REALEZA

La pérdida más dura en el momento más difícil: el triste final para el Príncipe Harry

Los días son complicados en la Corona.
martes, 14 de enero de 2020 · 23:40

El Duque Felipe de Edimburgo tiene claro que cuando dejó de formar parte de las obligaciones de la Familia Real y abdicar en sus responsabilidades con la institución monárquica, también incluía no meterse en el gran problema de la renuncia del Príncipe Harry y Meghan Markle a la Corona británica. En el momento más difícil, el duque pierde el apoyo de su abuelo, uno de los consejeros más importantes que lo han acompañado.

Este lunes los Windsor tenían una cita en la residencia de campo de Norfolk, en Sandringham, para negociar qué sucederá tras la decisión de los Duques de Sussex de abandonar las funciones reales, que les llevará incluso a vivir alejados de todo. Reunión convocada por la Reina Isabel y que incluyó a los Príncipes Carlos y William, Harry por supuesto, y a Meghan Markle por videoconferencia desde Canadá.

Sin embargo, antes de dar comienzo a la cumbre, el Duque de Edimburgo, marido de la Reina Isabel, decidió abandonar la residencia en un auto dejando el delicado asunto que amenaza con desestructurar la familia en manos de aquellos que heredarán la Corona y no en él, que ya ha renunciado a este tipo de asuntos de vital importancia.

Si bien el Duque Felipe de Edimburgo le estará eternamente agradecido al Príncipe Harry por ponerle a su hijo Archie el apellido de su familia –Montbautten- apellido relegado en la historia inglesa por el padre de la Reina Isabel, quien solo conservó el Windsor, el Príncipe Felipe está muy decepcionado con su nieto menor por querer abandonar sus responsabilidades de representación de la Corona británica.

Según una fuente del Palacio de Sandringham el Duque de Edimburgo estaba tan "molesto" y "cansado" de la actitud del Príncipe Harry que explotó y le reprochó: "¿a qué demonios están jugando?", además de acusarlo de faltarle el respeto a su abuela Isabel, a él y al resto de la realeza con su decisión. Furioso, el Príncipe Felipe tomó su Land Rover y se fue al Palacio de Buckingham.