Península Valdés: el santuario de las ballenas que es la estrella del turismo en la Patagonia

En la Provincia de Chubut, Península Valdés ofrece excursiones atractivas.
miércoles, 13 de octubre de 2021 · 23:00

De por sí el paisaje de la Península Valdés es una de las propuestas más atractivas de la Patagonia y especialmente de la provincia de Chubut. Pero si hay algo que atrapa de este lugar mágico es el avistaje de las ballenas que cada año llegan a la región.

Y es que la llegada de esta especie denominada franca austral se configura como un espectáculo único y mágico en la Península Valdés. En esta área natural protegida es desde donde pueden observarse desde la costa o embarcados en los gomones turísticos.

La majestuosidad del paisaje deja sin aliento a quien visita la región. 

El paseo para estar cera de las ballenas parte desde la Península Valdés. Desde allí hay que dirigirse hacia el istmo Carlos Ameghino, que es la unión entre la península y el continente. En su parte más angosta mide seis kilómetros. En este punto se observan los dos golfos que lo flanquean: el San José y el Nuevo.

Tras ingresar a la reserva faunística se continúa hasta Puerto Pirámides desde donde parte la embarcación. Es allí donde se reúnen gran número de visitantes de todas partes del mundo interesados en conocer el espectáculo inigualable que brindan estos cetáceos.

Los turistas de todas partes del mundo llegan al lugar para conocer a las ballenas.

Las ballenas francas se pueden observar de junio a diciembre, época en que se acercan a las costas del Golfo Nuevo para aparearse o para dar a luz a sus crías. Suelen acercarse a los barcos y dar saltos elegantes para delicia de los turistas y fotógrafos.

 

Cómo es la ballena franca austral

Tienen cuerpo curvado y no presentan aleta dorsal. Según los guías de Península Valdés, en la  boca, que tiene forma curva, se hallan unas 260 placas o barbas córneas, unidas a la mandíbula superior, que conocían originalmente como "baleen" y de donde proviene el nombre castellano "ballena".

Acantilados y una profundidad del mar ideal para que las ballenas lleguen hasta allí para su apareamiento.

Su cola puede alcanzar los 5 metros. Al momento de nacer un ballenato puede medir cinco metros y medio y el período de amamantamiento dura lo mismo que su gestación, un año. En la parte superior de la cabeza poseen callosidades que son su “sello de identificación”, como las huellas digitales, ya que no existen dos marcas iguales.

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