REALEZA

"Nunca más": los descubrió y el papelón no tiene perdón para el Rey Felipe

El hurto fue demasiado.
viernes, 22 de mayo de 2020 · 18:10

Fue el día más feliz de su vida, pero el Rey Felipe también tuvo margen para sufrir una de las situaciones más incómodas que podían ocurrir en plena boda con la Reina Letizia.

Más de 200 camareros y 30 cocineros del restaurante Jockey se habían encargado de servir el menú a la friolera cifra de 1700 invitados en una de las fiestas más multitudinarias de toda la historia de la realeza europea protagonizadas por el Rey Felipe y la Reina Letizia

Todo venía bien y en marcha según lo planificado aquel 22 de mayo de 2004: la Reina Letizia y el Rey Felipe, junto a parte de la familia, habían probado cinco deliciosos menúes para que los protagonistas eligieran el que más les gustaba disfrutando de todos los manjares y los mejores vinos de la región.

El día de la boda, tal cual lo digitado por la Reina Letizia en persona y con la aprobación absoluta de la familia del Rey Felipe, a las 5 de la mañana estaban en su puesto de trabajo para dejar todo preparado hasta que a las ocho de la noche, el matrimonio y los más íntimos subieron al segundo piso del Palacio Real.

Arriba llegó la música y siguió la fiesta cargada de gratos momentos, recuerdos, risas y una cara larga del Rey Felipe cuando se enteró lo que había pasado nada más y nada menos que en su propia fiesta: una pelea y un robo increíble, teniendo en cuenta la fortuna de los comensales. 

Víctor Manuel de Saboya y Amadeo de Aosta, por entonces pretendientes al trono italiano, quisieron irse a las manos para invitarse a pelear ante la incredulidad de la reina Ana María de Grecia, tía del Rey Felipe, obligada a separarlos y con la urgente intervención del padre del Rey Felipe quien les dijo: "Nunca más".

Pero si algo le faltaba a este cuento de hadas con final feliz y algunos nubarrones para el Rey Felipe y Letizia fue, y lean bien: la desaparición de cubiertos, platitos de pan y saleros, todos de plata, al hacer el recuento después de terminado el servicio. La razón del hurto tenía un gran simbólico, mucho más que económico, pero una falta de respeto sin precedentes.

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