Por Julio Blanck para Clarín

Cristina candidata, Kicillof también

La reflexión del escenario que se viene en el entorno K.
domingo, 29 de marzo de 2015 · 00:00
La Presidenta parece dispuesta a ser candidata a diputada al Parlamento del Mercosur o incluso diputada nacional por la provincia de Buenos Aires. Y su favorito, el ministro de Economía Axel Kicillof, se encamina hacia una posible candidatura a vicepresidente. Sobre estos dos pilares se construiría la puesta en acto de la consigna central del oficialismo: “Para el modelo, la reelección”.

En estas afirmaciones coincidieron cuatro fuentes kirchneristas, nacionales y provinciales, con acceso directo a los altos niveles de decisión política. Pero no dejan de ser hipótesis, proyectos para mantenerse bajo las luces del escenario, que cada día se empeñan en enfocar a nuevos actores.

De Cristina candidata al Parlasur se empezó a hablar en el Gobierno a mediados del años pasado. En noviembre empezó a tratarse en Diputados un proyecto de Andrés Larroque, jefe de La Cámpora, y Jorge Landau, apoderado del kirchnerismo, para convocar a esa elección. La ley se aprobó en el Senado el 29 de diciembre. En noviembre, además, el entonces jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, había admitido la posibilidad de que Cristina fuese candidata a diputada nacional. 

El proyecto Cristina Eterna se había derrumbado con la derrota electoral de 2013. Pero el kirchnerismo es una fuerza tenaz y determinada. Si en algún momento se jugó con la idea de una “retirada estratégica” hacia la oposición, bella pero muy evidente manera de maquillar de antemano una nueva derrota, ahora reflotó la mística de pelear por retener el Gobierno.

Como no tienen un candidato competitivo que resulte suficientemente confiable ni propio, el plan es armar un sistema de control que garantice que el elegido no saque los pies del plato, por cierto estrecho, del ideario cristinista.

Si Cristina es candidata al cargo que sea, será el eje dominante de la campaña. Se votará a favor o en contra de ella, con lo bueno y lo malo que eso pueda suponer. En una hipótesis ligera: retención asegurada del voto propio, pero al mismo tiempo enorme dificultad para pescar votos que no sean clamorosamente oficialistas. El resultado de esa ecuación hoy da derrota. Pero hay que jugar el partido para saber el resultado.

Con Cristina en la boleta, “no van a existir Scioli, ni Randazzo, ni cualquier otro que pueda ser candidato”, dice un kirchnerista que hoy está peleando por un cargo electivo importante. 

Otro, que también acompañaba a Néstor en sus recorridas bonaerenses antes que Duhalde lo bendijera como candidato en 2003, sostiene que una banca en el Parlasur sería lo más adecuado para Cristina por su carácter apenas protocolar. Ese organismo regional prorrogó hasta 2020 su conformación definitiva. La elección temprana de sus integrantes sólo atiende las necesidades de política interna en cada país. 

En cualquier caso Cristina encabezaría la cruzada electoral manteniendo a todo el oficialismo subordinado a su voluntad. Si toca perder bajaría al llano como jefa de la oposición, convenientemente protegida de eventuales acosos judiciales. Desde allí podría manejar la dura estrategia de hostigamiento que el kirchnerismo le promete al gobierno que venga.

Si la apuesta verdadera es buscar un cuarto período presidencial, pero con un presidente más peronista que kirchnerista (Scioli o Randazzo), cuadraría mejor la candidatura a diputada nacional, explican. Porque en caso de un hipotético triunfo, Cristina podrá liderar en el Congreso la fuerza parlamentaria que operaría como un control estricto para el Presidente. 

En ese sentido ya se están empezando a diseñar las listas de candidatos a diputado en todo el país, bajo presión directa de La Cámpora que opera con salvoconducto firmado en Olivos. Se trata de garantizar la mayor homogeneidad posible de la futura bancada. No es una tarea imposible, si se toma en cuenta la notable pasteurización experimentada por los gobernadores y referentes peronistas después de doce años de látigo y billetera.

“Habrá que ver qué piensa ella”, advierte un legislador oficialista. Cuenta que alguna vez la escuchó quejarse porque “los que me quieren dicen que tengo que ser candidata a diputada o a gobernadora”, y ella estaría pensando en tomarse un respiro después de demasiados años de trinchera. Pero ella misma jugueteó con la idea de volver a una banca, durante su discurso del 1° de marzo en el Congreso. Todo está por verse.

La postulación de Kicillof tiene otras aristas. Por imagen y discurso el ministro de Economía representa la pureza del modelo y el trasvasamiento generacional, dos conceptos que encandilan a la Presidenta. 

Con recetas ortodoxas camufladas bajo un lenguaje transgresor, Kicillof consiguió que la economía no estallara por los aires. Sin solucionar nada de fondo, estabilizó la caída. Esa relativa calma trajo algunos puntos de recuperación de imagen. Eso le alcanzaría a Cristina para recomponerse y pensar que la victoria no es imposible. 

Desde el sector más duro de La Cámpora se viene machacando con una candidatura propia que garantice la continuidad del modelo. “No da para tanto, pero esto termina en Axel vicepresidente”, asegura un dirigente territorial que tiene línea directa con el camporismo.

Algunos lo ven venir y se acomodan a la música que suena. Es el caso de Sergio Urribarri, gobernador de Entre Ríos con aspiración nacional. Esta semana se reunió con Kicillof y declaró que el ministro sería su “candidato ideal” a vicepresidente. Un pícaro, Urribarri. Su gesto gustó en Olivos.

Al parecer, desde hace un par de meses Kicillof anda poco y nada por el ministerio, porque se ocupa de la cara externa de la gestión. Su lugar en el día a día lo estaría ocupando el secretario de Comercio Augusto Costa, posible sucesor si Kicillof se va para ser candidato.

Más sensible para los códigos internos es el hecho de que en las últimas dos cadenas nacionales Cristina le cedió por un ratito la palabra a Kicillof. Que la Presidenta renuncie al uso exclusivo del micrófono parece decir más que muchas palabras, explicaciones y diseños tácticos.

Una pregunta básica es ¿quién será al final el candidato a presidente, Daniel Scioli o Florencio Randazzo? De cómo Cristina disponga ubicar a Kicillof surgirá un indicio inequívoco. Pero para eso todavía falta.

Hoy domina la idea de que Scioli no será excluido de las PASO. Y que aunque todo el combustible propagandístico del Gobierno está puesto en alimentar el crecimiento de Randazzo, el gobernador bonaerense mantiene una clara ventaja, que es más amplia en el conjunto del electorado que en el universo puntual del votante kirchnerista.

Scioli sigue siendo visto como el único que “puede entrar en sectores no kirchneristas” agregándole un plus a lo que Cristina pueda derramar sobre otro postulante. 

Las maniobras de atemorización que se ejercen sobre él son más o menos parecidas a las que ya ocurrieron en años pasados. Se trata de un perverso juego de presión para lograr algo que Scioli en su fuero íntimo ya habría concedido: que le armen las listas de diputados, le elijan los candidatos a gobernador y le pongan al vicepresidente. Todo con tal de ser candidato. Cree que si consigue la presidencia, después el centro del universo se desplazará inevitablemente hacia él. De ilusión también se vive.

Por las dudas, el kirchnerismo continúa tendiéndole su cerco de aproximación. Eduardo De Pedro, secretario de la Presidencia y camporista de trato cotidiano con la Presidenta, se mantiene cerca de Scioli y cuida esa relación.

De Pedro también se ocupa, junto al el secretario Legal Carlos Zannini, de mantener adentro del brete a los gobernadores. Los llevan a rienda corta y les prometen jugar a ganador, mientras les ordenan –a quienes todavía no lo hicieron– no desdoblar las elecciones provinciales para ir todos juntos a las urnas en octubre, con Cristina candidata.

Los gobernadores reclaman que Scioli sea el elegido. Lo hacen con infinita prudencia porque son gente que ha perdido el filo. A un par de ellos, en conversaciones mano a mano, Zannini les habría dicho que sus ruegos serían finalmente atendidos por la voluntad regia de Cristina.

Otro indicio llegó desde la Patagonia. Cuentan que esta semana Máximo Kirchner reunió a los legisladores nacionales de Santa Cruz y les habló bien de Scioli. Menuda sorpresa se llevaron. Hasta les habría dicho que “a Daniel hay que cuidarlo”. 

Es que se acerca el momento de la verdad y suben las acciones del pragmatismo más duro. Después de ver pasar tanta diatriba contra Scioli, un joven veterano de la década ganada avisa: “Cuidado muchachos, no hay que comerse la curva”.

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