Por Ernesto Tenembaum para Revista Veintitrés

Una brújula a mano

Sobre las supuestas presiones contra Mike Amigorena, su renuncia y el contexto político derivado.
viernes, 30 de septiembre de 2011 · 00:00
El lunes por la mañana, el jefe de Gabinete Aníbal Fernández contó que la decisión de Mike Amigorena de retirarse de la miniserie El Pacto le producía “asco”, sostuvo que era una cobardía, y especuló con que lo hizo a cambio de que TN promocionara su obra Hamlet “en una nota de 4 minutos 21 segundos”. Muy pocas personas conocen el contenido concreto de la miniserie aunque, por los trascendidos, se sabe que la misma hace referencia a la manera irregular en que los grandes diarios de la Argentina se quedaron con la empresa Papel Prensa, en una operación que contó con el apoyo indisimulado de la dictadura militar, a su vez respaldada por la línea editorial de esos matutinos. Desde que se supo que el Gobierno estaba financiando ese proyecto, hubo distinto tipo de opiniones. Naturalmente, algunas personas celebran la preparación de esa miniserie porque se trataría, según su punto de vista, de un aporte más para la revisión de la memoria histórica, esta vez a través de la ficción que además contribuiría a revelar las complicidad civil de la dictadura (curiosamente, una categoría donde rara vez entran los aliados actuales del Gobierno, sólo sus adversarios o enemigos). Otras personas sostienen que, en realidad, la miniserie en cuestión será otra demostración –y van…– de cómo este gobierno malversa, sesga y ensucia la memoria de la dictadura para utilizarla como arma en peleas actuales mucho menores. En cualquier caso, opiniones son opiniones, estaba claro que el proyecto no iba a pasar inadvertido.

Entre tantos dimes y diretes, el actor Mike Amigorena decidió retirarse de la miniserie. Además de la reacción del jefe de Gabinete, el Gobierno se expresó sobre el tema a través un comunicado del Instituto Nacional de Cinematografía en el que condenó que “por primera vez, desde la época de las dictaduras genocidas, un equipo de artistas, productores, escritores, actores y técnicos reciben fuertes presiones para no sumarse a un proyecto, hecho que limita su libertad de expresión y su derecho básico al trabajo”.

Inmediatamente, casi todos los medios del multimedios oficial –que son muchos, no sé si alguien lo percibió– empezó a repetir el relato acerca de las amenazas mafiosas y de la cobardía de Amigorena.

Imagino, es sólo un prejuicio, discúlpeme si me equivoco, que el lector de esta revista tiende a creer en ese relato y tiene todo el derecho del mundo a hacerlo. Si prefiere no interpelar sus percepciones, entonces debe dejar aquí la nota.

No suelo utilizar este espacio para citar en extenso notas ajenas. Pero esta vez me parece que corresponde hacer una excepción. Lo que sigue es apenas una larga cita de una perspectiva alternativa. La firma uno de los buenos periodistas que tiene este país. Se llama Osvaldo Bazán y la publicó en el sitio de TN. Se titula “Respeten a Mike”. Y dice así:

“El título del comunicado del Incaa es, en principio, ambiguo ‘Ante presuntas presiones a actores y productores’. El Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales lanza un comunicado ‘a la opinión pública’ ante ‘presuntas presiones’. Podrían haber hablado con los presionados, podrían descubrir de qué presiones se hablaba, presuntamente, pero no, prefirieron hacer un comunicado. Pues bien, ¿en qué se basa el comunicado? Según dice en su primer párrafo ‘mediante diversas notas periodísticas se supo que el actor Mike Amigorena habría recibido presiones para que abandone el rodaje de El Pacto’. Así están las cosas a esa altura del comunicado. (…) Es de suponer que en el Incaa tienen el teléfono de Mike. Lo podrían haber llamado así no se guiaban por las ‘diversas’ y dejaban de lado las ‘presuntas’ y los ‘habría’. Pero no lo hicieron.

“De cualquier manera, para aventar suspicacias, Mike Amigorena habló por Radio Continental y dijo que él solito con su ignorancia pensó y decidió que no quería hacer eso que había dicho que iba a hacer. Que había dicho que sí pero cuando vio cómo era el personaje, la situación, no se sentía cómodo. ¿A cuántos de nosotros nos o

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