y de sus lógicas intocables, impredecibilidad, ruptura de los protocolos establecidos y democratización de la vida social constituyeron algunas de esas marcas que, a los ojos de John W. Cooke, resultaron intolerables y malditos para el país burgués. ¿Sería mucho arriesgar que, una vez salidos de la noche prostibularia del menemismo que prácticamente había logrado convertir al peronismo en un partido del establishment financiero y en una farsa de su propia historia, la aparición inesperada y anómala de Néstor Kirchner recondujo a la tradición popular, de la que formó parte desde su juventud, de nuevo hacia su constitución “maldita”? ¿Sería justo señalar que la caída en picada del peronismo capturado en los años ’90 por el neoliberalismo pero como estación de cumplimiento de sus peores componentes y de las zonas oscuras de su travesía histórica, por l

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