Por Jorge Lanata para Perfil

Pacto de silencio

Sobre el caso de Candela, el contexto político y el caso en los medios.
martes, 6 de septiembre de 2011 · 00:00
El Gobierno cree que manteniéndose en silencio o pronunciando frases hechas con tono compungido podrá ir capeando el temporal generado por el caso Candela.

Finalmente, como uno de sus socios políticos exhibe en el anillo, “Todo pasa”. La idea es presentar el caso como una acción del crimen organizado y así evitar que se confunda con una muestra de inseguridad. Las imágenes de la pueblada en Hurlingham, de las marchas y de la indignación popular frente al hecho no les gustan nada: nunca se sabe en qué pueden terminar, en qué momento podrá instalarse un nuevo Blumberg o una grieta como la de Cabezas, o Kosteki-Santillán, la violencia tiene la lógica de una bala perdida: nadie maneja sus efectos y puede pegar en cualquier lado. En el fondo, el temor oficial es ingenuo: recuerda a aquellos momentos en los que se intenta discutir la inseguridad desde los porcentajes de los delitos. Nadie se percibe el 5% más seguro en el Conurbano, donde los autos ya no se detienen en los semáforos para evitar los arrebatos. Y el caso de Candela, sea o no muestra de un accionar mafioso, dejó en evidencia el otro costado de la inseguridad: la Policía. ¿Podría seguir con vida la chica de once años si la Policía hubiera actuado con rapidez y eficiencia?

La misma pregunta que todo el país se formuló el martes 8 de diciembre de 2009, cuando toda la familia Pomar apareció muerta al costado de la Ruta 31; Fernando, Gabriela, Pilar y Candelaria habían sufrido un accidente y los cuerpos recién fueron encontrados veinticuatro días después. ¿Podría haberse salvado algún miembro de la familia si se hubiera actuado horas después del impacto? Pilar tenía tres años y Candelaria, seis. Ver a la inseguridad como un problema exclusivo de la delincuencia y la disgregación social es contemplar el problema con un solo ojo; la inseguridad es también un asunto de la Policía, de quienes se supone están ahí para protegernos y auxiliarnos. Esta es la Policía que supimos conseguir después de veintiocho años de democracia, ya no quedan residuos del aparato represivo de la dictadura ni sus hipótesis ni sus costumbres; esta policía se construyó con purgas, con alianzas con los caciques del Conurbano, con planes y planes y más planes que fracasaron cada vez. Por eso esta vez, cuando se sugirió complicidad entre los uniformados y los piratas del asfalto, nadie se animó a descartarlo. Por eso suena verosímil que la investigación pueda haberse desviado o que haya transcurrido por canales paralelos; por eso, la inseguridad es algo más que la “sensación” de Aníbal Fernández.

Las recientes declaraciones del fiscal general de Morón, Federico Nieva Woodgate, corren en el mismo sentido: el asesinato de Candela es una muestra del fracaso del sistema de investigación bonaerense, dijo.
Una nota aparecida el viernes en La Nación señala que “los índices de esclarecimiento de delitos en el país son bajísimos. Menos de la mitad de los homicidios tienen sentencia; en el total de delitos contra las personas y contra la propiedad según las últimas estadísticas conocidas (de 2008), no se llega ni al 3% de sentencias condenatorias”. De todo esto hablan las miles de personas que piden justicia para Candela.

“Showtime”. Excavadoras, perros entrenados, policías vadeando el río, helicópteros y móviles, más de setecientos uniformados realizando un centenar de allanamientos y cruzando mil llamadas telefónicas investigaban el destino de Candela a los cinco días de su desaparición. Las primeras hipótesis fueron las obvias: secuestro extorsivo o pedofilia; Candela no podía estar lejos. Luego, sin motivo aparente, la investigación salió de cauce: trata de personas, sin elemento alguno que apoyara esa hipótesis. En sus mensajes televisivos, la madre de Candela le hablaba a alguien:

—Ya está, chicos. Ya no pueden hacer nada. Devuelvanmelá.
—Entreguensé. Tienen la manzana rodeada –decía.

Los cronistas que cubrían el hecho no tardaron en advertir la existencia de una realidad paralela.Había algo m

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