Por Julio Bárbaro para Infobae

La corrupción enterró al kirchnerismo, no "los medios hegemónicos"

La mirada de este agudo intelectual sobre el pasado que se supo destruir.
domingo, 3 de julio de 2016 · 00:00
EDITORIAL.- La sociedad es mediática, de eso no hay dudas, pero eso no la convierte en tonta ni en dependiente de los medios, ese es un cuento que terminó siendo una simple excusa para los fracasados. El peronismo ganó unas cuantas elecciones y casi nunca lo logró con el apoyo de los medios; al contrario, casi siempre se impuso en oposición a la voluntad de los mismos. Y vivimos en una sociedad donde los ricos nunca podían ganar una elección, y todos los medios eran de ellos, o casi. Digo "nunca" asumiendo que ahora lo lograron: sin duda eran más ricos los que perdieron que los que ganaron; unos se asumen ricos, otros se creen revolucionarios.

Porque ricos y pobres en la política había antes; ahora los pobres no llegan. Ya lo explicaron los revolucionarios que se fueron: ellos robaron para estar a la par de los poderosos. En realidad, no era necesario leer a Marx para arribar a semejantes conclusiones, cualquier ladrón de barrio expresa las mismas ideas, se mueve por los mismos objetivos, igualar a los triunfadores.

La Ley de Medios parecía contener a la revolución socialista en sus entrañas. Asombroso, eliminaban al más grande, amansaban a los medianos y seducían a los chicos; luego, seríamos todos oficialistas. Como a la gente la manejan los medios, si me quedo con el volante elijo el rumbo que toma el vehículo. Y en todo esto flotaba como siempre, un profundo desprecio a la gente, al ciudadano, al pueblo. Qué idea, si todos los medios son oficialistas todos los votos lo van a acompañar. Hay que tener talento para semejante imbecilidad. Gastaron fortunas en perseguir a Clarín, convirtieron a Radio Mitre en dueña de la mitad de la audiencia. Todo un Estado contra Lanata, todas sus denuncias terminaron siendo ciertas. Enviaron una delegación a Roma para cuestionar al Cardenal Bergoglio, lo ayudaron a llegar a Papa. No cualquiera logra tener tantos éxitos. Y todo por culpa de los medios y las corporaciones. Las corporaciones son malas, entonces con mis amigos formo las mías, que van a ser tan buenas como la justicia de "Justicia Legítima". Siempre el mismo cuento, como lo privado es malo alcahuetear para el poder del Estado terminaría siendo respetable.


Viajaron a Formosa para generar un documento supuestamente peronista. Al feudalismo conservador y clientelista para redefinir un movimiento que nació como fruto de la revolución industrial. Es cierto que el PRO es de derecha, tanto como que ellos son retrógrados y mucho más atrasados. El peronismo nació con los obreros industriales, ese era el más alto nivel de conciencia de la sociedad. Luego con Menem se volvió vendepatria y con los Kirchner se convirtió en burocrático. El general nos pedía no ser "ni sectarios ni excluyentes", era tan visionario que nos alertaba para no caer en el kirchnerismo.

Es cierto que el enemigo de los pueblos son los poderes concentrados, como que para enfrentarlos no sirve engendrar una burocracia instalando un millón de empleados públicos. Perón describió al volver: "Me fui dejando doscientos cincuenta empleados en la casa de gobierno; vuelvo y hay dos mil quinientos". Los empleados públicos nunca fueron la vanguardia del movimiento popular. En cada etapa, la avanzada se correspondía con quienes encabezaban la estructura productiva. Los metalúrgicos tuvieron su era de gloria, el "Cordobazo" se corresponde con el auge de la industria automotriz; hoy podrían tener peso los informáticos, no sirve ser conducidos por el sindicato de los obsecuentes.

Los medios no suelen conducir a sus seguidores, tan sólo intentan ser la expresión de ellos. La audiencia es una medida de la representatividad, mucho más eficiente que la encuesta. Y los medios oficialistas suelen ser un camino al fracaso, pierden la libertad y con ella la frescura que refleja al hombre libre. Cuando un gobierno es exitoso no hay medio que lo desgaste, cuando es mediocre y corrupto, no hay aparato mediático que lo salve.

La corrupción está explicando la pasión de algunas convicciones. También muchos buenos salarios y beneficios que sin caer en la ilegalidad transitaron el dulce espacio de la prebenda. El poder tiene múltiples regalos para sus beneficiarios, secretarias y viajes, boatos y obsecuencias; generan un respeto que suele sustituir al talento y la coherencia, al esfuerzo y la dignidad. Claro que es sólo un placebo, un sustituto pasajero del logro digno y trascendente. En la vida normal el triunfo suele pasar por otros lugares. Algunos imaginan que sólo el dinero mide el logro de una vida, para ellos la corrupción es una manera de hacer trampa en el juego, pero no cuestionan el resultado. Hay otra manera de recorrer la vida y tiene otra escala de valores. No permite ni perdona olvidar la dignidad, ni la coherencia, ni el esfuerzo, ni los principios. Ni mucho menos perdona por correr en manada, avanzar en grupo como si en el montón se disuelvan nuestras obligaciones. La corrupción no se corresponde con esos principios, ni como excepción ni como regla y en el poder del Estado entre la prebenda y la corrupción hay un amplio espacio que se corresponde con la traición a los objetivos.

El problema no son los medios que comunican; los pueblos no suelen equivocarse y suelen derrotar a los que los engañan más allá de que tengan o no quien los supere. El capitalismo es la ambición al desnudo, si los Estados no lo detienen es capaz de destruir las bases mismas de la sociedad. Pero tiene un adversario todavía más dañino, que es la burocracia, mucho más nefasta. Porque en el capitalismo la competencia suele empoderar la eficiencia y en la burocracia es la mera alcahuetería. Es por eso que el capitalismo logró derrotar al marxismo y también, es por eso que estamos obligados a detener la ambición de los poderes concentrados sin caer en la aberración de engendrar una burocracia. Ese es el verdadero desafío de la política. Sin olvidar nunca que mientras las ganancias no tengan límite tampoco los tendrá la miseria. Ese equilibrio es la misión del Estado, necesitamos que la cumpla.

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