Por Agustín Rossi para El Destape Web

Año 2016 : zonceras y aprendizajes necesarios

El parlamentario del Mercosur hace un balance del primer año de Mauricio Macri al frente del Gobierno.
martes, 3 de enero de 2017 · 00:00
EDITORIALES.- Les propongo hacer un balance del año que terminamos a partir de tres frases que fueron instaladas en el sentido común de los argentinos a lo largo de todo el 2016. Son expresiones que - de tanto repiquetear por funcionarios, periodistas y dirigentes -terminaron presentándose como verdades irrefutables cuando en realidad son premisas absolutamente falsas. Sin lugar, a dudas Arturo Jauretche las hubiese calificado de zonceras ¿Las analizamos juntos?

Durante la campaña electoral, antes de asumir la presidencia y ni bien se sentó en el Sillón de Rivadavia, se escuchaba (y leía) constantemente que Mauricio Macri encarnaba una "nueva derecha". Con el correr del tiempo, quedó claro que esta premisa es absolutamente falsa. ¿De qué "nueva derecha" hablamos? Al contrario, su gobierno es de la más vieja derecha, liberal en lo económico y autoritario en lo político. Devaluación del peso, reducción de subsidios, tarifazos, aumentos de precios de bienes y servicios, baja de impuestos a los sectores concentrados de la economía, apertura de importaciones, pérdida del poder adquisitivo del salario, empobrecimiento de la clase media, endeudamiento externo... ¿Ésta es la "nueva derecha" en lo económico?

Pero miremos lo político. Intento de nombrar jueces de la Corte Suprema por decreto; aumento de tarifas sin audiencias públicas; represión-criminalización de la protesta social; espionaje contra jueces, periodistas, políticos; persecución judicial a dirigentes opositores, como Cristina Fernández de Kirchner; llegando al extremo de tener presos políticos, como el caso de Milagro Sala. De "nueva derecha" este gobierno no tiene nada. Es de derecha. A secas.

Vayamos a la segunda zoncera. Ni bien asumió Macri empezó a circular una frase: "Hay que darle tiempo al gobierno". Detrás de esa expresión se escondía una intencionalidad política: evitar confrontar con él, dejarlo hacer, no ponerle límites. Claro, era el Macri del 70% de imagen positiva. Y hay un importante sector de la dirigencia argentina que no sabe (o no quiere) hacer política en contra de los cambiantes y volátiles humores sociales. Un pedazo de la oposición (la mayoría de ellos elegidos en boletas del Frente para la Victoria) decidió darle tiempo. Y Macri lo usó, vaya si lo usó.

En menos de 6 meses devaluó, bajó retenciones, transfirió riqueza del trabajo al capital, acordó con los buitres, se endeudó como nunca en tan poco tiempo se había endeudado a la Argentina, impulsó un blanqueo para familiares y amigos del poder. Otra falsedad. Los que decían "hay que darle tiempo al gobierno" terminaron siendo aliados cuasi-permanentes de Cambiemos en las leyes fundamentales de su gobierno. Fueron elegidos para ser opositores. Y terminaron siendo socios del gobierno de Macri.

Y la última zoncera. Dirigentes y comunicadores se cansaron de decir "Si a Macri le va bien, a los argentinos le va a ir bien". Otra falsedad total. El Presidente cayó en las encuestas pero conserva un núcleo de apoyo importante. Sigue contando con el beneplácito de las corporaciones. Disciplinó con migajas a gran parte de la dirigencia del movimiento obrero. Los medios de comunicación lo protegen. Parte de la oposición lo ayuda a sacar leyes que son horribles. Parte de la Justicia se rinde a sus pies. En la "superestructura" a Macri le fue bastante bien.

Pero a los argentinos y argentinas les fue muy mal. Crecieron el desempleo, la pobreza y la indigencia. Cerraron comercios y PyMEs. A millones de argentinos, cada vez les cuesta más llegar a fin de mes. Los pibes vuelven a llenar los comedores escolares y comunitarios. El gobierno canceló proyectos industriales estratégicos, como ARSAT. Se redujo el presupuesto a universidades, ciencia y tecnología.

Como vemos, el 2016 dejó dolorosos aprendizajes. No hay "nueva derecha". A la derecha nunca se le tiene que dar tiempo. Y mientras que a Macri – en términos de poder - le fue bastante bien, a la mayoría de los argentinos les fue muy mal. Nos encaminamos hacia un 2017 bisagra. El gran desafío será ponerle freno a Macri y su gobierno. En la calle y en las urnas. Los dirigentes que somos (en serio) opositores debemos tener claridad ideológica y apertura política para generar una alternativa que vuelva a enamorar a los argentinos. Y para ayudar a que nuestro Pueblo no vuelva a ser engañado con mentiras y zonceras.

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