Por Victor Cordero para La Prensa

Ayer la bandera sintió vergüenza y nadie se quejó

Los homenajes a Belgrano fueron breves al lado de la parafernalia partidaria.
miércoles, 21 de junio de 2017 · 00:00
EDITORIALES.- Ayer asistimos a diferentes actos, patrióticos y políticos. Celebración del Día de la Bandera y lanzamientos de alianzas partidarias. Curiosa dicotomía que me llevó a reflexionar sobre qué elemento podría unir ambos hechos.

Porque escuchar frases rimbombantes cargadas de promesas y escuchar a los corruptos hablar contra la corrupción me convocó en la memoria algunas palabras del hombre que ayer debió ser el único protagonista de la jornada, don Manuel Belgrano.

Sin embargo sus homenajes fueron breves al lado de la parafernalia partidaria. Me pareció entonces prudente recordar algunos de sus dichos que podrían grabarse en los frentes de los edificios públicos, los tribunales de Justicia, el Congreso y los comités de los movimientos políticos.

Decía el sabio patriota: ‘‘Ni la virtud ni los talentos tienen precio, ni pueden compensarse con dinero sin degradarlos’’. ‘‘El modo de contener los delitos y fomentar las virtudes es castigar al delincuente y proteger al inocente’’. 

"Parece que la injusticia tiene en nosotros más abrigo que la justicia’’. ‘‘Me hierve la sangre, al observar tanto obstáculo, tantas dificultades que se vencerían rápidamente si hubiera un poco de interés por la patria’’.

‘‘Nuestros patriotas están revestidos de pasiones, y en particular, la de la venganza; es preciso contenerla y pedir a Dios que la destierre, porque de no, esto es de nunca acabar y jamás veremos la tranquilidad’’.

‘‘Sin educación, en balde es cansarse, nunca seremos más que lo que desgraciadamente somos’’. Y podría seguir dando ejemplo pero me parecen suficientes para reflexionar.

Ayer no fue el Día de la Bandera sino otra cosa, pero con una mano en el corazón y viendo los ‘‘espectáculos polí- ticos’’ de ayer, ¿a quién le importa la bandera y su creador? ¿A quién le importan los buenos ejemplos? Se me ocurrió pensar que el crecimiento de la pobreza es proporcional a la cantidad de corruptos en libertad. 

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